Vidas en espejo. El lugar que alguien dejó

Capítulo 3

A la mañana siguiente, Mariam despierta en un consultorio. Observa a su alrededor y vuelve a cerrar los ojos por un instante.
La noche regresa en fragmentos: el disparo, el impacto en su pierna, el calor atravesándole el muslo.

Respira hondo.

A su izquierda está Logan, medio dormido en una silla, con la ropa sucia y arrugada, la cabeza ladeada hacia atrás. Parece no haberse movido en horas.

El celular vibra. Mariam lo toma de la mesita junto a la camilla.
Es un mensaje de Sam, avisando que llegará más tarde a visitarla.

—Estás despierta —dice Logan al notar el movimiento. Se incorpora de inmediato—. Me alegra que estés bie—

No termina la frase.

El cuerpo de Mariam se tensa de golpe. Sus músculos se contraen sin control. Convulsiona y cae contra la camilla.

—¡Mariam! —grita Logan.

Llama a los médicos mientras intenta mantenerla consciente, revisa su respiración, presiona el botón de emergencia.

En el reflejo de la ventana, algo no encaja.

Mariam se ve a sí misma… pero distinta.

Su cabello es marrón. Su piel, canela. Su rostro está cubierto de pecas.
Está acostada en otra camilla, en otro hospital.

A su lado, una mujer mayor la sostiene con desesperación, el rostro lleno de lágrimas.
Los médicos retiran tubos, cargan el reanimador, se mueven con urgencia.

—Por favor, mi niña… no nos dejes —suplican entre sollozos—. Quédate conmigo.

La esencia de Mariam se fractura.

Dos cuerpos.
Dos vidas.
Dos llamados.

Y una sola decisión.

¿Dónde quedarse?

Al no ver que los médicos se acercan de inmediato, Logan toma el control.

—Mariam… quédate conmigo —repite, una y otra vez, mientras intenta reanimarla.

El cuerpo de Mariam permanece inmóvil.
No hay pulso.

Logan toma el reanimador y lo acciona con desesperación.
Nada.

—¡Mariam, responde! —su voz se quiebra.

La esencia de Mariam flota, aturdida. No sabe hacia dónde ir. Todo es confuso, distante.

Entonces lo siente.

Los labios cálidos de Logan.
El aire entrando en sus pulmones.
El oxígeno forzándola a volver.

Mariam despierta de golpe, ahogándose, incorporándose con un jadeo violento.

—Mamá… —susurra, sin darse cuenta.

Logan la sostiene de inmediato. Lleva sus manos al rostro de Mariam, aparta con cuidado el cabello de su frente.

Sus ojos están llenos de alivio.

—Creí que te había perdido —dice, con la voz baja, rota… sincera.

Llegan los médicos y toman el control de inmediato. Rodean la camilla, revisan monitores, ajustan suero y dan indicaciones rápidas entre ellos.

Logan se aparta solo lo necesario, reacio, sin dejar de mirarla ni un segundo. Cuando uno de los médicos se mueve, él aprovecha para acercarse de nuevo al costado de la camilla.

Mariam siente una mano tomar la suya.

—Estoy aquí —murmura Logan, inclinado hacia ella—. No te vayas otra vez, ¿sí?

Le acaricia el dorso de la mano, lento, constante, anclándola a ese lugar.

Mariam gira apenas el rostro. Lo ve borroso, pero lo reconoce.

Logan acerca su frente a la de ella un instante, sin importarle los médicos alrededor.

—Descansa —susurra—. Yo no me iré.




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