Vidas Paralelas

Capitulo 2. MARIO

(8 años antes)

El teniente Mario Gómez del departamento de Faldón aparcó su jeep en los alrededores del escenario del crimen. Dese dentro del vehículo podía ver a todo su equipo examinando la escena ; sus técnicos deambulaban por las montañas en busca de pruebas mientras el personal forense, vestidos con batas blancas, se ocupaban del cadáver tendido en el suelo. A causa del viento las ramas de los arboles se mecían majestuosamente sobre ellos como una telaraña. Bajó la ventanilla del coche y encendió un cigarrillo, el aire que entró en el vehículo seguía cargado de la humedad de la noche anterior y pudo percibir un olor penetrante a tierra mojada. Dio una profunda calada al cigarrillo y retuvo el humo en sus pulmones todo lo que pudo, cerró los ojos. Llevaba casi un año intentando dejar de fumar. A Evelin, su esposa, no le hacía la menor gracia el aborrecible olor que dejaba el humo en la ropa, y estaba mas que harto de escuchar sus quejas. Además, le había tocado una compañera de trabajo exfumadora, la cuál había cambiado su hábito por el de quejarse continuamente del único vicio que a Mario le era imposible dejar. Al abrir los ojos se encontró con su reflejo en el espejo retrovisor, a pesar de las ojeras seguía siendo atractivo, su mandíbula era grande y fuerte, el cabello oscuro como la media noche lo llevaba engominado y peinado hacia detrás y sus chispeantes ojos de un tono azul grisáceo estaban enmarcados por unas espesas cejas. Tras dar otra calada al cigarrillo, aunque esta vez mas rápida, lo tiró por la ventanilla con desprecio. Se masajeó las sienes con las yemas de los dedos y después los introdujo entre los mechones de su cabello negro peinándolo hacia detrás mientras se seguía mirando en el espejo retrovisor, sus brazos ondularon con el movimiento y sus esculpidos hombros se hincharon bajo la camiseta negra. Después bajó del coche, sus botas se hundieron en el asfalto y una ráfaga de aire helado le azotó el rostro. Se subió el cuello de la chaqueta y caminó con paso firme hacia la multitud. Vio como su compañera repartía ordenes a un grupo de agentes uniformados, iba vestida con un ajustado vestido de color rojo demasiado corto y unas botas de color negro que alcanzaban mas allá de sus rodillas. Era alta, sin tacones media casi igual que Mario, pero en esta ocasión le sacaba un palmo de estatura debido a sus plataformas. Mario supuso que mientras a él lo habían sacado de la cama aquel sábado de madrugada, ella todavía no se había acostado.

Cuando llegó a la escena del crimen las conversaciones cesaron y se hizo un silencio casi absoluto. Sabía que su simple presencia producía ese efecto, intimidaba a la gente; los rasgos de su cara eran demasiado afilados, demasiado marcados.

- Bienvenido a la fiesta jefe -lo saludó Susana.

- Creo que deberíais seguir hablando -ordenó mirando a su alrededor. Después se acercó a mirar el cadáver.

- ¿Habéis interrogado a los vecinos? -preguntó poniéndose de cuclillas para ver mejor el cuerpo de la chica.

- Es el mismo modus operandi - respondió Susana a su espalda.

- Interrogad a los vecinos y peinad la zona - ordenó mientras seguía observando el cuerpo mutilado del cadáver, tenía el cabello despeinado y húmedo por la sangre, la piel morada y ultrajada revelando numerosos cortes, y el cuello seccionado. Mario ignoró todo tipo de sentimiento de terror o piedad que pudiera sentir y asumiendo su propia máscara de indiferencia que lo protegía se puso en pie. Pero Susana le cortó el paso arriesgándose a sostener su mirada desafiante.

- ¿Ni tan siquiera sientes lástima?- le preguntó apenas en un susurro.

Mario no contestó, permaneció mirándola sin revelar sus pensamientos. A sus veintinueve años tenía la arrogancia que le proporcionaban sus propios logros, pero no la edad suficiente para afrontar sus imperfecciones.

- Interrogad a los vecinos - le volvió a ordenar.

- Los hemos despertado a todos -contestó Susana cambiando su tono -, la prensa se ha enterado y lo está presentando como si fuera la quinta.

Mario miró a su alrededor pensativo mientras supervisaba el trabajo de su equipo, y aunque no mostró signo alguno de haber escuchado las palabras de Susana, las sospesó. Necesitaba que la prensa difundiera la foto de la chica por si alguien la hubiera visto, pero los medios de comunicación siempre entorpecían su trabajo.

- ¿Vieron algo?

Susana inspiró profundamente y negó con la cabeza antes de contestar.

- Por ahora nada interesante.

- Pues entonces interrogadlos otra vez.

Levantó la mano en un indolente gesto sugiriéndole que volviera a su trabajo y comenzó a recitar ordenes en voz alta hasta que todos y cada uno de su equipo estuvo concentrado y en silencio en lo que debía hacer. Luego se sintió inquieto y bastante enfadado, sus peores temores se habían confirmado. Era el quinto cuerpo encontrado en apenas un año y sabía que se enfrentaba a un enfermo mental; un asesino en serie.




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