Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Capítulo 4

La música está a todo volumen. Los jóvenes disfrutan cada canción, agitan los cuerpos, alzan botellas.
Una fiesta banal, típica de universitarios.

Entonces ocurre.

Una explosión se escucha a lo lejos.
Un sonido seco, brutal.

El ambiente se apaga de golpe.
La luz se va por unos instantes.

El silencio no es inmediato.
Primero vienen los gritos. Luego, la confusión.

Charlotte y Matthew corren hacia la salida. Empujan la puerta y llegan a la terraza.

Desde allí lo ven.

La ciudad arde a lo lejos. Se oyen disparos, sirenas, explosiones, están atacando la ciudad.

Charlotte y Matthew se miran.
No hay sorpresa.
No hay dudas.

Asienten sin decir una palabra.

Regresan donde están los suyos. A su alrededor, los estudiantes corren, gritan, buscan refugio. Algunos se agachan. Otros se empujan. Nadie entiende nada.

Ellos sí.

Mientras el resto huye,
ellos avanzan.

Y toman el camino directo hacia la ciudad.

A través de los comunicadores, las voces se cruzan.

—¿Qué demonios está ocurriendo? —pregunta Sam desde el auto, mientras hunde el pie en el acelerador.

—Aún no lo sabemos —responde Charlotte—, pero lo estamos averiguando.

Teclea con rapidez en la laptop. En busca de datos. Luego alza la vista hacia Matthew, que conduce con la mandíbula tensa.

—Matthew tiene una teoría —añade—, pero necesito confirmarla.

Logan acelera para dar rapar una curva,

—¿Tienes alguna idea de que está pasando?—pregunta mariam mientras se sujeta el broche de seguridad. —¿Quien ha iniciado este ataque?

—Me temo que si, se quien es— contesta Logan con la mirada fija en el camino.

Logan acelera y derrapa al tomar una curva.

—¿Tienes alguna idea de qué está pasando? —pregunta Mariam, aferrándose al cinturón de seguridad—. ¿Quién inició este ataque?

Logan no aparta la vista del camino. Sus manos se tensan sobre el volante.

—Me temo que sí —responde al fin—. Sé quién es.

No dice más.

Logan se lleva la mano al comunicador y activa el micrófono.

—¿Tenemos autorización para ejecutarlo? —pregunta.

—¿Estamos seguros de que es él? —interviene Alan, mirando a Damián desde el asiento del copiloto.

—Daría mi vida a que está cumpliendo su amenaza —responde Damián, mientras estaciona el auto en una esquina oscura.

—Tu vida no vale nada —replica Logan, con un dejo burlón.

Un segundo de silencio atraviesa la frecuencia.

—Cada uno a su punto estratégico —ordena Matthew—. Mantengan posición y esperen instrucciones.

La comunicación se corta.

¿Ejecutarlo? —susurra Mariam, con la garganta seca.

—No negociamos con terroristas. ¿Tú sí? —responde Logan mientras estaciona el auto y revisa sus armas.

Mariam mira a su alrededor. Las luces lejanas parpadean. El sonido de sirenas se mezcla con disparos distantes.
Su visión se nubla por un instante.

Respira hondo. Una vez. Dos.

Puedo morir.




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