Viaje al pasado: el futuro no será el mismo

El suceso que cambió la vida de Mark

El salto fue repentino pero esta vez los viajaros no cayeron tan duro como en viajes anteriores. Frente a ellos la parcela de los Lewis, con la pintura más fresca y la madera en mejores condiciones. Al lado de ellos pasa el vendedor de diarios en bicicleta a tirar los periódicos a la casa de los que allí vivían. Mark se miró en uno de los vidrios de las casa de alrededor y se veía como cuando tenía siete años, andaba un short azul marino y una polera blanca con rayas rojas y cuello rojo, una de sus favoritas.

—Estamos en... ¡Esto es increíble! —mencionó asombrado Mark—. Y me veo cómo cuándo tenía siete años —exclamó mirandose sorprendido.

—Ahora escúchame, debes hacer tal cuál las cosas que ocurrieron, evitar que tu tío abuse de ti y luego nos largamos de aqui —le repitió Dave—. Espero no arrepentirme de hacer esto —murmuró entre dientes.

—¿Y tú que harás Dave? —preguntó curioso

—¿Yo? Solo me iré a divertir —contestó sonriendo Dave.

Así, después de despedirse de Dave, Mark se dirigió hacia el hogar dónde nació, dónde creció, y vivio tantas cosas difíciles de olvidar, que incluso superan a los momentos alegres que pudo pasar ahí.

La casa estaba tal como la recuerda, con ese mismo olor entremezclado de Rosas, lavandas y floripondios que la mamá tenía plantados en el antejardin. La Granja recién se estaba construyendo y Mark miraba los palos del esqueleto de la Granja, y empezó a recordar cuándo se subia con agilidad y jugaba a saltar de un palo a otro.

—Hey Mark, jugamos fútbol —le habló una voz muy conocida para él, que interrumpió ese momento nostálgico.

—Eres... —Y sólo atino a abrazarlo, emocionado de alegría.

—¿Que pasa Mark? Me saludas cómo si no me vieras hace siglos. —Lo quedó mirando extrañado.

—Podríamos decir que si... me alegra mucho verte Jack. —Lo volvió a abrazar.

Jack Dawson, su amigo de la infancia, su compañero de juegos, el fútbol, el basketball eran sus favoritos, a veces hacían picnic en la Hacienda sentados en el pasto, incluso iban a la primaria juntos, se conocían tan bien que a veces, sin hablar, sabían lo que estaba pensando el otro. Jack era un poco más alto que Mark, de cabello rubio frondoso, muy delgado y tenia algunas pequeñas pecas en sus mejillas.

—Hey, yo también te estimo Mark ¿Pero no será mucho? —Lo miró extrañado Jack.

—Algún día entenderás, ahora tengo que ver un asunto muy importante, después hablamos, tal vez... —se excusó Mark.

Así, inundado por la nostalgia, se despidió de su mejor amigo y entró a la casa, la cuál tenía el mismo olor campestre que el recordaba. La entrada principal estaba adornado por dos faroles azules que alumbraban la entrada y una alfombra roja que servia de limpiapies. Al entrar a la casa, a mano derecha, se veía la escalera para acceder al segundo piso y a mano izquierda una mesa de madera con un mantel floreado y cuatro mesas de madera de Líbano con un respaldo doble en la parte alta, que la familia utilizaba cómo comedor y, a continuación de este, una puerta blanca que les permitía acceder a la gran cocina con un lavavajillas inmenso, al lado del lavavajillas se ubicaba un mesón dónde su mamá cocinaba y al lado de éste,una cocina a leña que papá había echo con sus propias manos.

—Hijo, que bueno que llegaste necesito que te quedes en la casa porque va a venir tu tío Adam —le pidió su mamá, que se estaba preparando para salir.

—Mamá estás... estás tan linda —mencionó, mientras la admiraba sorprendido.

—¡¡Aaay hijo, no le estarás poniendo mucho. —Se sonrojó un poco de vergüenza su mamá.

Mark apenas pudo contener las ganas de llorar; hace tanto tiempo que no veia a su mamá sonreír, feliz de todo lo que había logrado en su vida. Pero había algo más importante: su tío estaba a punto de llegar para consumar el peor de los momentos de su vida y sabia que tenía que hacer algo.

—Mamá, necesito contarte algo, pero me tienes que creer —le pidió Mark

—Hijo claro que si, solo cuéntame que es lo qué pasa. —Se sentó para escuchar atentamente lo que su hijo le tiene que contar.

—Mi tío Adam, hace un tiempo el trato de abusar sexualmente de mi y tengo miedo de quedarme solo con él —le confesó, notoriamente afectado.

—No, no puede ser... si tu tío es una buena persona, tiene todo lo que un hombre soñaría tener... cómo puede... —No cabía en si de su asombro la mamá.

—Mami por favor quedate y lo verás y si quieres llama a papá para que lo sepa también. —Le rogó

La mamá accedió a la petición del pequeño Mark y, viendo que él estaba tan angustiado, decidió quedarse en casa, además de eso llamó por teléfono a su esposo para que se viniera al hogar con urgencia.

Media hora después sonó el timbre de la casa y Mark bajó a abrir, mientras su mamá decidió quedarse escondida en la cocina. Era su tío Adam que venía silbando, estaba feliz porque sabía que había una posibilidad de quedarse solo con su sobrino para cumplir con sus sucias perversiones.

—Hola hijo, cómo estás. —Lo saludó el tío—. ¿Está tu mamá? —preguntó.

—No tío Adam, mi mamá salió, pero me avisó que vendría a arreglar él calefont —le contestó, tratando de actuar con normalidad, y que su tío no se diera cuenta de su nerviosismo.

—¿Eso significa... que estás sólo? —le mencionó, mientras su semblante le cambiaba.

—Si tío estoy sólo ¿porqué? —Lo quedó mirando con su cara de niño inocente.

—Mmmm no nada, sólo que podriamos divertirnos los dos —dijo mientras lo abrazaba con firmeza—. Podemos hacer ese juego que te enseñé hace un tiempo atrás. —Comenzó a hacerle cariño en la cara

Mark empezó a sudar, mil recuerdos viajaron por su cabeza, mientras su tío trataba de inmovilizarlo para cunplir su malvada intención, su madre observaba angustiada las malas intenciones que tenía el hermano de su esposo con su querido hijo, pero aguantó las ganas de intervenir, para tener pruebas concretas que demuestren lo que su hijo le había contado.




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