Viaje De Egresados

CAPÍTULO 8

Discusiones y secretos

El día amaneció con un sol brillante que parecía querer borrar cualquier rastro de lo ocurrido las noches anteriores. El lago estaba calmo, tan tranquilo que resultaba difícil creer que guardara algo más que agua y silencio.

—Hoy todo vuelve a la normalidad —dijo Benjamín durante el desayuno, como si al decirlo pudiera hacerlo verdad.

Pero Luna sabía que no era así.

Las actividades de la mañana se organizaron en grupos mezclados. La idea era fomentar la convivencia, aunque no todos lo tomaron con entusiasmo. Algunos estaban cansados, otros irritables. El viaje empezaba a pesar.

—Siempre los mismos juntos —murmuró un chico cuando vio a Luna con Mora y Tomás—. Parece que se creen un equipo especial.

Luna fingió no escuchar, pero la frase le quedó dando vueltas.

Durante un juego de orientación, Tomás y Benjamín discutieron por una decisión mínima: qué sendero tomar para llegar al punto indicado.

—Si te hubieras apurado, no estaríamos perdidos —dijo Tomás, molesto.

—No estamos perdidos —respondió Benjamín—. Solo no seguimos tu camino.

La discusión subió de tono. Mora intervino antes de que pasara a mayores.

—Paren —dijo—. No es por esto que vinimos.

Benjamín se apartó, cruzando los brazos. Tomás apretó los dientes. El grupo llegó al punto final sin volver a hablar.

Más tarde, Luna encontró a Benjamín solo, sentado cerca de la orilla del lago.

—¿Querés hablar? —preguntó.

Benjamín tardó en responder.

—Mi hermano se va a mudar —dijo de pronto—. No se lo dije a nadie. Cuando volvamos, ya no va a estar.

Luna se sentó a su lado.

—Eso duele.

—Sí —admitió—. Y siento que todo cambia al mismo tiempo.

El lago permanecía quieto, escuchando.

En otra parte del bosque, Tomás caminaba con Santi.

—No me gusta no entender lo que pasa —dijo Tomás—. Siempre necesito explicaciones.

—No todo se explica —respondió Santi—. Algunas cosas se sienten.

Tomás suspiró.

—Eso es lo que me da bronca.

Por la tarde, Mora reunió al grupo.

—No podemos seguir así —dijo—. Si guardamos cosas, se nos van a venir encima.

Luna sacó la piedra y la apoyó en el centro.

—El lago reacciona cuando nos separamos —dijo—. Creo que también cuando nos callamos.

Hubo un silencio largo.

—Yo tengo miedo —confesó una chica del grupo—. No del lago. De cambiar de escuela. De perderlos.

Uno a uno, empezaron a hablar. Miedos, enojos, secretos. Palabras que no habían dicho antes.

Cuando Tomás y Benjamín se miraron, algo se aflojó entre ellos.

—Perdón —dijo Tomás.

—Yo también —respondió Benjamín.

La piedra se entibió apenas.

Al caer la noche, el lago mostró pequeños movimientos en la superficie, como si respirara tranquilo.

Luna entendió entonces que el misterio no solo estaba afuera.

También estaba dentro de ellos.

Y que para seguir adelante, tendrían que aprender a decir lo que hasta ahora habían escondido.



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En el texto hay: misterio, amistad, egresados

Editado: 28.02.2026

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