Vidas Secretas

PARTE VEINTIOCHO

 

Cuando Mary despertó, sentía el cuerpo pesado e inmediatamente reconocía que traía otra ropa y sintió como si su cuerpo estuviera despertando   de alguna borrachera. Pero era imposible poco a poco pequeñas luces de ciertos acontecimientos llegaron a su mente, ruidos de pisadas, sombras, alguien con bata blanca y murmullos

 

—¿Qué carajos pasó? — No terminaba de procesar todo cuando, vio entrar a alguien, primero vio sus zapatos, luego como que tenía en manos un plato de algo humeante, pero cuando siguió alzando la mirada y pudo ver quién era el que estaba ahí en la puerta de su habitación no podía creerlo, sintió que todo su cuerpo emanaba un calor intenso, pero definitivamente no era producto de la fiebre o eso quería creer.

 

—¿Qué maldita broma está? Usted no puede estar en mi departamento, no entiendo nada, la cabeza empieza a darme vueltas.

 

Maximiliano se asustó en ese instante, pero luego pensó que tal vez ella debía estar asustada, ya que entendía muchas cosas. Puso el plato de sopa sobre la mesa de noche y se sentó al borde de la cama, tocando su frente inmediatamente.

 

—Lo bueno es que la fiebre cedió por completo, debe ser normal, pero ya irán sintiéndose mejor—Mientras tocaba su frente para verificar que fuera cierto.

 

Lo decía con tanta tranquilidad y naturalidad, que Mary se empezaba a poner nerviosa. Lo veía tan preocupado por ella, tan angustiado, que decidió no preguntar nada por más raro que parezca. Le gustaba que alguien se preocupara por ella, que alguien estuviera ahí para ella.

 


» El médico índico que debes comer algo.

 

—¿Médico dijo? — Observando cómo una pequeña vena resaltaba en su cuello, al parecer estaba enojado por algo que pensaba ella.

 

—Te voy a contar para que termines de entender las cosas, fui a dejar a mi hijo a la escuela y la otra señorita que no recuerdo su nombre, la chaparra, me dijo que estabas enferma y Máximo se preocupó y prometí venir a verte para que pueda entrar a la puerta.

 

—¿Está acá por Maxito entonces? — Maximiliano sintió un dejo de pesimismo en su voz.

 

—La verdad, yo me preocupé, también no lo puedo negar, pero vamos, tome la sopa, esperé —. Se acercó a ella, puso la bandeja de madera y acomodó una servilleta en su pecho, como si fuera una niña pequeña.

 

—La servilleta no era necesario, pero gracias — Sonriendo para luego empezar a tomar la sopa, ante un expectante Maximiliano.

 

》 Debería quejarse con el servicio, delivery de la sopa, está algo salada, pero se puede comer — Cuando lo dijo, Maximiliano ladeó los ojos.

 


» ¿Dije algo malo por la sopa? —Ahí estaba esa inocencia que lo volvió loco.

 

—La verdad es que mira yo— Se sentía algo nervioso el decir que le la había preparado

 

—¿No fue Delivery? Entonces usted la —se tapó la boca de la sorpresa, ya que por el rostro avergonzado de Maximiliano era la respuesta que no esperaba. — Mire cómo me la tomo, no está tan mal en serio, mire, ve.

 

No podía creer que aún despeinaba, que aun después de todo lo que había pasado se viera tan dulce y tierna, no podía dejar de ver esos labios que media hora antes

 

—Al diablo todo — tomó a Mary de las caderas, pero cuando iba a acercarse a ser el quien la bese, la pobre cayó casi inconsciente sobre el pecho de Maximiliano.

 


» Mary, Mary — Tratando de que reaccionara, le asustaba que se pudiera enfermar aún más — Edward, llama al médico ese y pregúntale si esto es normal — iba a seguir gritando cuando sintió pequeños ronquidos, Mary había caído en su sueño profundo. Todo fue producto de la fiebre,

 

—Agradezco a tu fiebre y tu sueño, porque no sé si yo ¡Maldita sea Mary ¿Qué haces conmigo? ¡¡Me desconozco por completo cuando estoy a tu lado!

 

—No era necesario que te la tomaras todo, soy pésimo en la cocina, pero a mi favor, tengo que decir, es la primera vez que hago algo como eso.

 

—Pero para ser la primera vez no estaba tan mal, tengo algo de sed, ¿me puede traer una botella de agua? Por favor.

 

Como decirle a ese hombre que se preocupó por ella, como decirle a ese hombre que mientras comía no dejaba de observarla, como podía decirle que la sopa había estado hecha un desastre y necesitaba algo para pasar el trago amargo.

 

Cuando Maximiliano salió encontró la olla de sopa vacía. Miró a Edward.




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