VÍctimas Del Deseo

19. Sin Palabras

Capitulo 19

El día comenzó de una manera completamente diferente para ambos. Desde las primeras horas de la mañana, en el aire de la oficina se podía percibir una impaciencia silenciosa, un deseo compartido de que la jornada concluyera lo antes posible. Los llamados, las firmas de actas y las rutinas de la central pasaron a un segundo plano; sus mentes estaban totalmente predispuestas para lo que iba a acontecer al finalizar el trabajo. El reloj ya no era una carga, sino una cuenta regresiva. Y en ese instante exacto, cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios grises de la ciudad, ambos salieron de la sede central y se dirigieron directo al pub, dispuestos a compartir unas cervezas y a cortar la distancia profesional.

Al llegar, el murmullo del lugar y la calidez ambiental los ayudaron a relajarse. Con los primeros tragos, comenzaron a distenderse y pronto ambos cambiaron a modo pasión; sí, esa misma pasión que comenzaba a gestarse entre los dos desde hacía meses, contenida detrás de los expedientes. Pasadas las horas, llegando a la absoluta obviedad de lo que ambos deseaban, pagaron la cuenta y se dirigieron al Hotel Tower, donde Jorge, anticipándose a todo, ya había reservado una suite.

Mientras caminaban las últimas cuadras, Natalia lo miró de reojo y le preguntó con una sonrisa:

—¿Qué tenés planeado para esta noche?

—Una sorpresa —respondió Jorge, manteniendo el misterio.

—¿Una sorpresa? —preguntó Natalia, visiblemente interesada—. ¿Me podés dar una pista de qué es tu sorpresa?

Jorge la sostuvo firme por la cintura y la miró fijamente antes de cruzar el umbral del edificio.

—El lugar que merecemos para el momento que elegimos.

Natalia se quedó sin palabras ante la caballerosidad del gesto. Ambos, fuertemente abrazados para protegerse del frío de la noche, caminaron juntos hacia su destino elegido.

Al ingresar a la habitación, quedaron impactados por los lujos que la misma mostraba en cada rincón. La amplitud del espacio y los detalles de categoría creaban un escenario de ensueño, muy lejos de la previa vivida en la oficina. Natalia, asombrada, recorrió el lugar con la mirada antes de volverse hacia él.

—Qué buen gusto, es hermosa la habitación que elegiste. ¿Esta es la sorpresa?

—Aún no.

—¿Estás ansiosa e intrigada?—

—Sí, estoy intrigada, muy intrigada —admitió ella con una risa suave.

Jorge sonrió, Natalia, de mientras, aprovechó el momento para dirigirse hacia el baño y tener un instante de intimidad.

No pasó mucho tiempo cuando golpearon a la puerta principal. Era el servicio de habitación. Jorge abrió, recibió al camarero dándole las gracias por la discreción y le entregó una propina. Al cerrar la puerta, todo estuvo en su lugar, listo para dar comienzo al momento esperado.

La puerta del baño se abrió lentamente y Natalia salió, recortándose contra la penumbra. Lucía un sugerente conjunto de lencería que realzaba su figura de una manera elegante y pasional. La luz tenue ponía el clima indicado en la suite, mientras que una música suave, que flotaba de fondo, le ponía ritmo al momento. Jorge la observó, impactado por su belleza fuera del contexto diario.

—Me sorprendiste con tu sensualidad, y tu lencería es justo para vos... Me quedé sin palabras —dijo Jorge, incapaz de ocultar su admiración.

—¿Sin palabras? —sonrió Natalia, acercándose con paso lento—. Y con esas palabras me ibas a develar la sorpresa.

Jorge no respondió con voz; en su lugar, la tomó suavemente por la cintura mientras ella rodeaba su cuello con los brazos. Juntos empezaron a bailar al ritmo de la música lenta que envolvía la habitación, acortando el último centímetro de distancia física.

Con movimientos pausados, disfrutando del roce, las manos de Natalia subieron hasta el pecho de él. Botón por botón, comenzó a sacarle la camisa, despojándolo de toda su ropa.

Jorge, entregado al pulso de los sentidos, puso su mano en el cuello de ella, acariciándola sutilmente con sus dedos para luego recorrer la línea de su silueta.

La respiración de ambos se aceleró en el acto y, con esa cadencia, la intensidad de las caricias cobró forma de un fervor mutuo, caliente y desbocado. Llegaron al punto en que supieron que ya no había vuelta atrás. Despojados de cualquier rastro de timidez, ambos se dispusieron a descubrir el enigma que los había llevado hasta ese lugar.

Todo se dio de forma espontánea, libre de tensiones externas. El dominio de la situación ya no les pertenecía; estaba bajo el poder absoluto del deseo consumado. Se buscaron y se encontraron en cuerpo y alma, lo que borró por completo las dudas y la timidez de ése momento, su momento .

El amanecer los recibió a ambos juntos, muy juntos, compartiendo el calor de las sábanas blancas y envueltos en una calma perfecta. Los cuerpos descansaban relajados tras la pasión que los hizo desbordar, completamente presos de un sentir profundo, sincero y definitivo. Lo vivido en la frialdad de la oficina transformó la noche en el inicio de una nueva realidad para sus vidas.




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