Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Capítulo 3

Los estudiantes universitarios entran en la época de exámenes semestrales.
Algunos optan por ir de fiesta y beber hasta perder la conciencia en reuniones banales de fraternidades, muy pocos se quedan estudiando.

—Yo debería estar rascada, sacudiendo mi cuerpo en medio de un tumulto de gente que no conozco, mientras suena una canción estúpida —refunfuña Sam—, en vez de estar aquí, enterrada entre libros… y sus caras.

—¿Y quién dice que no lo haremos? —responde Charlotte—. Solo hemos priorizado las cosas. Ya luego festejaremos.

Charlotte pasa una página con total convicción… aunque en realidad está mirando Pinterest desde su celular.

—Mariam, ¿puedes pasarme el trozo de pudín que tienes a tu izquierda?

—¡Hey! Todas estamos “leyendo” y perdiendo el tiempo pensando en cuál será el próximo outfit —refuta Mariam, con mala cara—. Aquí tienes tu postre.

Las tres se miran.

Charlotte toma un sorbo de té para bajar el pudín, suspira apenas.

—De acuerdo… iremos a esa dichosa fiesta.

Al llegar, la fiesta está en su apogeo. Hay alcohol por todos lados, cajas de cigarrillos abiertas y un alboroto en una esquina: un grupo de chicos tan ebrios que ninguno recuerda ya el motivo de la pelea.

Kim observa el desorden por encima de los hombros de la multitud. Suspira y hace una leve mueca con los labios.

Antes de que pueda decir algo, Sam aparece por detrás con dos cócteles en la mano.
—Propongo un brindis —dice—. Por nuestra caótica amistad.

Todas toman un sorbo.
—¡Salud!

La música retumba.

Mariam se gira en dirección a la pista de baile y choca con alguien.

Cabello rubio. Piel clara.

Alza la vista.

Ojos verdes.

Logan.

El ruido de la fiesta se vuelve lejano, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

—Tú… —dice Mariam, seca.

Logan no responde. Sonríe apenas.

Mariam continúa su camino y, al pasar, empuja a Logan con el hombro sin mirarlo siquiera.

Logan gira. La sigue con la mirada desde lejos, los labios tensos.

—Demasiada amargura en un cuerpo tan pequeño —murmura.

—O demasiado interés —responde una voz a su espalda.

Logan siente un hormigueo recorrerle la columna. No esperaba a Matthew tan cerca.

Antes de que pueda responder, los demás chicos se acercan, cervezas en mano, ocupando el espacio a su alrededor.

Del otro lado del salón, Sam sujeta a Charlotte del antebrazo antes de que avance.

—Aquí no, Charlotte —dice en voz baja—. Ya tendremos tiempo de vengarnos de esos inútiles. Disfruta la fiesta… mira cómo lo hace Kim.

Señala alrededor, buscando entre la multitud. Frunce el ceño.

—¿A dónde fue Kim?

Charlotte exhala con fuerza, el enojo todavía hirviendole en el pecho. Aprieta la mandíbula, pero no insiste.

Sam tenía razón.
Este no era el momento.




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