Vidas Inexplicables

IV Milpa de Semillas (Parte V)

—Este lugar estaba lleno de vida. Todo era bello y yo solo era una niña. Recuerdo tener diez años cuando todo cambió. El cenote era el lugar donde los viajeros descansaban. Nuestros antepasados contaban que los viajeros del cielo llegaban a descansar. Solo venían a eso. Mis abuelos, mis padres y todos los del pueblo decían que los viajeros habían buscado otro lugar donde descansar, pues hace muchos años que ya no venían —hizo una pausa para humedecer su garganta—. Pero, cuando tuve diez años, una luz bajó con rapidez del cielo, justo donde se encuentra el cenote. El abuelo mayor del pueblo fue a darle la bienvenida y todos nosotros lo acompañamos. El abuelo mayor se inclinó y todos hicimos lo mismo. El viajero salió de un armatoste metálico muy brillante. Nos levantamos y allí estaba él. Más tarde escuché que los ancianos decían que era diferente a los que habían venido antes, según historias de las personas antiguas del pueblo.

El abuelo mayor se presentó y el viajero dijo que venía de Erkuna, un planeta alejado que había sido destruido, y que su tribu se llama los nelukanes.

Valeria no sabía si aquello era una broma o una historia barata para cubrir todo lo extraño que ella había visto hasta ahora.

—El viajero nos enseñó muchas cosas. Mi madre fue la que estuvo más cerca de él, pues ella era la curandera de nuestro pueblo y yo, al ser la hija, estuve junto a ellos. Aprendí algunas cosas y nos dio salvación —hizo de nuevo otra pausa. Los ojos de la niña se paseaban por todo el lugar mientras escuchaba la historia—. Algunas sequías nos estaban azotando, pero el viajero nos entregó bolitas de color azul, como si fuesen pequeños cielos en nuestras manos. Los campesinos las colocaron en la tierra y pronto nuestros cultivos dieron frutos; pero era más que eso, los frutos eran más grandes, el doble o triple de su tamaño normal. Fue un error aceptar todo eso… Ya era demasiado tarde cuando nos dimos cuenta de que estábamos encerrados en el pueblo y que nadie podía salir. Una noche, todos los hombres desaparecieron, incluyendo a los niños, dejando solo mujeres. Y desde ese día, las mujeres solo sirven para dar vida. Para dar hijos al viajero.

Valeria quedó en shock al escuchar parte de la historia. Cambió levemente su postura para sentirse un poco más cómoda.

—¿Y qué pasó?

—El viajero dijo que era momento de devolver la ayuda. Al caer la noche, el viajero copula con las mujeres contra su voluntad para engendrar su semilla. Y los bebés nacen cada ciento veinte noches. Después de eso, él espera un par de noches para volver a engendrar su semilla. En las ruinas de nuestros antepasados es donde se oculta y tiene cientos de semillas. A los defectuosos se los come y algunos, como estos niños, logran escapar.

Valeria miró a los niños que dormían y a la niña.

—¿Cómo?

—Si el bebé está defectuoso, se los come. Pero si el bebé tiene algo extraño, lo arroja para que se muera. Inservibles —dijo a secas.

Valeria comprendió que esos niños están vivos de milagro y gracias a que salieron, defectuosos.

—¿Para qué hace todo eso el viajero?

—El viajero le contó a mi madre que su planeta había sido destruido, llegando a su fin. Muchos murieron y los pocos que sobrevivieron buscaron alternativas para sobrevivir. Él dijo que varios de ellos se fueron a diferentes mundos en busca de vidas para repoblar y crear un planeta nuevo de nelukanes.

Yo vi las semillas en cápsulas negras y vi que, después de mil noches, vienen por las cápsulas. Y cambian de viajero. Tengo cerca de noventa años y, desde ese entonces, ellos se han llevado cientos de sus semillas.

Valeria no estaba segura de la anciana; estaba dudando de la historia. Consideraba que eso no era posible.

—¿Es difícil de creer? —dijo al fin la anciana—. Justamente hoy las madres darán a luz a las semillas y mañana por la noche se cumplirán las mil noches y sucederá lo inimaginable para ti.

—No lo sé, señora. Nosotros nos iremos por la mañana, así que yo…

—Tu destino es estar aquí.

—No comprendo. De hecho, no comprendo nada de lo que me ha contado hasta ahora.

—Es normal. ¿Quién le va a creer a una anciana que vive como conejo en una madriguera?

Valeria se limitó a escuchar.

—Tu hermana vino a este lugar, conoció a mi niña; era el destino. Han pasado muchos años desde que alguien vino a este lugar. Pero el viajero no está interesado en ti porque le puedas dar semillas, sino porque quiere evitar que salga a la luz lo que está pasando aquí. Y es justamente lo que hizo con tu hermana, silenciarla —hizo una pausa breve. La niña respiraba con tranquilidad—. El viajero también duerme, y lo hace después que copula con las mujeres. Y la razón por la que tu hermana pudo salir de aquí, fue porque él dormía, yél no tiene control sobre las personas que no son de aquí.

—No entiendo.

—Ninguna mujer del pueblo puede escaparse, ni siquiera yo. Estos niños aún tienen una oportunidad. Y deseaba que tu hermana los llevara. Pero no se pudo, ella se fue. Y después… vi en mis sueñas que ella murió —dejó que las palabras se desvanecieran a su ritmo—. De alguna forma el viajero lo hizo; lo he pensado muchas veces y no entiendo cómo. Ella no vio las semillas ni al viajero; tu hermana estuvo y se fue mientras él dormía… No entiendo cómo sucedió.

—Ella me contó de este lugar y también me dijo que soñaba con una silueta, una sombra que le hacía daño en sus sueños. Y, al fin ella murió en un accidente de auto. No creo que haya sido el viajero.

—Los accidentes a veces son consecuencias disfrazadas de coincidencias —hizo una pausa—. La realidad es que tú has venido porque el destino así lo quiso. Tal vez sea para detenerlo o para salvar a estos niños.

—No creo que yo sea esa persona que usted cree.

—No puedo obligarte, pero quiero que veas la realidad. Lo que tu hermana no pudo ver.

La anciana le dijo a la niña que se levantara y que le enseñara el lugar donde las semillas permanecen intactas.




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