Desacomodado habito esta vida que me ha tocado,
perdido en el quién soy, el rumbo que he olvidado.
Un dolor acumulado me habita por dentro,
solo yo conozco la fatiga de mi lamento.
Solo yo sé lo que me falta en este sendero.
¿Es normal sentir que el alma se estremece?
¿Que la luz de mi existencia lentamente se apaga?
Somos seres de sentir, de lágrimas y de frustración,
no es debilidad, sino que todos tenemos nuetro límite.
Buscamos esa mano que nos brinde la paz serena,
que disipe la sombra y nos traiga la dicha plena.
Y así, intentamos llenar un vacío con ausencias,
pieles que nos esclavizan, y sentimientos con carencias.
La vida es ruleta rusa, giro incierto y cruel,
sin saber cuándo el disparo final nos llrgsra.
Cuando una relación se quiebra, es arduo restaurar,
algo inevitable que pasará, sin poderlo evitar.
No nacimos para semillas, la tierra nos es ajena,
trabajamos de sol a sol por una vejez que tal vez nunca llegará.
Olvidamos el ahora, el instante que se nos va,
disputas con quienes amamos, rencores que no se irán.
Lloramos, reímos, pensamos, nos dejamos llevar,
por emociones que la vida no perdona al pasar.
Erramos con facilidad, y a otros, los juzgamos sin piedad.
Opinamos en vidas ajenas, la nuestra en la oscuridad.
Damos consejos con aires de sabiduría y de don,
sabiendo que ni nosotros seguimos esa misma razón.