Año 881. Catedral en ruinas del pueblo de Tirilia, Nueva Lumen.
Un ambiente espeso, acompañado de un cielo grisáceo, adornaban Nueva Lumen. Rumores declamaban que, desde aquella aparición de la Diosa de la vida en un campo de batalla en el territorio de las bestias dio el inicio a la calamidad de este mundo. El nuevo mundo uno que ha sufrido las secuelas de una lucha interna entre Diosas. Si… aquellas que se supone, deberían mantener el orden de todo el universo, o eso pensaron los que aun conservaban la cordura. Aunque quien conservaría la cordura en esos días.
Un mago solitario ha emprendido un largo viaje, su destino: La catedral de las Diosas en Tirilia. Se encontraba cerca del centro de Nueva Lumen, al lado de aquel altar gigantesco que creo Victoria. Fue el pilar del conocimiento de ciertas razas. Pero solo aquella raza diplomática que aún no se ha visto involucrada en esta guerra sin fin, fue la encargada de documentar todo lo sucedido en años anteriores. Ahora la guerra ha consumido gran parte de todo el planeta. Aquella guerra que ha dejado cientos de familias destruidas y muchos paisajes que antes eran hermosos convertidos en calvarios y ruinas.
Un suspiro en un lugar silencioso como ese hizo eco.
—He llegado al fin, un lugar que jamás creí fuese tan escalofriante.
El joven se acercó la puerta de la catedral en ruinas y coloca sus manos sobre esta, hace un poco de fuerza y esta no abre. Parece sellada.
—Creo que si no se abre asi tendré que usar la magia.
Bisket se alejó un poco, saca un báculo de su cinturón de cuero, este báculo tenía una extraña esfera morada en su punta, lo elevó un poco, y en un rápido movimiento estiró sus brazos y gritó.
—¡Inspiración!
Antes de que el hechizo se manifestara un fuerte grito de dolor lo acompañó, todo su cuerpo se iluminó de color rojo su túnica se zarandeó y apretó su cuerpo con fuerza. Regreso su báculo a su cinturón y empujó con fuerza la puerta, aun asi la sentía demasiado pesada. El joven cerro sus ojos y concentró toda su fuente vital en sus brazos, estos adquirieron mucha más fuerza y la puerta fue sediento poco a poco.
—Por mis Diosas, al fin, nada mal para un joven de 96 años.
Los cráneos descansaban entre los bancos de piedra. Algunas costillas seguían encadenadas a los pilares. Cada paso levantaba polvo mezclado con ceniza y huesos triturados.
—¿Murieron aquí? ¿encerrados?
El joven avanzó por toda la catedral, pero al parecer no hay nada interesante, no había nadie con vida, ni algún objeto que llamase su atención.
—¿Entonces llegue hasta aquí para nada? —dice Bisket con una voz apagada.
Un soplido extraño interrumpió los pensamientos de Bisket. Giro su cabeza lentamente y miro hacia aquel sonido.
Una estatua de piedra colgada de cabeza sobre el techo de la catedral. Con un aspecto extraño, terrorífico e inquietante parecía una gárgola. Bisket la miro fijamente y esta abrió sus ojos rojos sangrientos y profundos.
—¿Qué demonios fue eso?
Bisket dio unos pasos hasta ponerse debajo de la estatua, miro al suelo y vio allí una figura dibujada con sangre: una cruz y una estrella. Acto seguido paso la mano sobre el bolsillo de su túnica azul, y de allí saco dos artefactos extraños, casualmente tenían la misma figura.
—Esto fue lo que me encomendaron ¿no?
La estatua tembló y Bisket sin querer dejó caer el artefacto. Esta se desprendió del techo y cayó al suelo tapando el artefacto con todo su cuerpo. La estatua, de a poco comenzó a despedazar sus capas de piedra, y por dentro una carne podrida se hacía visible.
—Otro buscador. —Dice la creatura con una voz tosca.
—Y yo que pensé que esto sería un poco más tranquilo. —Dice Bisket con un notable nervio. —Oye por cierto… vienes a decirme ¿dónde puedo encontrar el tomo sagrado?
La creatura no respondió, por el contrario, sin mediar alguna palabra desprendió unas alas sin plumas. Con un aspecto parecido al de unas manos adornadas con unas cadenas sobre sus dedos. Se colocó en una postura a 4 patas y rugió con fuerza, el estruendo hizo estremecer la catedral y como consecuencia dejo caer unos peñascos.
El joven Bisket suspiró y dijo: —¿Otra vez? Ni siquiera aquí existe la paz.
La creatura le lanzó un zarpazo y Bisket lo recibió de lleno, no pudo esquivarlo. Salió despegado y su fuente de impacto fue un altar en honor a las diosas que se encontraba en el centro. Bisket quedo en una posición recostado sobre el altar y ahora estaba destruido. La creatura se acercó a él con pereza. Y expreso:
—Mis condolencias por los cientos de guerreros que han venido en busca de respuestas en este lugar. No es más que una búsqueda que no tiene sentido.
La creatura abrió su boca y de ella creció una gran esfera de energía oscura de gran tamaño y de color negra y morada. Se paro a 2 patas para tomar impulso y con fuerza se dejó caer. junto al aterrizaje desprendió la energía acumulada y la disparo hacia Bisket haciendo distorsión en el espacio tiempo. El joven estuvo ahí inmóvil, no movió un solo musculo.
¡Boom!
Un silencio absoluto domino el espacio nuevamente. Un chorro de sangre podrida se desbordo por todo el suelo, un cuerpo pesado cayo al piso y frente a él un joven con una túnica azul iluminado de color blanco esta vez. Su gorro cayó al suelo y dejo ver su aspecto nuboso y esférico de color azul. Y levitando por los aires menciono.