Malena abrió la puerta del coche y se deslizó detrás del volante, miró a su alrededor inconscientemente antes de bajar la ventanilla acostumbraba a hacerlo cuando salía del club a altas horas de la noche. Aunque donde vivía no tenía motivo para hacerlo. Era un barrio muy tranquilo, se consideraba muy afortunada por vivir allí; era un barrio de clase media donde los chicos pasaban la tarde jugando a la videoconsola y los padres tenían buenos trabajos; no era como el barrio donde trabajaba ella, “Sin City” lo llamaba ella, un barrio lleno de casinos, discotecas, clubs de alterne, etc.
Arrancó el coche y se dirigió al centro comercial. Dos calles antes llegar a este, quedaba un pequeño supermercado al que llevaba años yendo a comprar. Le encantaba ir allí porque no tenía nada de nuevo, ni maquinas expendedoras, ni cafetería, ni cajero automático. Era como poder estar en otro lugar fuera de la capital.
Cuando entró en el supermercado se sorprendió al ver que la dependienta era nueva, la mujer que siempre vio allí, `` Carmen´´, recordó, `` se llamaba así, ´´ era una mujer corpulenta, debería pesar unos ochenta kilos, con el pelo siempre recogido en un moño y un rostro de amabilidad, que no compaginaba con su forma de vestir, siempre con camisetas de dragones como si hubiese sido hippie en su juventud. Le pareció extraño que la chica que ahora estaba tras el mostrador fuese todo lo contrario a ella.
La joven que se quedo mirando a Malena de arriba abajo, leía una novela de “Capriccio”, la cual aparto a un lado cuando Malena se le acerco. Aparentaba unos diecisiete años, con el cabello cortó y crespo, teñido de blanco a la izquierda y de azul a la derecha, Malena se pregunto cómo consiguió el trabajo con esas crestas:
-Me encanta tu pelo,- le dijo Malena.-
-Gracias. –Contesto con una falsa sonrisa.-
-No te he visto nunca por aquí ¿verdad? Suelo venir todos los lunes a comprar.
-Empecé el jueves a trabajar.-le dijo girándose hacia la novela que acababa de dejar, parecía que tuviese ganas de volver a sumergirse en su lectura.
- Me alegro de conocerte, soy Malena.
-Yo soy Linda.
-¿Linda?- pregunto Malena-¿Cuál es tu verdadero nombre?
Linda se sorprendió ante la pregunta de Malena, hasta el momento nadie le pregunto por su nombre.
-Bueno no importa.- Dijo Malena, antes de que la chica le contestara.-Si Linda te gusta más. Malena se adentro en el supermercado por el pasillo de los detergentes y empezó a llenar el carro de compra de productos. Al llegar al pasillo de las bebidas alcohólicas, se cuestionó lo que pensaría Linda al pasarle una botella de ginebra por el escáner. Pues con toda la comida baja en calorías que llevaba solo podía significar que en casa no vivía nadie más; optó por pasar de largo dejando la botella en la estantería y salió hacia la caja, Linda seguía sentada sumergida en su lectura; dejó la novela en un cajón y se levanto al ver a Malena, esta empezó a dejar la compra en el mostrador sin decir ni una palabra, cosa que Linda le agradeció.
-Son ochenta y cinco con cincuenta.-Dijo Linda habiendo terminado de embolsar toda la compra.
Malena saco de su bolso un monedero de piel rojo de los que se abren apretando el cierre superior, extrajo un billete de cien euros y miró a Linda como pidiéndole una explicación, esta sin saber porque se las dio.
-Mi nombre es María Eulalia. –Dijo creyendo que así quedaba zanjado el asunto. Pero Malena no cambio la expresión de su rostro.
-Veras…Linda es un diminutivo…-continuó diciéndole la chica, esperando convencerla para no tener que darle más explicaciones…-quiero ser actriz y mi nombre es demasiado largo.
-Me alegro, cuando yo tenía tu edad también quería serlo.
Linda se quedo un poco aturdida, ella quería ser actriz de verdad, no como esas chicas que decían que querían ser actrices y no hacían nada para conseguirlo y acababan trabajando en películas porno.
-No, pero yo quiero ser actriz de verdad, ahora estoy trabajando en un salón de “jazz”, y canto boleros, aunque no me gustan nada ¿sabes?... A mí lo que me gusta es la música moderna. Pero algo hay que hacer, también compongo can…
-Me alegro por ti Linda,-la cortó Malena que había notado como la voz de la chica había pasado de un tono superficial a un tono demasiado entusiasmado para llegar a ser real,- pero me tengo que ir.
-Canto boleros y compongo canciones en “LA HABANA”, -Linda siguió convenciéndola con esa euforia que solo se tiene en la adolescencia de que ella quería ser actriz y no iba a terminar en un striptease. Abrió un cajón y saco un pequeño bolso, hurgó en el pero no encontró nada.-Ahora mismo no tengo ninguna tarjeta del salón de `Jazz´ en el que actúo pero es muy conocido va mucha gente famosa ¿sabes?
Malena ni tan siquiera presto un signo de atención a las últimas palabras de Linda; ya estaba a punto de salir de la tienda.
-Hasta el lunes que viene, Linda.
-S i, hasta el lunes, ya te buscare una tarjeta…
Dejo a Linda detrás del mostrador en su maravilloso mundo de ilusiones ``no tienes que convencerme de nada´´, pensó Malena. No sabía porque, pero aquella chica le recordó a ella misma cuando se mudo a Barcelona. ``pobre idiota´´ volvió a pensar. Abrió el maletero del coche y empezó a colocar las bolsas de la compra, ``yo también quería ser actriz a su edad´´.
Malena empezó a acordarse de las primeras noches que pasó en Barcelona, ``llegue aquí demasiado joven´´
Al principio se encontró sola y desdichada, pero pronto encontró trabajo en “Las Vegas”; un casino donde las camareras iban en toples y actuaban los mejores grupos de música y actores.
Como ella, la mayoría de chicas de su edad que llegaban allí se hacían bailarinas o camareras, aunque no todas continuaban como ella.
Se sentía afortunada por estar viva y llevar una vida sana, cosa que era difícil, la mayoría de bailarinas llevaban una vida difícil y estresante, por eso muchas acababan metidas en drogas, películas porno o lo que aun era peor, en la cama equivocada contagiándose de sida.