Vestigios

ÁNOIGMA

CAPÍTULO I

Una tarde nublada y triste, jugaba fútbol como siempre, con mis amigos de la cuadra. El partido estaba aburrido y mis ganas de tocar el balón eran nulas. Daniel, mi mejor amigo, estaba aburrido y decidío patear el balón desinflado hacia la calle, yo con el alma al piso, decidí ir a buscarlo y por mi inminente flojera y desatención perdí por un momento donde había caído el balón de Daniel, cuando de pronto noto al voltearme a una niña vestida con un delicado vestido blanco y hermoso cabello dorado, levantar el balón desinflado y mugriento de barro del suelo, camino hacia mí y me dijo con un tono muy sumiso.
- ¿Esto es tuyo verdad?
Por un momento me quede sin voz, quizas sus ojos azules amarraron mis pensamientos y dificultaron mi habla. Hasta que esquive su mirada un poco y pude hablar aunque con una extraña dificultad.
- ¡si! Si di digo no, e, es de mi amigo
Tome el balón y sentí un escalofrío pasar por mi cuerpo, fue leve aunque me extrañó... Nunca me habia pasado eso con nadie, ni siquiera con Laura la chica mas guapa de la cuadra que una vez me llamo por mi nombre para pedirme que le regalara un dulce. 
Simplemente dije gracias y me retire rápido corriendo y pateé el balón hacia la cancha, me volteé levemente para observarla otra vez, aunque solo mostró su espalda y largo cabello dorado brillante. Poco tiempo después me despedí de mis amigos y regrese a casa, entre al cuarto y lo primero que note fue mi corazón golpeándome el pecho como martillo, puse mi mano en él y solo así se pudo calmar un poco. Esa noche mi sueño solo se redujo en sus ojos y su voz tan suave y delicada. Era como si esa tarde aburrida y triste se transformara en una radiante y llena de luz. 

Al dia siguiente me levanté para ir a jugar con mis amigos de siempre deseando volver a ver  a la niña del vestido blanco de la otra vez. Me pase por casa de Daniel pues es el dueño del balón sin él no jugamos, toque la puerta de su casa y me abrió él mismo con una gran sonrisa en su rostro, resulta ser que su padre le regaló un balón de futbol al llegar del trabajo. Su emoción me contaminó de inmediato. Salimos rapidamente a fuera y nos dirigimos a la cancha, ni siquiera pasamos por Juan para invitarlo a jugar. Llegamos a la cancha y comenzamos a jugar, rapidamente los demas niños de la cuadra salieron corriendo a jugar con nosotros al ver el balón nuevo y reluciente. Aunque el partido estuvo entretenido, no vi a la niña de la otra vez, quizás estaba un poco eufórico por verla de nuevo.

Pasó el tiempo, alrededor de un mes y seguia sin saber nada de la niña del cabello dorado. Mi cumpleaños numero 6 simbolizó mi  inicio al jardín de infancia, mi madre me llevo junto con mi mejor amigo, Daniel. Ambos íbamos jugando y corriendo por la acera, estabamos mas pendiente de jugar que de otra cosa, cuando un grito de mi madre calmó el juego entre ambos. Ya habíamos llegado y mi madre me entrego a la maestra, me dio un beso en la mejilla bastante vergonzoso y se marchó. Daniel y yo seguimos caminando juntos y nos sentamos uno al lado del otro, la maestra nos dio crayones para realizar la tarea, la cual era dibujar algo que nos gustara, yo dibuje un chico jugando futbol y Daniel dibujo lo mismo, ambos reíamos, Daniel tomo dos crayones y se los introdujo en la nariz para hacerme reir aún mas, cuando de pronto la maestra del salón de al lado llamo a nuestra maestra la señorita Anna, ella salio un momento del salón de nosotros y dejó la puerta entreabierta y fue allí cuando la vi... Era ella, no había dudas, a nadie en el mundo se le olvidaria su rostro. Me sucedió lo mismo otra vez, no sabia porque me aceleraba tanto al verla, es solo una niña más, pero algo en mi mente me decía que no, que había una especie de hechizo mágico en su mirada que ataba mi vista a la suya. De pronto sentí un fuerte golpe en el brazo, era Daniel frustrado ya que no le había prestado atención a sus payasadas por un rato.
- ¡oye! Que pasa, se supone que estamos jugando.
- aah si, lo siento... ¿Que estamos jugando?
- ¡vez que no me estas prestando atención!
- ahora lo estoy haciendo, no te parece.
- olvídalo ya no quiero jugar contigo
- vamos no te molestes por eso, es que solo me distraje un momento discúlpame
-mmm
- vamos anda no me dejes así 
- está bien, acepto tus disculpas, pero ahora ya sabes las reglas
- ¿reglas? ¿Cuales?
- si un amigo falta al otro, debe cumplir una penitencia para compensar su error
- Aaah jajaja se me había olvidado eso 
- bien, pues ahora te tocara pararte de manos
- mmmm, debe ser ahora
-¡claro! ¡Por supuesto que sí!
- aahg  ¡esta bien!, ¡lo haré!
Después de realizar la penitencia de Daniel y hacer el ridículo en público, seguí con mi dibujo, me concentré en él, realmente me esforcé para sorprender a la maestra Anna. Al culminarlo lo miré y me gusto mucho, estaba satisfecho con el resultado. Observé que la maestra comenzó a pasar por los asientos de cada uno evaluando los trabajos realizados, solo quería sorprenderla y al llegar a mi asiento se acercó a mí, tomo la hoja y observó el dibujo, no se porque pero volteé la mirada en ese instante, quizás fueron los nervios pero al voltearme estaba la niña del cabello dorado justo allí con una mujer agarrada de la mano, probablemente era su madre, pero eso no fue lo que me sorprendió, lo que me dejó extrañado, fue que ella estaba observándome fijamente y una sutil sonrisa se dejó ver en su rostro, yo me puse muy nervioso y me volteé inmediatamente, justo cuando la maestra Anna estaba avisando que se había acabado la clase y que en cualquier momento nuestros padres llegarían. Le pregunté a Daniel si la profesora se sorprendió al ver mi dibujo ya que nunca vi su reacción después de todo. 
- Eeeh no la viste. Dijo que estaba muy bien.
- ¡Sí! jaja ¡lo logré!
- Aunque eso nos dijo a todos. Yo también pensé que me diría algo mas 
- (supongo que será para la próxima).




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