Viaje al pasado: el futuro no será el mismo

Rutina y sorpresas en la vida de Mark

26 de Junio del 2016 22:58 P.M.

Mark Lewis es un hombre exitoso, tiene un buen trabajo en una empresa de softwares y computación en el centro de New York, dónde es Ingeniero en Computacion, graduado en la Universidad de Harvard, conocimientos que les ha hecho ganarse el respeto de sus compañeros y sobre todo de su jefe.

Tiene treinta y dos, pero su mirada y su físico parecen los de un hombre que va llegando a los cincuenta: cuerpo gastado, cabello con algunas canas asomando su cabeza, ojos cafe claro con marcadas ojeras y unas apenas perceptibles arrugas en su cara.

Vive sólo, acostumbra ser un hombre solitario y retraído, impulsivo, de carácter muy fuerte en ocasiones. Relaciones amorosas ha tenido pocas, su inseguridad lo han hecho no creer en él amor, y sus vivencias del pasado lo han hecho duro y frío como una piedra ante él mundo entero.

Su vida es la rutina de siempre: el trabajo, luego irse a su hogar, que es un pequeño departamento en el Noroeste de Manhattan en la calle Brian McGregor, departamento en una zona acomodada de la gran Manzana, que cuenta con dos piezas, un baño y la cocina, además de un pequeño living-comedor, ubicado en ese espacio, muy cómodo para él que está sólo y además dónde vive, está a media hora de su lugar de trabajo. De vez en cuando va los fines de semana a ver a sus padres, casi por obligación, porque, a decir verdad, no se lleva muy bien con ellos y muchas veces las visitas terminan en fuertes discusiones. Además de sus padres, Mark tiene un hermano llamado Tim, menor que él, tiene veintiocho, está casado y tiene dos hijos; un varon de ocho años y una niña de un año y medio; lamentablemente, por su vida ocupada, no tiene mucho tiempo, así es que no se ven mucho con su hermano y sus sobrinos pequeños.

Sus compañeros de trabajo, que notan a Mark inmerso sólo en él trabajo, lo instan a pasarlo bien, distraerse, para olvidarse de los problemas y del trabajo por unos minutos, pero él solo piensa en llegar a su casa y estar tranquilo.

—Hey Mark, porque, aprovechando que hoy es viernes, vamos a tomar unos tragos para relajarnos un rato —lo insta Phil, compañero de trabajo y uno con los que mejor se lleva en el trabajo.

—No gracias Phil, tengo que ir a ordenar algunas cosas —se excusó.

—¡No me digas que vas a ordenar una pizza mientras miras Game of Trone, o tal vez estarás tirado en tu cama comiendo helado, refunfuñando por tu vida aburrida, vaya panorama! —se burló Ron.

—Tengo que terminar unos informes para él lunes Ron —explicó. un poco molesto.

—¿Y tu a que hora te diviertes Mark? —preguntó muy serio Phil.

—No lo sé, yo tengo mis formas de divertirme y bueno, quizás son distintas a la de ustedes —respondió.

—Deberías pasarlo bien, buscarte una mujer —sugirió Ron, él más burlesco de sus compañeros.

Mark empezó a sentirse incómodo, hay temas que a él no le gusta conversar, como el motivo por el cuál está solo, él cree que si está solo es por algo y por lo tanto es lo mejor para él, fin del asunto.

—Así cómo estoy, me siento feliz Ron, gracias —respondió un poco fastidiado—. Además, para mi no es diversión meterme con cualquier mujer o emborracharse, no entiendo cómo nunca les ha pasado nada malo a ustedes dos. —Los miró despectivamente

—Eso es porque tengo mi medallita de la orden de San Benito, ésta herencia familiar que dicen, proviene de la edad media, me protege siempre de cualquier cosa mala. —Mostró la medalla y le dió un beso, orgulloso de tenerla como protector..

—Se nota que es antigua. —La contempló Ron.

—Da igual aunque me protegiera una medalla o lo que sea, yo disfruto la vida a mi manera —aseguró Mark.

—Parece que no hay manera de hacerlo cambiar de opinión —se resignó Phil guardandose nuevamente la medalla.

Mark se dió cuenta que en realidad no valía la pena seguir discutiendo el tema con sus compañeros, sin embargo, cuando iba a retirarse una voz lo detuvo, era Lois, una de las pocas compañeras mujeres de su oficina.

—Te juro que si no fueras tan introvertido incluso ya tendrías novia —comentó Lois, que iba pasando por ahí y había escuchado la conversación, esbozando una sonrisa.

—Si no fueras tan pesada ya te habría conquistado —le respondió Mark bromeando.

—¡Epaa Lois, parece que Marky te quiere conquistar! —bromeó Phil.

—Cállate, sólo bromea idiota —fue la dura respuesta de Lois, lo que hizo que Phil se sonrojara de vergüenza.

Así después de un ajetreado día de trabajo, Mark por fin iba a volver a casa. Luego de ordenar papeles, revisar páginas Web, ingresar datos, y uno que otro café con sus compañeros de trabajo, Mark se alistó para volver a la soledad de su departamento, a las 23 PM que fue la hora que se retiró, porque ese día tuvo que quedarse hasta tarde, tenía mucho trabajo que entregar.

Cómo era su costumbre, descendió al metro de la Séptima Avenida, compró su ticket en la caja y, cuándo iba descendiendo por la escalera de bajada hacía él metro, prácticamente sólo por que a esa hora es muy poca gente la que viaja en el metro, un gran resplandor llamó la atención de Mark.

—¡Que diablos fue eso! —exclamó atónito

Se acercó cautelosamente, incluso temeroso de qué podía ser ese resplandor, hasta que esa luz causó una explosión que lo tiró hacia el suelo y esa luz espesa se esfumó. Al reponerse del golpe y ponerse nuevamente en pie; vió a un hombre tirado en el suelo, él tipo media 1.69 aproximadamente, con cabello negro, ojos cafe claro y piel canela, y un gran y prominente barba café alrededor de su boca. Mark inmediatamente lo ayudó a incorporarse, preocupado por su integridad fisica.

—¿Estas bien? —preguntó preocupado Mark.

—Si, Si, estoy bien gracias —respondió el hombre un poco adolorido—. Dime una cosa ¿En que año estoy? —preguntó un poco desorientado.

—Pues en el año 2016 —respondió extrañado Mark.

—¡Funcionó funcionó! —Celebró el hombre, empuñando su manos derecha de manera triunfal.




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