Vida entre dos mundos Lucy Grey 1° Entrega

DECISIÓN

DECISIÓN

―No tengo palabras para explicarte todo lo que se me rebeló durante aquellos meses en Crow Land, como tampoco tengo las palabras adecuadas para describirte lo que sentía y sigo sintiendo por él ―dijo Tracy entrando por la puerta, su voz parecía ahora más segura. Sus cambios de ánimos me dejaban un poco desconcertada.

―Antes me has dicho que no regresaste a Crow Land en unos meses, ¿por qué? ―le pregunté no muy convencida por el cambio de su tono de voz.

―No lo sé y tampoco tuve oportunidad de averiguarlo. John se metió en el alcohol y tuvieron que ingresarlo en un centro de ayuda. Apenas dormía, se malhumoraba por todo y yo me quedaba a su lado, día tras día, noche tras noche, apoyándole sin recibir nada cambio. ―Vi en su mirada una oscura tristeza que hizo a mi corazón contraerse de dolor―. Tuvo problemas en el trabajo y en vez de recurrir en mi ayuda se refugió en el alcohol.

― ¿Te pegaba? ―observé, tras realizar esa pregunta, el cuerpo de mi amiga sin obtener ninguna señal de violencia, pero sí una ligera tensión en sus músculos.

―No, Brian no lo permitiría ―me contestó segura de lo que decía, como si Dark Fire pudiera protegerla aquí en nuestro mundo.

― ¿Y psicológicamente? ―Esta pregunta la realicé mirando a Claris, que era la supuesta psicóloga en esto. Tracy bajó la mirada y los ojos de Claris me confirmaron la respuesta―. Entonces sabrás que la puerta a Crow Land está en tu casa. ―Le dije intentando pasar página a ese tema.

―Sí, llegué a esa conclusión cuando, después de casi cinco meses, regresé a ese lugar que tanto ansiaba regresar y Brian me lo confirmó. Los meses que estuve en el centro con John lo pasé bastante mal―tragó saliva asumida en sus pensamientos―. Las ganas de volver a ver a Brian me absorbían tanto que con frecuencia luchaba para no despertarme y poder quedarme echada buscando la manera de regresar junto a él. A veces me quedaba horas pensando en esos momentos en Crow Land, buscándole un significado para comprender lo que me había ocurrido, pero no conseguía nada. Había noches que me sumía en un extraño sueño. El mismo sueño noche tras noche, pero…

― ¿Te acuerdas de ese sueño? ―le pregunté sin saber muy bien si eso nos ayudaría a averiguar algo más.

―Sí, me encontraba tumbada en la fresca hierba, rodeada de hermosas flores y unos árboles tan altos que casi no se veía la copa. Desde mi posición podía escuchar el sonido de un río que bajaba con fuerza por su canal. Era un lugar maravilloso pero cada vez que intentaba incorporarme para poder contemplar ese hermoso paisaje, todo se volvía oscuro y frío. Mi cuerpo pesaba como si lo estuvieran aplastando mil toneladas de hierro y alguien me observaba escondido entre las sombras de los árboles. Tras varios intentos, cuando por fin, después de forcejear contra mi propio cuerpo, conseguía levantarme, unos fuertes brazos me sujetaban transportándome a gran velocidad a un lugar desértico, donde el calor era insoportable. A pesar de que esos brazos fuertes y cálidos me hacían daño, dentro de mí sentía una paz y seguridad que no sabría explicarte. No logré ver el rostro de esa persona, pero su aroma, su esencia, su semblante me era familiar.

―Podía ser Brian. ―Susurró Claris sin apartar la mirada de sus manos.

―No, no era Brian. Su presencia me era conocida, era como si alguna extraña fuerza nos uniera, pero no era Brian…, aunque era un simple sueño. ―Le contestó a su hermana acariciándole el hombro.

― ¿Y tu marido? Podría ser él. ―La frente de mi amiga se pobló con unas cuantas arrugas debidas a la irritación que le provocó mi pregunta, sin saber por qué, ella no contestó―. ¿Ocurrió algo más en ese sueño? ―Cambié de tema queriendo sacar un significado coherente a ese sueño.
―Sí, después de correr un largo tiempo ese ser me depositaba en el suelo, se alejaba de mí y a los poco segundos un gran alboroto de rugidos, gritos y ruidos de armaduras chocando con algo, se producían a mi alrededor. Cada vez que escuchaba eso, un dolor insoportable invadía mi cuerpo, pero la esencia de ese ser que, aunque no podía verle sabía que estaba a mi lado, me daba las fuerzas suficientes para resistir aquella tortura. Eso era lo que solía soñar en el hospital, no hay nada más que añadir.

― ¿Llegó a curarse John? ―Mi pregunta iba enfocada a aquella mañana que mi marido lo vio borracho en la calle.

―Sí―su respuesta no fue muy convincente―, regresamos a casa un viernes por la mañana y por la noche me encontraba rodeada por los brazos de Brian, que me esperaba con impaciencia. ―Dibujó una sonrisa en su cara al pronunciar su nombre.

―En algún momento ¿Has dejado de amar a John? ―Su boca se torció en un gesto de disgusto.

―No…, nunca he dejado de amar al hombre con quien me casé. Te puedo asegurar que, los días que estuvo ingresado sentí a cada instante que me alejaba más de él, me miraba en el espejo y veía su reflejo disolviéndose junto a mí, pero cuando mi corazón gritaba que regresara a mi lado, cuando le decía que me devolviera la alegría de su risa, él me llamaba desde la cama y me abrazaba con fuerza, susurrándome que me quería. Esto es muy difícil para mí Lucy―una lágrima recorrió su mejilla hasta acabar en el filo de su barbilla donde con sutileza se la limpió. Su corazón palpitaba como si estuviera ahogándose por la inseguridad y el lamento que estaba pasando en esos momentos―. Amo a los dos, John me da su cariño, pero Brian me lo da todo…, todo. ―No pudo aguantar más esa angustia que la estaba matando y rompió a llorar.




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