Vidas Secretas

PARTE TRES

 

AÑOS ANTES

ITALIA

 

—Mamá. —Aunque ya no era una niña, su madre era a quien siempre recurría cuando algo inquietaba su joven corazón.



—Dime, mi niña hermosa — Mientras peinaba su larga y rubia cabellera frente al espejo de su habitación.



—¡Prométeme, por favor, que cuando cumpla la edad que dicen las reglas de la familia, no voy a seguir la tradición! ¡Yo no quiero esta vida para mí ni para nadie en realidad! — no quiero manchar mis manos con sangre, pensaba la joven de escasos dieciocho años, de cabellos tan rubios como de amarillo el sol, de ojos esmeralda, tan verdes como aquellas joyas que llevaban su nombre en la bóveda de la familia, su esbelta figura era la envida de mujeres y el deseo de hombres, quienes ya habían ofrecido hasta cientos de miles de dólares por ella y su virtud.



—No, hija, mientras papá y yo estemos vivos, no permitiremos que seas parte de este mundo, cuando cumplas los veintiún años te ayudaré a salir de este lugar, solo que no digas nada y mucho menos a tu hermano, tú ya sabes cómo está de mal de la cabeza o eso creo yo.



Volteo a ver a su madre, y la toma de las manos, el solo pronunciar su nombre hacía que su piel se erizara del miedo, había oído cosas de él que podía hacer temblar del terror a cualquiera.



—Tengo miedo de él, mamá, sus ojos cuando me ven se llena de odio hasta los he visto ponerse más oscuros, me da temor estar cerca de él — Le acaricio el cabello, mientras la veía con la dulzura que solo una madre podría hacerlo, aquella que sin saberlo estaba creando su último recuerdo.



—Son imaginaciones tuyas, puede estar loco, tener un carácter difícil, pero es tu hermano y en el fondo te quiere y solo te cuida, pero igual no le digas nada de lo que acabo de decirte.



Le dio finalmente un beso en su frente antes de marcharse en su habitación a ver a su esposo, un hermoso espécimen italiano de un metro noventa, con sexy bigote junto con sus hermosos ojos verdes, le daba un aura de todo galán de Hollywood clásico, la esperaba en su gigante cama con periódico en mano, cuando la vio lo puso a un lado en la mesa de centro a su izquierda, cuando se trataba de su esposa siempre trataba de darle toda la atención que se merecía, su gran amor.



—¿Qué sucede amore? — Mientras ella se sienta al pie de la cama con una preocupación evidente en su rostro.



—Me preocupa Rosalina, tiene miedo de Ángelo y yo también tengo miedo, no quise decírselo a ella, porque no quiero que mi niña se altere más, tú sabes que es muy sensible a pesar de crecer en este mundo — Tapándose el rostro empezando a llorar de manera desconsolada, lo que hizo que el corazón de su esposo se estrujará y la acurruco entre sus brazos para poder lograr consolarla.



—Amore mío, no tengas miedo de mi hijo, yo siempre estaré para ustedes, mi hijo nunca les hará daño, mientras yo viva nada les pasará. —Tratando de calmarla, su corazón no soportaba verla llorar y menos sabiendo que era gracias al hijo que había resultado mucho peor de lo que quería creer, por eso estaba pensando hacer, que era algo que finalmente terminara de una vez por todas con ese mundo en que habitaban, no iba a ser fácil, pero ya estaba cansado de poner en riesgo a sus seres queridos.



—Él me odia y cree que yo fui tu amante y que engañaste a su madre conmigo, él piensa que soy la peor de todas las mujeres. — Sin dejar de llorar abrazada a su esposo, necesitaba de sus abrazos, de sus besos, solo él podría calmarla.



—Es que él no tiene idea que clase de madre tuvo, él tiene en su cabeza lo que ella se encargó de meterle solo veneno en mi contra y en lo que hice que fue ser feliz a tu lado, pero nunca te dejaré cariño y daría mi vida por ustedes, ahora tranquila amore y descansemos mañana tendremos el viaje en barco y serán muchos días y al volver tenemos los dos que hablar con nuestra hija para ir preparándola,



—Te amo mi amore — Acercándose a sus labios, sintiendo su aliento pegado al suyo, sintiendo esas ganas que solo el amor le daban y generaban.



—Y yo te adoro, amore mío — Aunque esa noche tenían que descansar para el largo viaje que le esperaba, simplemente hicieron el amor como dos locos enamorados, aunque tenían que salir muy temprano antes que el sol salga, es que su esposo estaba tratando de aliarse con otras mafias para dejar de lado las guerras entre familias que habían llegado a niveles espeluznantes y viajar al nuevo continente en barco era la mejor opción agregándole el hecho que a su hermosa esposa le hacía mal las alturas y por ella lo que sea.



DÍAS DESPUÉS



—¡No es cierto, no me estás mintiendo Ángelo! Ellos no, no, me niego a aceptarlo — Mientras presa del dolor, caía de rodillas al suelo entre un mar de llanto y tristeza. Tenía el corazón destrozado por la noticia, su mundo, tal lo conocía, había terminado.



—Lo siento hermana, ahora solo seremos los dos, ahora prepárate y viste de acuerdo a la ocasión como sus cuerpos se hundieron en el mar, iremos a presentar nuestros respetos al mar como en la vieja escuela.



Y sin más se marchó cerrando la puerta tras él, no hubo un abrazo o una palabra de consuelo, se supone que él era la única familia que le quedaba y ella la de él, pero la frialdad era algo que caracterizaba a al primogénito de los Rinaldi y de eso no había duda, porque él estaba muy lejos de sentirse afectado de la manera que se suponía que debía estarlo.




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