Victoria Hamilton no corre, simplemente le da a todos una lección, una que no olvidaran nunca, su madre con sus teatros y su prometido despreciándola solo porque no es la muñequita que se supone que sería, por la diosa de chocolate no tiene la culpa ella solo NO QUIERE CASARSE y no hay un Andrew Wilson que se lo impida, aunque él no tiene en riesgo su corazón, sino millones si no firma esa acta y la buscará hasta debajo de las piedras, pero cuando la encuentre los papeles se habrán invertido y le dará una cucharada de su propio chocolate. Una guerra de poderes, una lucha de egos, ¿cuál será el final?
—Contesta, Victoria, el padre te está preguntando.
—Sí, hija, tu novio tiene razón. Además, los invitados esperan tu respuesta.
—Es que no lo escuché. ¿Qué dijo?
—No juegues con eso, mi amor, por favor.
—Porque crees que traje mis converts favoritas y no esas horribles zapatillitas de cristal como si fuera Cenicienta y tú el príncipe azul.
—¡Cierren esas puertas! Tú no te vuelves a escapar, Victoria, otra vez no.
—¿De verdad cree que quiero hacer eso? Señor Wilson
UN AÑO ANTES
—Tu hijita no puede retractarse, tiene que pararse en ese altar y decir ACEPTO.
—Ella ya sabe.
—Tu corazón, tu débil corazón— Mientras se sirve un trago. —¿Quieres uno?
—Claro que sí, esa muchachita me exaspera, llevo todo este tiempo conteniendo el estómago de no vomitar al hacerla de mami— Debe ser una broma, mi madre no se expresaría así, si eso es una broma. Vamos, Victoria, es tu madre, jamás se jugaría con una enfermedad, no cuando mi abuela tiene el alma en un hilo y me lo pidió de manera encarecida.
—Por favor, hija, tu madre lo necesita, no tenemos nada en este mundo solo a ti.
—Abuela, lo haré solo porque tú me lo pides. Ella nunca se ha portado como una madre conmigo; tú me has criado todos estos años, además ella me exige que sea una señorita de sociedad y yo soy un alma libre.
—Tú eres perfecta, mi terroncito de azúcar, pero es tu madre y a la vez mi hija, no puedo con la idea de perderla; ese hombre le dará el dinero que necesita para su operación en el extranjero— No puedo evitar abrazarla y a la vez consolarla, no soporto verla llorar. Pero me duele que mi abuelo no diga nada.
—Abuelo, por favor di algo.
—No confió en ella, solo eso diré.
—Es nuestra hija, no jugaría con algo tan delicado.
—Si nos dejó a su vergüenza en la puerta de la casa y luego huyo, ¿Qué pretendes? —Siempre supe que no me quería, que soy la mancha que arruina su perfecto cuadro familiar, sé que su aversión hacia mí, no es por ser la hija de la vergüenza de una noche de locura de mi madre, sus sentimientos hacia mí son por mi color de piel como si yo hubiera pedido nacer así, pero aun así lo amo, es la única imagen paterna que he tenido desde que tengo uso de razón.
—Tranquila abuela, iré a comprobar por mis propios medios lo que ella dice, si es verdad que su operación muy costosa y que ni siquiera su esposo puedo cubrirla entonces solo por evitarte el dolor a ti, aceptaré casarme con los términos que ella impone, pero de verdad se me enchina la piel de solo imaginarme de blanco, me dará urticaria.
—Tú eres un sol, en vez de Victoria, debí ponerte Solcito, mi solcito.
—Y tú, mi viejita linda —la abrazó convencida de que haría cualquier cosa por evitar su sufrimiento, así sea atar mi vida a un vejestorio que no puede conseguir una mujer por sus propios medios y tiene que comprarla.
Pues me cansé, se supone que debo ir allá y sonreír ahora que se pudran todos. De mí nadie me va a usar como pieza de cambio, te aseguro que estarás orgullosa de tu hija, mami.
…
—¡Como carajo, se pudo esas horribles converts que ahora corre como una bestia salvaje!
—See yo later o como diría Arnol, hasta la vista baby—Les muestro el dedo medio y espero no verlos jamás.