POV Adaya
—¡Ya, para hermana!—me dice Alejandra y yo me detengo cuando estamos bastante lejos de ese hombre y mujer.
Suelto a mi hermana y trato de calmar mi respiración. Miro a mi alrededor y noto que estábamos en un lugar donde habían muchas personas vendiendo como si fuera un mercado—¿dónde rayos estamos?—no pude evitar decir pues, todos usaban túnicas hasta los hombres.
—No se que está pasando aquí hermana.
—Ni yo tampoco, lamentablemente—veo que algunas personas que pasaban a nuestro lado se nos quedaban viendo como si fuéramos bichos raros principalmente mi hermana y también por mi pues, tenía un moño alto de peinado y según veía las mujeres usaban el pelo suelto.
Mi hermana ve el celular en mi mano y me pide que se lo dé y se lo paso—¿qué haces?, ¿acaso crees que aquí habrá señal?—le digo pues, la veía que estaba tratando de tomar señal para llamar a quién sabe quién.
—¿Y el GPS?, tal vez si consigo internet...—me acerco a ella para ver si lo lograba y no apareció ningun wifi—estamos pérdidas—mi hermana me pasa el celular y yo lo guardo en mi bolsillo.
—Averigüemos primero dónde estamos y luego vemos como salir de este lugar—manifiesto y ella me mira.
—Bien. Pero, ¿cómo sabremos eso primero?—veo a un hombre pasar con un turbante en la cabeza que me estaba viendo y le hago señas y él se acerca a nosotras.
—Hola, ¿conoce como se llama este lugar donde nos encontramos?—le pregunto.
—Si, lo sé—dice con total seriedad.
—¡Entonces, díganos!—se desespera mi hermana.
—Calma Alejandra, dígame señor ¿cómo se llama?
—Soy Bilton—veo su apariencia y noto que es de piel trigueña y tiene que tener como unos 50 años por sus canas en su barba y algunas arrugas.
—Me llamo Adaya y nosotras queremos saber que lugar es este pues, estábamos en nuestra casa y sucedió un terremoto fuerte y se abrió la tierra y caímos en ese oyó y vinimos a parar aquí.
—Nosotras estamos solas aquí sin saber nada de este lugar y unas personas querían...—dice Alejandra con ojos llorosos y yo tocó su hombro.
—Si no tienen a dónde ir es mejor que vengan conmigo y pasen la noche en mi casa hasta que puedan encontrar mañana o otro día un lugar más mejor para ustedes si consideran que mi casa no es digna de ustedes y lo digo porque, está anocheciendo. Pero, si quieren quedarse aquí corren el riesgo de que las secuestren por ser extranjeras y las lleven a la casa de las prostitutas. Ustedes decidan que harán—al escucharlo miro a mi hermana y ella se me acerca al oído.
—No lo conocemos pero, no tenemos muchas opciones y esas personas podrían raptarnos y llevarnos a ese lugar de prostitutas—Alejandra me dice eso en voz baja y yo asiento con la cabeza pues, tenía razón.
—¿Y bien, que harán?—miro al hombre.
—Iremos.
—Siganme—lo hacemos y cuando íbamos con él podíamos notar como las personas estaban entrando a sus casas de como barro o algo así.
—Parece que van a hacer las 7 de la noche—pensé por como estaba oscureciendo.
Cuando llegamos a una casa también de barro abre la puerta de madera y nos recibe una muchacha con cabello negro con piel trigueña y ojos cafés—por fin llegas padre ya me estaba preocupando pues, está anocheciendo y...—ella se da cuenta de nosotras.
—Esta es mi casa, entren—nos dice Bilton y le hacemos caso—hija, ellas son extranjeras y no tienen donde quedarse así que, me ofrecí a darle alojamiento—ella nos mira de arriba abajo.
—Bien—fue lo que ella dijo sin más.
—¿Ya está la cena hija mía?—le dice Bilton y ella asiente con la cabeza—vamos a cenar entonces—dolo había una silla de como madera diría yo, no sé y él señala la silla junto a la mesa donde sirvió la joven la cena—¿quieren sentarse aquí una de ustedes?—miro a Alejandra quien me observaba seriamente y luego miro a Bilton.
—Eh, no...—si solo había una silla lo mejor es que él como era él mayor entre nosotras tenía que sentarse.
—Bien—tomo el plato de lo que parece ser de barro de la mano de la joven y ví que era sopa.
—Te doy gracias Dios por estos alimentos que nos diste está noche a todos nosotros. Da al que no tiene y reparte más al que le falta. Te lo pido, amén—comencé a comer mientras sentía la mirada sobre mi. Alzo los ojos y noto que me estaban viendo la joven y Bilton—ejem, es que soy cristiana.
—Ya te lo dije hija, son extranjeras—dice Bilton comiendo.
—¿Acaso no saben que es eso de ser cristiano?—me pregunté dentro mío.
La joven nos pasa a Alejandra y a mí un pedazo de pan—gracias, ¿cómo te llamas?—le pregunto y ella mira a su padre para luego verme a mí como si así le pidiera permiso para hablar.
—Soy Roxana.
—Lindo nombre—dice Alejandra y la joven sonríe.
Después de haber cenado ayudamos un poco a Roxana limpiando la mesa y barriendo lo que parecía ser una cocina—¿dónde está tu madre Roxana?—le pregunta Alejandra, pregunta que también me hacía yo.
—Ella murió hace años.
—Oh, lo siento—dice mi hermana.
Más tarde cuando ya habíamos terminado de limpiar nos pasa ella dos sábanas y nos dice que podamos dormir junto a la mesa las dos—bien, gracias y buenas noches—le digo.
—Buenas noches—se marcha y yo me tumbo al suelo cansada y miro a mi hermana quien miraba el suelo con algo de asco.
—Oye, ya ven, acuéstate—la jalo por un brazo y hago que se acueste a mi par—da gracias a Dios que tenemos donde pasar la noche y que tuvimos cena para comer.
—Hermana—parecía algo incómoda.
—¿Qué?—solo quería dormir y despertar de este horrible sueño.
—Todo esto es un sueño, ¿verdad?
—Probablemente sí así que, duérmete y mañana de seguro estaremos en casa y recordaremos esto como un gran sueño algo loco, ja,ja,ja.
—Bien. Buenas noches.
—Buenas noches—trato de dormir pero, no podía pues, estaba en el suelo duro y sin almohada. Sentía como me bajaba la sangre a la cabeza y me daba miedo que me diera algo por eso.