Valentino empezaba a perder el control de su serenidad, miraba a las hermanas y en verdad deseaba salvarla. No tenía la menor idea de cómo saber quién es la buena y quien es la mala.
«Te ayudaré, pero cuando llegue el momento de elegir a una deberás hacerlo, en ti está no equivocarte. Además, creo que ya tienes en mente quien es la buena. Mira la luna y camina hacia ella».
Valentino miró y notó que estaba más brillante que nunca.
—Vamos, una vez más.
—Vamos —repitió Mirle a su hermana.
Iban caminando cansados, desesperados por salir de allí. Los maullidos se intensificaban a cada minuto, a cada paso por llegar a la carretera.
Valentino se detuvo en seco y las jóvenes hicieron lo mismo. Él escuchó el ruido de un coche al pasar sobre la carretera.
—¿Oyeron eso? —dijo jadeando.
—Sí —dijeron las jóvenes al unísono.
Valentino miró su reloj y ya marcaba 08:59 pm. El tiempo iba con demasiada rapidez.
—Un poco más y saldremos de esta pesadilla —dio un paso y fue detenido bruscamente.
«Es momento de juzgar, la buena podrá salir sin problemas y la otra se quedará».
—No —dijo Valentino mirando arriba hacia los árboles que se movían con frenesí y las hojas caían. Las gemelas observaron las hojas—. Deben ser las dos…
«No fuiste capaz de hacer que la mala olvide sus malas intenciones».
Valentino aterrizó su mirada en ellas, tenía el ceño fruncido. Su enojo y desesperación provocó temor en ambas. Él se acercó sin dejar de mirarlas a los ojos y sin dejar de fruncir el ceño. Su respiración era irregular.
—Todo esto que han vivido no es algo normal, yo estuve aquí una vez, y alguien quiere algo de ustedes, por eso no han podido salir y mientras no le den lo que él quiere, jamás saldrán —hizo una pausa—, al menos, no juntas.
Valentino no tenía miedo a estar en ese lugar con primitivo o quedarse, su misión es salvarlas, demostrar a Primitivo que ellas son buenas y que son muy jóvenes para que sean juzgadas como lo hacía Primitivo. El miedo era equivocarse en su elección y condenar a una de ellas, quizá no estaba listo para llevar una muerte en su conciencia, no otra.
Valentino pensó de nuevo: «¿Cuál de ustedes es la mala y tiene pensamientos malos? Deben decirme o van a morir aquí».
«No puedes hacer eso».
Valentino no pudo soltar ni una sola palabra que vaya directo a la redención.
«No funciona así, aclarecer el corazón y la mente debe ser natural, una elección espiritual que uno mismo decide».
Valentino peleaba con sus cuerdas vocales y con su boca, las venas aparecieron en su frente y el rostro se le puso colorado. No aguantó más la presión, sentía que en cualquier momento se desmayaría, si pasaba habrá perdido mucho tiempo como antes. Olvidó en decir esas palabras y cualquiera que interfiera con el autorreconocimiento de su propia maldad, pudo respirar y su boca dejó de sufrir presión.
—¿Te encuentras bien? —dijo Verónica.
Valentino cayó de rodillas agonizando.
Verónica se inclinó para ayudarlo.
—Estoy bien, estoy bien.
Valentino se reincorporó.
—¿Quién es y que quiere? —preguntó Mirle con intriga.
El maullido fue estridente.
—Quiere a una de ustedes por ser m… —Valentino sintió nuevamente la presión de su mandíbula y soltó un gemido de dolor.
—¿Qué te ocurre? —preguntó con preocupación Verónica.
Mirle quería comprender lo que pasaba.
«¿Qué debo hacer? ¿Cómo hacer que confiesen quien es la mala y la buena? No sé qué hacer», pensó Valentino.
Esa decisión lo estaba agotando y le empezaba a provocarle dolor en la sien.
«Juzga, Valentino»
Valentino estuvo recordando quien de las dos ha estado actuando de manera buena, todas las señales indicaban que Verónica era la buena y Mirle la mala. Las miraba una por una con el rostro aterrado. Y ellas marcaban un rostro de inocencia sin comprender lo que le ocurría a él.
—Tú vendrás conmigo —indicó con la cabeza a Verónica—. Mirle, quédate aquí. Regresaré por ti, te lo prometo —esa última palabra la dijo sin pensar, se había jurado que nunca más volvería a prometer algo que no pudiera cumplir, como no pudo cumplir su promesa de cuidar a su familia.
Mirle se quedó parada y Valentino avanzó.
Verónica se alejaba sin dejar de mirar a su hermana.
—Saldrás —agregó Verónica.
Mirle sin comprender del todo, obligaba a su mente a analizar la situación y de las palabras que Valentino había dicho hasta ahora: … yo estuve aquí una vez, y alguien quiere algo de ustedes, por eso no han podido salir y mientras no le den lo que él quiere, jamás saldrán…
—¡Estaré bien! —dijo Mirle a Verónica mientras veía como su mejor amiga y hermana, se alejaba.
Valentino y Verónica vieron la carretera, cruzó un coche a altas velocidades.
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Editado: 15.06.2026