Viaje al pasado: el futuro no será el mismo

La salvación

Año 1125 D. de C. 10:26 AM

La multitud estaba expectante, niños, jóvenes y adultos gritaban, mientras Dave y Mark son paseados por toda la pequeña aldea, como si fueran un premio un regalo para que la gente disfrute de su muerte. Posteriormente son llevados a una especie de tarima de madera montado en el centro de la aldea, donde, frente a todos iban a morir quemados vivos por intentar huir de la prisión.

—¿Que haremos ahora? —preguntó Mark, preocupado

—La verdad, no lo se amigo, nunca había pasado por esto —fue la confesión de Dave, que miraba hacía todos lados confundido.

Mark tragaba saliva una y otra vez, tenía la boca seca, podía sentir como una gota de sudor bajaba desde su frente por sus mejillas, era una situación muy complicada donde al parecer no había salida. Dave miraba a la gente que fervorosamente deseaba ver la muerte de esos dos intrusos que solo merecían la muerte, según ellos, pero no se le ocurría ningún plan para escapar de esta sentencia de muerte.

—¡Diablos! Tengo un trabajo, una vida y un prestigio que cuidar ¿Y tú me dices que no sabes que hacer? —se quejó Mark.

—Tranquilo, ya pensaré algo —dijo Dave —Saldremos de ésta, te juro que así será —aseguró.

—No podemos morir así —dijo asustado Mark—. No me merezco una muerte así —dijo temblando de miedo

—Algo vamos a hacer —susurro mirando al cielo Dave.

De pronto uno de los hombres que arrestaron a los viajeros se acerca al líder, para informarle acerca de la situación del otro prisionero, que al parecer era más afortunada que la de Mark y Dave.

—Señor, el otro prisionero logró huir a través de la ruta de la cárcel, puse a hombres a buscarle —le informó al que parecía ser el lider, este asintió con la cabeza al recibir el informe.

—Muy bien, informadme de cualquier novedad —fue su respuesta—. Ahora poned los hombres en la hoguera. —Mandó.

—No puedo creer que un viejo de setenta y ocho años huyó y nosotros no... —se quejó enrabiado Mark.

Dos hombres también con capuchas negras que apenas se les podía divisar la cara y biblias colgadas en su cuello, tiraban más palos y paja para que el fuego se avivara más y más, mientras otros dos traían cruces de madera para amarrar a los "rebeldes" antes de ponerlo al fuego. Un hombre de cabello canoso y cuerpo ancho que andaba con una túnica negra con bordes amplios se subió a una tarima para dirigir unas palabras. Por sus rasgos y su ropa parecía ser un cura de la aldea.

—Estos hombres que están frente a ustedes hermanos mios, han tratado de huir de nuestra prisión, por lo tanto han sidos sentenciados a morir en la hoguera —La gente reaccionó causando un estruendoso grito de aprobación por la brutal sentencia recibida por los prisioneros.

—No nos pueden hacer esto... es un error —Rogaba clemencia Mark.

—Esta sentencia se cumplirá ahora, para demostrarle a los Moros o cualquiera que intente robar nuestro territorio que no le tememos y no permitiremos más saqueos y abusos —remató, lo que causó la aprobación del tumulto que estaba presenciando la sentencia.

—¡Hey esperen! ¡No nos pueden hacer esto! —reclamó Mark, que ya no daba más de angustia.

—Ustedes se rebelaron contra nosotros Moros, por lo tanto son merecedores de la muerte —sentenció.

—Seguro que estos Moros nos vienen a espiar o a robar —aseguró otro.

Mientras los dos verdugos amarraban la cuerda a las cruces, Mark intentaba luchar por liberarse, pero ellos eran más y lo afirmaban para lograr su objetivo, el amarre para luego quemarlo vivo.

—Están equivocados —se defendió Mark.

—Cuántas veces quiere que les diga no somos Moros y si vamos a morir tenemos derecho a un último deseo —reclamó Dave

—¿Un último deseo dices? Muy Bien y de que se trataría este último deseo —preguntó intrigado el hombre vestido de negro.

—Me gustaria... despedirme de mi amigo antes de morir —pidió Dave

Después de meditarlo y consultarlo con el pueblo, el líder de este grupo de vasallos accedieron a la petición de Dave, y dejaron que los amigos se despidieran, asi que desamarraron a ambos para que se dijieran sus últimas palabras.

—No te preocupes amigo, prometo que te voy a sacar de aqui —le aseguró Dave quien mientras lo abrazaba, aprovechó de sacar el creador de portales del bolsillo de Mark

—Será mejor que sea luego o terminaremos cómo pollos rostizados —le pidió Mark

—Ya, ya, ya, está bien, odio las despedidas, me ponen muy sentimental... a la hoguera con ellos —ordenó furioso él líder, que los separó para ser amarrados nuevamente.

Dos tipos tomaron a Mark y otros dos a Dave para prepararlos para ser puesto en la hoguera. Con rapidez tomaron a ambos hombres y empezaron amarrarle una mano a la cruz de madera, para cumplir el deseo de su líder. Esto provocó que a Dave se le cayera él creador de portales que había sacado del bolsillo de Mark, todo se había complicado para ellos.

Cuándo estaban terminando de amarrar la primera mano de ambos a la cruz algo ocurrió: un grito,y a continuación el galope de caballos que venian a gran velocidad, dejo helado a todos.

—¡Moooooorooooos! ¡Vienen a saquear! —Se escuchó un estruendoso grito en todo el campamento; y tanto hombres, mujeres y niños, emprendieron velozmente la huída hacia sus chozas, para salvar sus vidas.

Los Moros, que eran seis o siete hombres a caballo, venian con su traje de guerra, cascos de metal, una cota de malla y una armadura de hierro en sus lomos, hombros y pecho, además de una larga lanza de metal muy puntiaguda. Sin clemencia empezaron a dar muerte a todo el que encontraban en su camino. Al ver lo que estaba pasando, Mark a duras penas logra tirarse al suelo y arrastrarse con la cruz amarrada a una de sus manos, empieza a frotar las cuerdas, que estaban firmemente atadas, contra una piedra logrando desatarse e inmediatamente va dónde Dave y al instante lo ayuda a liberarse de las amarras para poder huir.




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