Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Capítulo 5

El punto de encuentro era la casa de Kim. Una construcción majestuosa que, vista desde lejos, parecía el palacio de una princesa real. Sus padres, de cuello blanco, se la habían heredado. Kim no tenía ninguna necesidad de trabajar. Su familia poseía el dinero suficiente para sostener al menos tres generaciones más.

Sin embargo, Kim quería algo distinto.
Quería su propio imperio.
Construirlo y moldearlo a su manera.
Tener el control absoluto de su camino.

La última en llegar fue Charlotte. Al verla, hizo una pequeña reverencia frente a Kim.

—Su majestad —dijo, con un tono burlón.

Kim dejó escapar un suspiro cansado ante la mofa de su querida amiga.

—Ahora sí podemos ponernos en marcha para ir al tiro al blanco —dijo Sam, sacando las llaves de su carro del bolsillo.

El paisaje de nubes sobre la carretera dibuja un sinfín de figuras en las que Mariam se pierde. El viaje se vuelve repetición: pinos, arbustos, flores, extensiones verdes que pasan una y otra vez frente a sus ojos. La mente deja de hablar.

La meditación se vuelve inevitable.

De pronto, deja de ver el verde.

Las imágenes cambian sin aviso. Ahora son escenas de películas de acción: armas de diferente tamaño, vestiduras ajustadas, explosiones sonoras, la adrenalina impulso constante. Todo se mueve con una claridad inquietante.

Intenta ver el rostro de la mujer que protagoniza esas escenas.

Y entonces lo entiende.

Es ella.

No es una fantasía.
Son recuerdos.

Ve sus manos manchadas de sangre el día que hirieron a Sam en la pierna. Siente el peso frío de unos collares de diamantes descansando sobre su cuello, y el gozo —culpable— que eso le provoca.

El contraste la sacude.

Violencia y lujo.
Miedo y placer.
Todo le pertenece… aunque no lo recuerde.

Mariam nunca había estado en un tiro al blanco. O eso creía.
Porque al entrar, su cuerpo reconoció el espacio: supo qué lugar ocupar y qué arma tomar.

Sin chistar, fue la primera en colocarse la protección, cargar el arma y apuntar.

Miró con precisión su objetivo.
Apretó el gatillo.

El disparo le estalló en los oídos y le golpeó el pecho, directo al corazón.

—Perfecto —celebró Sam, con un tono de satisfacción.




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