Viaje De Egresados

PARTE II: EL MISTERIO CRECE

CAPITULO 6

El objeto

El día amaneció con un cielo limpio, como si la niebla nunca hubiera existido. El lago reflejaba un azul profundo y engañosamente calmo. Desde las cabañas, todo parecía normal. Demasiado normal.

Luna se despertó antes que las demás. La piedra estaba sobre la mesa de luz. No recordaba haberla dejado ahí. La tomó con cuidado. Estaba fría, por primera vez desde que la había encontrado.

—¿Soñaste? —preguntó Mora, desperezándose.

—Sí —respondió Luna—. Pero fue distinto.

En el comedor, los cinco se sentaron juntos sin ponerse de acuerdo. La seño Clara los observó un segundo más de lo habitual, como si notara que algo los unía de una manera nueva.

—Hoy vamos a El Hoyo —anunció—. Feria, plaza y un rato libre. Después volvemos.

La noticia trajo algo de alivio. Alejarse del lago, aunque fuera por unas horas, parecía una buena idea.

El camino hasta El Hoyo fue corto. El pueblo apareció entre montañas, con casas bajas, carteles de madera y olor a pan recién hecho. El contraste con el silencio del bosque fue inmediato.

—Esto sí parece normal —dijo Benjamín, respirando hondo.

La feria estaba llena de colores. Puestos de artesanías, tejidos, dulces caseros. Luna caminaba despacio, mirando todo, hasta que algo llamó su atención.

En un rincón, casi escondido, había un puesto pequeño. No tenía cartel. Solo un mantel oscuro y algunos objetos de madera y piedra.

La piedra.

Luna se detuvo en seco.

—¿Qué pasa? —preguntó Tomás.

—Eso —dijo ella, señalando.

Sobre la mesa había un objeto casi idéntico al suyo. Misma forma. Mismo símbolo.

El hombre del puesto los miró en silencio. Tenía el pelo blanco y los ojos muy oscuros.

—Ese símbolo no se vende —dijo, antes de que alguien preguntara.

Luna sintió que el corazón le golpeaba fuerte.

—Yo encontré uno —dijo, sacando la piedra del bolsillo.

El hombre la observó largo rato.

—Entonces el lago la eligió —respondió—. Ya empezó.

—¿Empezó qué? —preguntó Mora, tensa.

El hombre apoyó las manos sobre la mesa.

—El recuerdo.

Tomás dio un paso atrás.

—Disculpe, pero… esto es solo una excursión escolar.

El hombre sonrió apenas.

—Ningún viaje es solo eso.

Se acercó un poco más.

—Ese objeto es un vínculo. No es peligroso, si se lo respeta. Pero no debe estar solo.

—¿Solo? —repitió Santi.

El hombre señaló el símbolo.

—Siempre fueron varios. Nunca uno.

Luna entendió.

Sacó la piedra y la puso en el centro del grupo. Los demás la miraron, inseguros.

—¿Qué se supone que hagamos? —preguntó Benjamín.

—Escuchar —respondió el hombre—. Y cuidarse entre ustedes.

Antes de que pudieran decir algo más, una voz llamó a Luna desde lejos.

—¡Luna! ¡Nos vamos!

Cuando volvió a mirar, el puesto ya no estaba. Solo quedaba el espacio vacío entre dos mesas.

—¿Lo vieron? —preguntó ella, agitada.

—Sí —dijo Mora—. Y eso es lo peor.

El regreso fue silencioso. El micro avanzaba por el camino de montaña y el lago reapareció, brillando a lo lejos.

Esa tarde, Luna reunió al grupo en la cabaña.

—El objeto no es solo mío —dijo—. Es nuestro.

Puso la piedra en el centro de la mesa. El símbolo pareció brillar apenas.

—El lago nos está hablando —continuó—. Pero no a cada uno por separado.

—Sino juntos —dijo Tomás.

Santi asintió.

—Si uno se aleja, se rompe el vínculo.

Nadie preguntó cómo lo sabía. Confiaban.

Esa noche, antes de dormir, los cinco apoyaron una mano sobre la piedra.

El sueño llegó rápido.

Y esta vez, el lago no los llamó por separado.

Los llamó por nombre.



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En el texto hay: misterio, amistad, egresados

Editado: 28.02.2026

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