-Le marco porque quiero decirle que hoy tengo reunión en mi templo a las seis de la tarde - Beatriz estaba al teléfono hablando con Gerardo padre.- Quiero saber si me dará permiso de ir -
"Es un inconveniente" pensó Gerardo. Su hijo no debía quedarse solo, Bea lo sabía. Comenzó a irritarse.
-Beatriz,- cuando dijo eso y por el tono que usó,Bea supo al instante que el doctor se estaba enojando - usted sabe claramente que mi hijo no puede quedarse solo.-
-Lo sé - dijo prontamente - por eso quiero saber si le permitiría acompañarme - hizo una pausa - nos iremos en taxi, volveremos en unas dos horas - silencio. Un silencio incómodo se sintió a través de la línea.
-El quiere ir ?-
-Lo he invitado. No le he forzado a aceptar. Ha dicho que sí - En realidad Bea sabía que Gera había aceptado más por ella ,que por deseo personal de ir, sabía que sí el decía que no, su papá no permitiría que ella saliese.
Otro silencio. Beatriz esperó.
-Bien,si él quiere ir está bien, si después de esta ocasión a él no le gusta ir a ese lugar,haga el favor de no forzar las cosas -
-Si señor -
-Bien, nos veremos más tarde - hoy tendría turno hasta las once.
-Okey, nos veremos más tarde, muchas gracias señor Gerardo -
-No las dé,adiós.-
- Adiós -ella colgó el aparato despacio. Suspiró.
Gera caminó detrás de Beatriz dentro de la pequeña nave central del templo. Se sintió un poco cohibido, las miradas de las personas que estaban ahí,estaban sobre ellos. Eran aproximadamente quince personas entre adultos y jóvenes,sentadas al frente en el ala derecha del recinto. Al frente de las bancas de madera tallada y oscura, estaba un pequeño atril de plástico transparente. La oradora, una mujer de unos cuarenta años,se acercó a ellos para saludar. Las personas comenzaron a saludar a Beatriz y a presentarse con él. Fueron perfectamente amables, algunos incluso le dieron palmaditas en el hombro y le dijeron palabras de bienvenida.
Beatriz tomó asiento y el se sentó junto a ella. De pronto, recordó que debía hablar con su papá respecto a la escuela. Él no sabía cómo iba a reaccionar al decirle que ya no volvería a esa escuela,no le diría por qué, pero no volvería allí por ningún motivo.
Gerardo padre puso su llave en la cerradura de su casa, abrió y entró con cuidado. Cerró nuevamente y dejó las llaves en la mesa angosta de cristal a la entrada. Se quitó los zapatos y abrió un cancel que estaba empotrado en la pared. La parte superior era para abrigos, paraguas e impermeables,la parte inferior era para zapatos y pantuflas y sandalias.
Se quitó los zapatos,tomó sus sandalias de casa y colgó su bata y su saco. Incluso se sacó la corbata y el cinturón y dejó su cartera ahí mismo.
Entró en la cocina y encendió la luz. Caminó hasta la entrada a la sala ,justo ahí frente a la puerta de la habitación de su hijo estaba el catre. El cuerpo delgado de Beatriz se podía percibir a través de la figura cubierta con una sábana blanca. La puerta estaba abierta y desde su posición pudo observar las piernas de su hijo en la cama.
Entonces lo escuchó. Los sollozos, apagados y continuados. Le costó un poco hilar la situación,esos sollozos provenían de Beatriz. Se acercó. Estaba acurrucada como un bebé en el vientre de su madre,en posición fetal.Tenía los ojos cerrados y las lágrimas fluían de sus ojos.
El se acercó a la pared y se recargó sobre ella,se quedó allí quieto. A medida que el tiempo pasaba ella dejó de llorar y se quedó dormida.
La movió un poco del hombro, ella no despertó. El catre estaba puesto justo delante de la puerta de la habitación de Gera, ella había obedecido sus instrucciones, era tal vez la única forma de sentir si Gera salía de la habitación. Gerardo suspiró.
Se acercó a ella, para decirle que se fuese a su habitación,el dormiría allí para cuidar de su hijo. La llamó con calma - Bea? ,Beatriz..- La volvió a sacudir un poco del hombro, pero ella no despertó. Estaba profundamente dormida, seguramente muy cansada.
De repente sintió algo. Ella se estaba desgastando por su hijo. Una sensación rara de ternura lo invadió.. Además pensó que no tenía energía para llevarla en brazos hasta el segundo piso a su propia habitación. Ella incluso estaba roncando suavemente.
Se devolvió a su habitación, abrió el edredón y las sábanas, acomodó las almohadas y regresó.
Le pasó los brazos por debajo de la cabeza y las rodillas y cargó con ella. La llevó a su propia habitación,la tendió con suavidad sobre la cama amplia, ella no se despertó en absoluto. El la cubrió con las sábanas,con las sábanas de seda que tanto le gustaban a Martha .. sacudió la cabeza para sacudirse tambien de esos recuerdos,no,no dejaría ir sus pensamientos por ese sendero sin fin. Pronto vendrían los pintores y ayudantes para mover los muebles y pintar las habitaciones y sacar esa cama y lo demás, incluso sacaría esas sábanas... y la ropa de Martha que todavía estaba en el vestidor que habían compartido. Suspiró profundamente. Mañana hablaría con su hija al respecto, talvez ella podría sacar la ropa de su madre y ver qué hacer con ella. Le echó una última mirada a Bea y se fue a su vestidor, sacó sus pijamas y se fue al baño a darse una ducha. Se vistió rápidamente y se fue para echar un vistazo a Gera y dormir,ya eran la una y media de la mañana, tenía hambre pero tenía más sueño que hambre.
-Bea?- cómo en sueños, Beatriz escuchó una voz suave llamándole desde lejos.-Bea?- el tono se elevó un poco más y la hizo despertar.
Abrió los ojos y miró el techo. Esa no era su habitación. Su habitación no tenía molduras en el techo. Se miró. Miró alrededor. Era la habitación de su jefe. Se asustó, miró la cama ,estaba sola en ella,se sentó pronto y se tocó el pecho. Estaba vestida. Gracias a Dios. Salió de la cama rápidamente.
-Bea,dónde estás?- la voz de Gera la sacó de su ensimismamiento.
Gera! Gera la estaba llamando!