Viaje en el hoyo negro

Capitulo 1

POV Adaya

Salgo del baño pitando después de ducharme y me cambió de ropa con no poca velocidad pues, iba a llegar tarde al trabajo.

Miro la hora en el reloj y ya eran ¡las 8:00 am!—rayos, llegaré tarde otra vez—salgo sin ni si quiera verificar si estaba bien cambiada y voy directo a la cocina.

—Buenos días hermana—me saluda Alejandra y yo cojo una rebanada de pan de la funda que ella tiene abierta del pan y doy un mordisco para dirigirme luego a la salida—nadie me quiere, ¿ni si quiera me das los buenos días?—tan dramática como siempre.

Cuando estoy junto a la puerta me volteo—¡buenos días!—vocifero y la veo sonreír.

—¡Llegas tarde!, ¡ve despacio!—la escucho decir mientras salía.

—¡Sí!—cuando llego a la sala de maestros para anotar mi nombre en la lista donde llevan la hora que llegan los docentes y yo miro antes la hora en el reloj de mi celular y veo que son las 8:20 am—escribe las 8:00 de llegada—descarto el pensamiento inmediatamente y pongo la hora en la que llegué pues, mi temor a Dios no me dejó mentir, no estaba bien hacer eso.

Cuando termino de escribir noto que ya pasaron las actividades iniciales de la mañana con los estudiantes y vislumbro al director venir caminando hacía mí—rayos.

—Adaya, Adaya. Llegas tarde por tercera vez.

—Eh, yo...—no sabía cómo excusarme correctamente.

—No busques excusas, estás despedida—¡¿qué dijo?!

—Pero, yo...

—Recoge tus cosas y te marchas y es hoy mismo—estaba como asombrada y un poco espantada por tanto, estaba de pie mirando al director—¿por qué me miras así?, tu te lo buscaste así que, recoge tus cosas y márchate.

Me doy la vuelta apenada y voy al salón de maestros y recojo todas mis cosas y me marcho a casa.

Al momento de abrir la puerta vislumbro a mi hermana con pijama pasando cerca de la puerta con un vaso lleno de seguro de jugo de limón y yo cierro de un portazo y ella da un respingo y se voltea hacía mí—¿y tú qué haces aquí?—me pregunta y yo respiro hondo para tratar de contener mis lágrimas—¿qué es lo que pasa Adaya?

—Me-me despidieron—dije y ella me agarra lo que llevaba en las manos y lo pone en el suelo y luego me da un abrazo—¿qué haremos ahora hermana sin yo tener trabajo y tú también?

—No puedo creerlo, ¿acaso no eres tu la que siempre dices que todo irá bien y que confíe en Dios?, no te desanimes, ni desmaye tu fe. Si Dios es real él verá nuestra aflicción y nos ayudará.

—Tienes razón, no puedo desmayar ahora por esto mi fe.

—¡Así se habla hermana!

—Hasta parece que cambiamos por un momento de roles y la dramática ahora soy yo ja,ja,ja.

—Si,ja,ja,ja. Te preparé un buen almuerzo y te sentirás mejor ya lo verás.

—Gracias hermana—me voy a mi cuarto y me pongo de rodillas con mi manto blanco puesto en la cabeza—Señor, ¿por qué permitiste esto?. No lo entiendo pero, ya tu sabrás porque lo permites esto en mi vida. Así que, hágase tu voluntad—me levanto y me quito el manto y dejando mis cosas en el cuarto excepto el celular, voy a la sala y veo a mi hermana sacando algo de una caja.

—¿De qué es eso?—le pregunto.

—Es una caja que estaba en el sótano y que tenía algunas fotos que quería ver de nuestros padres y pues...—la veo sacar algo de la caja que capta totalmente su atención.

—¿Qué tienes ahí?

—No lo sé, esto...parece ser...

—¿Aretes?—decimos al unísono.

Me acerco a ella con el celular en mano y yo tomo uno y ella otro. Lo miro bien—¿crees que eran de mamá?—digo y Alejandra asiente con la cabeza.

—O de nuestra abuela puede ser—me dice ella.

—Si pero, esto está escrito como en hebreo me parece.

—¿Qué dices?—lo miramos juntas—dice...

—Melach—decimos al unísono.

—Oh vamos, eso tal vez está escrito en otro idioma Adaya...—comienza a suceder un gran terremoto tan fuerte que se abre el suelo como un hoyo negro en medio de nosotras dos y caemos adentro.

Y venimos cayendo como en un césped y yo como aturdida o espantada miro a mi hermana que cayó de espaldas—¡Alejandra!—la ayudo a sentarse—¿estás bien?

Asiente con la cabeza—¿qué-qué pasó?—me pregunta y yo no sabía muy bien que decirle.

Se pone de pie y miramos a nuestro alrededor, había césped y muchas casas cerca de nosotras—hermana, ¿dónde estamos?—un hombre vestido con túnica se nos acerca y nos mira como si fuéramos la cosa más extraña del lugar.

—¡Oigan, vengan a ver esto!, está mujer está usando una ropa extraña—señala a Alejandra que tenía su pijama y veo que se acerca a nosotras una mujer con una cesta de ropa en la mano.

—Oh, tienen el cabello oscuro y a nuestros clientes les gusta mucho eso—el hombre nos mira de arriba abajo.

Me acerco más a mí hermana—Alejandra, corramos—le digo y ella toma mi mano.

—Tienes razón, ¡vengan con nosotros!

—¡A correr!—comienzo a correr con todas mis fuerzas jalando a mi hermana haciendo que ella corra de prisa también. Y ¿hacía dónde íbamos?, no lo sé, solo corrimos hasta perder de vista a esos dos malvados.



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En el texto hay: viajeeneltiempo, rey, rey cruel

Editado: 27.06.2026

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