Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Capítulo 2

—Debes apretar con fuerza aquí —le dice Logan a Kim, presionando la pierna de Mariam.

Kim asiente, con las manos manchadas de sangre.

—Está en los pisos de arriba. Si llega a la azotea, se escapará —advierte Damián.

Logan corre hacia él y ambos continúan tras Derek.

Suben por las escaleras de emergencia; el ascensor no está funcionando.

—No llegaremos —dice Logan, ansioso.

—Tenemos que hacerlo —responde Damián con determinación.

Desde la base de control, Matthew advierte a Alan. La respuesta llega de inmediato, se han quedado sin municiones.

Matthew da la orden de abortar la misión, en las pantallas ve cómo más hombres armados se acercan para rodearlos y terminar con Sam y Alan.

Sin pensarlo, Charlotte toma un arma y sale corriendo hacia las escaleras.

Matthew hace lo mismo.

Al llegar a la azotea, Derek saca de su bolsillo un aparato electrónico con un botón rojo. Pasa el pulgar sobre él, acariciándolo.

—Este mensaje sí llegará al Estado —susurra, sonriente.

Desde el helicóptero, Blake le grita:

—Es hora de irnos —dice mientras deja caer una escalera—. Hazlo y vámonos.

Derek está a punto de presionar el botón cuando alza la vista hacia la puerta de la azotea. Damián y Logan irrumpen con las armas en alto.

Damián le apunta directo al pecho.

—Creo que ahora deberías preocuparte por algo más importante.

Derek sonríe y presiona el botón.

El sonido es inconfundible.

Un pitido. Conteo regresivo.

Damián lo reconoce al instante: el edificio tiene una bomba madre.

—¡Maldición! —grita Logan.

Derek sube varios tramos de la escalera y el helicóptero se eleva, perdiéndose en el cielo negro.

Damián y Logan corren de regreso al interior del edificio.

—¡Salgan del edificio! ¡Hay una bomba! —grita Logan por el comunicador.

—No puedo —responde Kim, jadeando mientras intenta sostener a Mariam—. No puede mantenerse de pie.

Logan mira a Damián.

—Yo encontraré la bomba y la desactivaré —dice Damián, sacando un artefacto de detección—. Tú evacúa el lugar.

Logan asiente y corre hacia donde están las chicas.

Matthew y Charlotte llegan hasta donde están Sam y Alan.

Se miran entre sí. Asienten.

Matthew lanza un par de armas. Alan las atrapa y le pasa una a Sam. Ella sonríe.

Empiezan a defenderse.

El tiempo se escurre. Los minutos pasan demasiado rápido.

Quedan solo cinco.

Matthew siente cómo la ansiedad le oprime el pecho.
Piensa en el resto del equipo.

—¿De verdad crees que podrás desactivar la bomba a tiempo? —pregunta Matthew mientras recarga el arma detrás de un auto.

—Estoy en ello —responde Damián, usando el dispositivo como radar para localizarla—. No tengo opción.

El aparato emite un pitido constante, cada vez más rápido. Está cerca del núcleo.

Damián se lo guarda en el bolsillo y entra a una habitación. Apunta primero, asegurándose de que no haya nadie.

Abre las cajas metálicas.

Ahí está.

3 minutos.

Luego de bajar las escaleras, Logan encuentra por fin a las chicas. Va directo hacia ellas. Revisa de reojo a Kim, asegurándose de que esté bien, y luego carga a Mariam en brazos.

—¿Y Damián? —pregunta Kim, caminando a paso acelerado hacia la salida.

—Se está haciendo cargo de la bomba —responde Logan, mirando alrededor con cautela, atento a cualquier movimiento.

—No… hay que ir por él —refuta Mariam, gimiendo de dolor.

—Lo hará bien —dice Logan, más para convencerse a sí mismo que a ellas.

Matthew alcanza a ver a Logan con las chicas y se adelanta unos pasos para hacerse visible. Ellos se dirigen hacia él.

—¿Están todos fuera? —pregunta Damián por el comunicador, con varios cables en las manos, intentando descifrar cómo desactivar la bomba.

—Sí, estamos aquí. Por favor, regresa a salvo —le suplica Matthew, con la voz tensa.

Un minuto.

—No te pongas sentimental —responde Damián—. Necesito que salgan del área. Esta bomba es profesional, de gran magnitud. Vayan al refugio de siempre.

Mira el temporizador.

Ahora solo quedan segundos.

Nadie se mueve.
Todos esperan la respuesta de Damián.

Kim piensa en el cable verde.

Damián toma el cable verde y comienza a cortarlo con extrema delicadeza.




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