Vidas Paralelas

Capitulo 8. MARIO...

Mario salió de la comisaria a las tres y media, no le apetecía nada escuchar tonterías en la barra del bar, así que se quedo trabajando media hora más dando por hecho que no se la iban a pagar. Tampoco tenía ganas de ir a `La Habana´, ya tuvo bastante la noche anterior.

Iba caminando hacia su casa, que otra cosa podía hacer, dejo allí e jeep cuando salió por la mañana.

Respiraba con alivio el aire de la calle, aunque como si hubiese tenido que utilizar toda su energía para decidir que no iría a `La Habana´. A la vez que pensaba que ir allí era una pérdida de tiempo, pensaba que no ir y quedarse en su casa era un desierto insoportable. Cuando Evelyn estaba en casa, el se conformaba solo con mirarla, aunque ella no le hiciera ningún caso el era feliz solo con tenerla a su lado.

Se creía el hombre más afortunado de la tierra cuando tenía a Evelyn esperándolo en casa, el resto de los hombres que conocía era de los que bebían en los bares, hablaban de deportes y se volvían al paso de una mujer para mirarle el trasero. El tenía el privilegio de desear por encima de todo a la mujer que lo esperaba en casa. Primero fueron días, semanas, meses, años y siendo tanto tiempo llegó a creer que era para siempre, que sería algo inagotable: el olor de su perfume, el ruido de los platos al chocar en el fregadero, el tic-tac de su máquina de escribir…

Hasta que un día cuando llegó a casa no escucho nada, Evelyn no estaba, dejó una nota sobre la mesa del comedor en la que decía que volvería pronto. Si se hubiese fijado entonces, si hubiera advertido los lugares, las personas, las coincidencias; pero inconsciente y ciego ante lo irremediable…

Pensaba que nunca nadie la podría conquistar. Evelyn sí que volvió esa vez, y muchas otras más. En los últimos meses antes de desaparecer eran demasiadas las veces que Mario llego a casa y encontró una nota sobre la mesa. Le atemorizaba tanto la idea de que Evelyn no regresara, que al llegar a casa no le pedía explicaciones sobre donde estaba cuando se ausentaba para no provocar una discusión. Pero los últimos meses de su relación con ella vivió presa del pánico de ser abandonado.

Mario ya estaba en su casa, intentó llegar al mundo real apartando la imagen de Evelyn de su cabeza, ``Vanessa´´, se acordó de repente de ella, ``mi móvil´´, pensó.

Empezó a buscar su teléfono por todas las habitaciones, levantó los sofás y miró dentro del cesto de la ropa sucia, no lo encontró. No recordaba lo que hizo la noche anterior al llegar a casa, pero el único sitio en el que podía estar el teléfono era en ``La Habana´´, había decidido no volver allí, no quería ser el típico hombre aferrado a un bar después del trabajo; ahora tendría que volver.

Mario se despertó encogido e n el sofá y extendió los brazos gozoso, se había quedado dormido después de comer. Se levanto del sofá y entro en el baño, cogió la máquina de afeitar que Evelyn le regalo por su cumpleaños dos años antes de desaparecer. Se miró al espejo y distinguió las ojeras que tenia, únicamente había dormido media hora, pero lo suficiente para hacer desaparecer la jaqueca que arrastro durante todo el día.

Salió de casa con el pelo engominado y una camiseta de tirantes que compró antes de conocer a Evelyn, no entendía como su ropa se mantuvo durante tanto tiempo en el armario sin llegar a verla.

Cuando conoció a Evelyn fue cambiando su forma de vestir porque era ella quien le compraba la ropa, con el tiempo Mario ni tan siquiera recordaba la ropa que el compro, creía que estaría en la basura, pero cuando Evelyn ya no estaba fueron apareciendo prendas anticuadas por los rincones del armario.

Entró en `La Habana´ y en la penumbra del local no se veían más de doce personas, entre ellos viejos nostálgicos y jóvenes borrachos. Al no ver a Carmen tras la barra, paso de largo y se adentro en la oscuridad del local.

…CAPITULO 9: MALENA

Abrió la puerta del club, el local olía a rancio a causa del humo del tabaco. Llevaba más de cinco años sin fumar pero las ansias del tabaco nunca se marchaban. Respiro hondo, inspirando expirando y se impresiono al darse cuenta de que juntaba el dedo índice y corazón como si llevara un cigarrillo entre los dedos, pero más se impresionó al ver a Carmen detrás de la barra. Se acercó a ella sin saber que decir. En la barra estaban sentados cuatro muchachos jóvenes y una mujer, la mayoría de las mesas estaban desocupadas.

La mujer que estaba en la barra se quedó mirando a Malena con cara de tener pocos amigos; llevaba una minifalda roja con unos zapatos negros de tacón que hacia resaltar el color de sus piernas, blancas como la nieve sin medias y un jersey de cuello alto color granate, su cara parecía una gran luna llena con dos tizones negros a causa del maquillaje.

Malena aparto la vista de la mujer y miro a la camarera a la espera de que esta advirtiera su presencia.

…MARIO…

Era una mujer, llevaba unos vaqueros ceñidos que la hacían parecer más alta y una blusa blanca que dejaba al descubierto su escote.

Mario permaneció mirándola…tenía un dulce encanto en sus gestos, sabía que ella no lo podía ver porque se sentaba donde no alcanzaba la luz.

Observó como la mujer se sentaba en un taburete y esperaba a que Carmen reparase en ella. La mujer se pasó la mano por el cabello cogiendo un mechón y enredándolo con los dedos lo dejo caer.

Mario sabía que era un gesto estudiado desde el instituto pero que ahora lo hacía inconscientemente, los chicos que estaban alrededor de la barra se quedaron mirándola; pero ella no hizo el menor caso; sabía que era guapa y que tenia buen tipo, Mario pensó que estaría acostumbrada a ser el centro de atención de las miradas de los hombres. Aunque sin darse cuenta de que él también puso interés en ella.

…MALENA.

Carmen arreglaba las botellas de la estantería cuando al volverse vio a Malena en la barra; se acerco con una sonrisa a ella.

-Buenas noches,-le dijo-eres la última persona que esperaba ver aquí.




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