Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Acto III - Sincronía- Capítulo 1

Desde una torre de control, observando el caos que él mismo ha desatado, Derek contempla la ciudad arder.

Las sirenas, los incendios y los disparos son música para él.

Una sonrisa de satisfacción se dibuja en su rostro… hasta que Blake aparece a su espalda.

—Están aquí —dice.

Derek no se gira de inmediato.

Se limita a acomodar las mangas de su traje con calma. Luego pasa una mano por su cabello rojizo, peinándolo hacia atrás, como si se preparara para una cita y no para una guerra.

—De acuerdo —responde al fin—. Prosigamos.

Avanza por el pasillo con paso seguro.

Hombres armados se alinean a su alrededor, atentos, esperando una orden de ataque. Ninguno habla. Ninguno duda.

Entre ellos aparece Kim.

Derek le dedica una sonrisa lenta, calculada.
Kim responde con un leve movimiento de cabeza, mueve su cabello con elegancia, como si el caos a su alrededor no existiera.

Caminan juntos.

Los hombres se abren a su paso, formando un corredor que los conduce hasta la puerta del ascensor.

Las puertas metálicas se abren.

Derek entra primero.
Kim lo sigue, sin mirar atrás.

Las puertas se cierran.

—Mi amenaza está por terminar. ¿Vienes conmigo? —pregunta Derek, sin apartar la vista del panel del ascensor.

Kim observa el reflejo de ambos en el acero pulido. Luego mira su reloj.

—Qué más quisiera —responde con calma—, pero debo volver con el grupo. No quiero que sospechen… todavía.

Derek inclina apenas la cabeza, pensativo.

—De acuerdo —dice al cabo—. Entonces tengo un plan para que no sospechen en absoluto.

El ascensor se detiene en el primer piso.

Las puertas se abren.

Antes de que Kim pueda reaccionar, Derek hace un gesto casi imperceptible.

Dos hombres avanzan de inmediato.

—¿Qué haces? —alcanza a decir Kim.

No obtiene respuesta.

Le colocan una capucha sobre la cabeza, le sujetan los brazos con fuerza y la arrastran fuera del ascensor.

La empujan dentro de una camioneta oscura.

La puerta se cierra de un portazo.

-

Matthew se levanta del escritorio de golpe y camina hasta la ventana. Afuera, la ciudad sigue ardiendo.

—Tengo su ubicación —dice con firmeza—. Prepárense. Carguen armas.

Charlotte ajusta los monitores y amplía varias tomas en las pantallas.

—Hay grupos de hombres armados patrullando la zona —advierte—. Entren por el lado este. Está más despejado, menos visibilidad.

Las coordenadas llegan a los comunicadores.

Uno a uno, confirman recepción.

El grupo avanza en silencio, moviéndose entre sombras, con el pulso tenso y los sentidos alerta.

Nadie habla. Cada paso los acerca al núcleo del caos.

—Hay que trabajar en equipo. Cuídense las espaldas… y contrólense —dice Charlotte por el comunicador.

Las voces responden en murmullos breves. Confirmaciones rápidas.

Damián, Logan y Mariam se reúnen en un punto estratégico. Desde allí, la torre se alza como un gigante oscuro, vigilante.

—Estamos en posición —susurra Damián.

A varios metros, Sam y Alan se mueven a la vista, sin esconderse demasiado. Avanzan por una calle lateral, haciendo ruido a propósito, exponiéndose lo justo.

Los primeros disparos no tardan en llegar.

—Contacto al frente —informa Alan, corriendo—. Nos tienen.

Mientras la atención se concentra en ellos, Logan señala hacia la estructura trasera de la torre.

—Ahora.

Se mueven rápido, pegados a los muros, subiendo por la parte posterior. Mariam siente el pulso en las sienes, pero no duda. Sus manos saben qué hacer incluso antes de que ella lo piense.

Un guardia aparece en la escalera.

Logan actúa primero.

Un disparo silenciado. El cuerpo cae sin hacer ruido.

Mariam traga saliva.

No hay tiempo para procesar.

—Sigan —ordena Damián—. Tenemos pocos minutos antes de que se den cuenta.

Desde el comunicador, la voz de Charlotte vuelve a colarse, más tensa que antes.

—Muévanse rápido… algo no me gusta de este lugar.

Y por primera vez desde que comenzó el operativo, nadie responde con seguridad.

Al entrar, se encuentran con Kim atada, una capucha cubriéndole la cabeza, dos hombres sujetándola con fuerza. Tres más les apuntan directamente.




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