Vida entre dos mundos Lucy Grey 1° Entrega

REALIDAD O FICCIÓN

REALIDAD O FICCIÓN

― ¿Cómo se encuentra hoy la princesa de mi corazón? ―me susurró mi marido en el oído dedicándome dulces caricias por la espalda―. Es hora de levantarse, cariño.

―Un poco más. ―Mis manos rodearon su cuello obligándole a que se tumbara a mi lado. La noche no fue buena a causa de los vómitos ocasionados por mi embarazo y no podía abrir los ojos del mismo cansancio que tenía.

―Tenemos que ir al médico, no podemos llegar tarde, además hoy nos dirán lo que es…, venga, cariño ―sus tiernos labios comenzaron a juguetear por mi cuello produciéndome unas cuantas cosquillas ocasionadas por la corta barba que le estaba creciendo―. Venga, no te hagas la remolona. ―resignada me levanté de la cama aun con los ojos cerrados―. Voy a prepararte el desayuno, cuando esté quiero que tú también estés lista. ―Le dediqué una enorme sonrisa sarcástica tirándole una almohada a su vez.

Él se limitó a sacarme la lengua en forma de burla y después de dejar la almohada encima de la cama salió de la habitación con esos andares provocativos que me volvían loca.

 

Habían pasado seis meses desde que ese demonio matara a mi mejor amiga y mi corazón, aún no habían superado lo ocurrido. Desde aquel fatídico día mi cabeza no podía descansar ni un solo momento pensando en la dulzura de Claris, en su ternura, en su hermosa cara, en esos días vividos juntas, en la compañía que solíamos darnos cuando nos sentíamos solas. Cada vez que cerraba los ojos la veía a ella en el último estado en que la encontré, casi sin vida, luchando por obtener el último suspiro de aire. No podía seguir soportándolo. Estaba agotada y mi mente no aceptaba querer apartar a Claris y dejarla en el pasado. Noche tras noche tenía la misma pesadilla, esa pesadilla que experimenté en mi vida, su muerte, aun por mucho que Tracy me dejara ver que estaba bien. Añadiendo a esto el mal embarazo que estaba sufriendo. Pero mi marido, que en esos momentos tan difíciles para mí lo único que le importaba era yo, se había convertido en mí y gracias a su apoyo y su amor supe sobrellevar la situación.

 

También habían pasado seis meses en los cuales no supimos absolutamente nada de John. Ese hombre despreocupado borracho que no supo cuidar de su mujer y que tampoco tuvo el valor de ir a su entierro, dejándome a mí, toda la organización de los funerales. Dejándome a mí porque era lo único que tenían mis amigas en esos momentos. No supimos nada de él hasta ese mismo día.

Mientras me vestía con mi nuevo conjunto color fucsia de premamá que me regaló Kevin la tarde anterior, llamaron a la puerta insistentemente.

 

―Voy yo, cariño. ―Le dije a mi marido que se encontraba ocupado preparándome el desayuno, acababa de ponerme la última prenda de vestir.

―Vale. Espero que estés vestida porque el desayuno ya lo tienes preparado. ―Gritó con mucho ánimo desde la cocina.

―Sí, mi amor, ya estoy lista. ―Se me escapó una risita impetuosa.

Con pasos ligeros llegué hasta la puerta de entrada donde el timbre no paraba de sonar con persistencia. Me puse algo nerviosa, pero supe controlarme antes de gritarle a la cara unos cuantos insultos a esa persona que se había quedado con el dedo pegado al timbre. Al abrir la puerta con algo de furia por el molesto sonido de la campana, mi cuerpo quedó petrificado al ver que al otro lado se encontraba John con un aspecto lamentable, sus ropas estaban rotas y su olor era puro alcohol.

 

―Hola, John. ¿Qué haces aquí? ―Mi voz sonó temblorosa al ver su cara tensa, sus manos formando un puño con las venas a punto de estallar y sus ojos inyectados en pura rabia.

― ¿Qué le has hecho a mi mujer? ―Susurró con los dientes apretados y los ojos fuera de órbita.

―Nada yo…, Kevin.

Fue lo primero que mis labios pronunciaron al notar como el pánico emanaba dentro de mí. Necesitaba a mi marido en ese momento más que nunca ya que mis brazos no estaban captando la orden de cerrar la puerta, el aspecto de John me causaba miedo y deseaba alejarme de él.

Tras hacer amago de alejarme y sin percibir el rápido movimiento de John, pero sí notando la fuerza de su mano alrededor de mi cuello, fui estampada contra la pared que se encontraba a mis espaldas, tirando por el suelo el pequeño recibidor lleno de adornos.

 

― ¿Qué le has hecho a mi mujer? ―Volvió a decir, pero esta vez con un tono elevado de voz dejando ver su ira.

Su fuerza alrededor de mi cuello me estaba asfixiando, mis pulmones me estaban arañando por dentro debido a la falta de oxígeno. Mi cuerpo se elevó unos centímetros del suelo; cosa que no entendí bien, ¿cómo un hombre tan enclenque como era John podía elevarme con una sola mano estando borracho?

― ¿Qué la has hecho a mi mujer? ―Gritó aun más fuerte causándome más dolor en mi garganta. Mi lucha por deshacerme de sus manos era en vano.

En el preciso momento en que mi vista fue nublándose a causa de la presión que ejercía John en mi cuello, Kevin surgió de repente por detrás de él propinándole un fuerte empujón. John cayó al suelo dándose un gran golpe en la espalda.

 

―No vuelvas a tocar a mi mujer sucio borracho―le gritó mi marido con mucha ira y apuntándole en la cabeza con la pistola―. Sal de mi casa, ya. ―Le volvió a gritar acercándose a él sin bajar el arma.




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