—Claro, claro, siempre tienes razón —dice Damián de mala gana, antes de darle un sorbo a su cerveza.
Matthew le apoya una mano en el hombro.
—Sé que te cuesta que sea yo el líder, pero así son las cosas. ¿O prefieres que sea tu novia rubia? —añade con burla, guiñandole un ojo a Logan.
Alan y Logan sueltan una risa breve.
Damián se encoge de hombros.
En la pantalla del televisor del bar se transmite un partido de fútbol americano, inaudible. Alan lanza un comentario al respecto.
—Les recuerdo que tenemos práctica el próximo fin de semana —dice, señalando el televisor.
—Sí, debemos continuar con nuestras vidas “normales” —se burla Logan.
—Ya —responde Matthew, cortando la conversación.
El silencio se prolonga entre el grupo, cada uno inmerso en sus propios pensamientos, hasta que un sonido de notificación lo interrumpe.
—Tenemos una misión mañana en la noche —dice Matthew, sin apartar la vista del celular.
Damián abre su maleta, saca la laptop y la enciende.
—Necesito más información.
Matthew se la envía sin decir nada.
—Muy bien, ya hacía falta un poco de diversión —comenta Logan, antes de darle otro sorbo a su cerveza.
Matthew bloquea el celular y levanta la vista.
—El punto de encuentro es una casa en las afueras —dice—. Propiedad privada. Zona residencial alta.
Damián teclea, verifica información.
—Seguridad pasiva —murmura—. Cámaras, sensores de movimiento. Nada que no pueda sortearse.
Alan frunce apenas el ceño.
—¿Habitada?
—Sí —responde Matthew—. Pero mañana por la noche no, estará vacía.
Logan sonríe.
—Perfecto. Ya quiero estrenar mis juguetes.
Alan arquea las cejas.
—Un momento. ¿Y qué haremos con las chicas si aparecen?
Logan se inclina hacia atrás, relajado.
—¿Te asusta un par de chicas?
Alan niega despacio, con cansancio en la mirada.
A la mañana siguiente, entre los casilleros de la universidad, Logan está apoyado junto al de Damián.
—¿Crees que eso será un problema más adelante? —pregunta Logan mientras acomoda sus libros dentro del casillero—. Porque, de ser así, habrá que encargarnos.
—No —responde Damián—. ¿Qué tanto escarbas en ese armario? —suelta una risa burlona—. ¿Acaso buscas tus neuronas?
—Creo que dejé mis libros de Biología.
—Es ridículo. Ya en especialización en Medicina deberías saberlo de memoria.
Logan por fin se gira, libro en mano.
—¿Y tú cuándo te vas para el equipo antibombas? ¿O te inclinas más por el lado del terrorismo?
Por el pasillo rumbo a los salones, Mariam camina de la mano de Sam. Suelta una carcajada, se le ruborizan las mejillas, sorprendida y apenada, se lleva las manos a la boca.
—Mira quiénes están por allá —dice Logan en voz baja—. ¿Crees que saben algo del encargo de hoy?
Damián apenas desvía la mirada.
—Es posible. Pero no es problema —responde con seguridad—. Llegaremos primero.
—Sí. Les he enviado un dato incorrecto.
Logan y Damián sienten un escalofrío recorrerles la espalda al oír la voz de Matthew. No habían notado en qué momento llegó.
—Interferí el celular de Kim —continúa Matthew, sin apartar la vista de las chicas al final del pasillo.
A lo lejos, cerca de la cancha, está Alan. Tropieza con Charlotte, que camina absorta en su celular.
—Disculpa, no me fijé —dice Charlotte de forma casi automática, sin levantar la vista.
—Está bien. A una chica hermosa se le perdona todo —responde Alan, sonriendo, intentando ser seductor.
Charlotte alza la mirada. Por un segundo lo fulmina con los ojos, pero no puede evitar sonreír al final. Se pasa una mano por el cabello, lo mueve con ligereza, y continúa su camino hacia el final del pasillo, donde la esperan las chicas.
Alan la sigue con la mirada. Tiene el impulso de ir tras ella, da dos pasos al frente.
Logan lo nota.
Antes de que pueda continuar, un silbato corta el momento. El descanso ha terminado. Debe volver a la cancha a jugar.