Beatriz tocó tímidamente la puerta de la habitación del hijo del médico. Ella intuyó de algún modo que algo le pasaba al chico.
-Pasa -el timbre aburrido de la voz del muchacho le hizo sentir aprehensión.
¿Comería está vez? se preguntó. Entró. -Gerardo, aquí está tu comida -
El joven estaba sentado delante de su computadora , tecleando sin apartar la vista de la pantalla. Ella depositó la comida en una mesita cerca de él.
Incómoda, buscó una silla donde sentarse. En cuanto se percató de la actitud y acción de ella,el se volvió con disgusto.-Que hace usted -
-Gerardo,su padre me ha pedido que me cerciore de que está usted comiendo bien -
-Mmmmm- dijo en el mismo aburrido tono con una mueca de disgusto.
Tomó el plato y comió algunos bocaditos, volviendo a teclear de momento a momento. Ella se le quedó viendo. El chico estaba incómodo.-Me comeré todo,ve?- dió otros bocados.-puede irse-
-Vendre a recoger el plato más tarde - dijo ella saliendo de la habitación. Suspiró y exhaló el aire. Le chocaba la situación. Era estar en tensión continuamente. Era responsable de que el chico ingiriese comida y había días que lograrlo era extremadamente difícil. No le gustaba interactuar como una policía.
A través de la puerta pudo escuchar que el chico siguió tecleando. Se fue a la cocina a servirse los alimentos. Muchas veces en los últimos dos meses,se había preguntado si lo que cocinaba era del gusto del muchacho y de su padre. Pero ninguno se había quejado al respecto hasta hoy. Solo Gerardo hijo aveces no comía mucho.
Era una nueva experiencia para ella. Sabía que los chicos a esa edad se ponían difíciles. Sabía que seguramente el hecho de perder a su madre era un dolor que estaba sacando en forma de sus acciones y actitudes actuales. Lo lamentaba por él. Seguramente había sufrido mucho.
Que más podía hacer por él más que intentar que se alimentarse bien?
Beatriz tenía ya cerca de dos meses en su nuevo empleo. La casa no era pequeña pero habiendo dos ocupantes y con ella tres,no se ensuciaba mucho.
De todas formas ella limpiaba a fondo una vez por semana y aspiraba,barria, trapeaba tres veces por semana. Hacia dos comidas al día y una cena ligera por la tarde.
Lavaba la ropa tres veces por semana y planchaba los viernes.
Le producía una gran satisfacción,programar la limpieza y ejecutarla.
Le hacía relajarse. Solo había un área que le disgustaba hacer y era lavar trastes y limpiar armarios. Pero lo hacía de todos modos. La limpieza le hacía sentir que en su vida, tenía cierto control y orden. Le producía una gran satisfacción ver limpia una casa.
Mientras lavaba trastos, ponía una carga de ropa en la lavadora y luego en la secadora. Le gustaba cocinar, aunque al principio se desconcertó con ciertos ingredientes que ella no sabía cómo cocinar. Al principio tuvo que hablar con el médico para saber que esperaba el que cocinara con eso.
El hombre le dió unas pocas ideas,y cuando vió que el no daría nada más,le habló por teléfono a Maritza para que la instruyera al respecto.
Poco a poco, comenzó a habituarse a ellos y a procurar que Gerardo hijo,comiese por lo menos una comida nutritiva al día.
Después de terminar de comer, puso una bandeja de comida en el microondas para el médico ,más tarde haría lo mismo con la cena,la pondría ahí donde más tarde cuando llegase,el hombre la buscaría y cenaría.
El hombre muchas veces guardaba una bandeja para llevar como lonche al trabajo. El nunca le pidió que le hiciera lunch,pero siempre se llevaba alguna de sus bandejas.
El hombre tenía un horario variado, algunos días llegaba a las cuatro, otros a las siete de la tarde y otros días, cuando tenía operación,se iba o venía de madrugada.
Sea lo que fuera, ella se ajustaba al horario del hombre. Cuando el hombre estaba más temprano, ella se retiraba más temprano. Aunque cuando el horario era de madrugada se desvelaba.
Pero si se ponía a comparar su trabajo actual con su empleo anterior,aceptaba con bastante aprobación que estaba en mucha mejor situación.
Más tarde,esa noche en su habitación, tomó un libro y se recostó para leer, ella no le había dicho nada al hombre, pero le tomaba un libro de su oficina y se ponía a devorar los capítulos con muchas ganas.
Le encantaba leer y pensar,meditar en lo leído. Leía algún libro con gran placer, como un hobby que le ayudaba a relajarse,inmersa en otros mundos. Si alguno no le gustaba,lo cambiaba al día siguiente.
El sábado por la mañana, Maritza llegaba a casa, hacía el desayuno y la comida. Beatriz solo limpiaba lo que se hubiese ensuciado y se aseguraba de que los uniformes del médico y de su hijo, estuviesen limpios y en condiciones de usarse el lunes y lo que resta se de la semana.
Se prepaba para irse,se despedía del muchacho y de Maritza,anunciaba su salida al médico quien llamaba un taxi para ella y le pagaba su sueldo.
Por fin,se iba a descansar ala habitación que rentaba.
Limpiaba su habitación,se iba de compras para adquirir lo que necesitase, y el domingo se despertaba tarde.
Estaba satisfecha,se estaba adaptando. De repente le entraba una ansiedad, que tal que eso que estaba viviendo ahora no durase?. Porque las cosas buenas rara vez eran para ella,rara vez duraban. Tenía temor de perder su empleo, sí,era eso. Era esa inseguridad lo que sentía. Todo era lo bastante bueno para durar.