Vidas Secretas

PARTE TREINTA Y NUEVE

 

Cuando entro a su oficina estaba la mujer que últimamente solo le traía dolores de cabeza, estaba admirando el cuadro que aún mantenía de Azul sobre el escritor de roble macizo en medio de su despacho.

 

—Buenas tardes, Doña Elena — Saludándola como era su costumbre, con una inclinación ligera del rostro.

 

—Para mí no son buenas, estoy muy decepcionada de ti Maximiliano, ¿Cómo puedes faltarle el respeto a la memoria de mi hija? Mi niña debe estar revolcándose en su tumba sabiendo semejante desfachatez de tu parte.

 

Algo le pareció extraño, ella nunca la llamaba de esa manera “Mi niña” Y su esposa nunca fue muy pegada a su madre siempre trataba de evitarla, aunque nunca supo exactamente por qué.

 

—No sé a qué viene todo esto y le pido por favor que baje su tono de voz, no quisiera recordarle en la casa de quién está y a quién se esta dirigiendo. — Cuando Doña Elena oyó eso, salir de la boca de Maximiliano cayó sentada sobre el mueble de cuero y madera.

 

—¿Por qué me hablas así? Siempre te traté como a un hijo, solo me preocupo por ti, ninguna mujer podrá ocupar el lugar de mi hija y solo te estoy cuidando, no es mucho pedir que respeten la memoria de mi niña, no voy a permitir que una aparecida. Le robé el lugar a la verdadera señora de esta casa.

 

Maximiliano la desconocía, había un brillo en sus ojos que nunca se había percatado, pero no era nada bueno, sintió algo frío cruzar su espina dorsal, sobre todo el cómo se había enterado de la visita de Mary.

 

—Se está extralimitando, comprendo que es su hija y todo eso, pero en realidad no tiene derecho a hablarme de esa manera. Pensé mucho lo de la carta y decidí quedarme con las palabras dichas en vida, esas que me pedían que fuera feliz. Amé mucho a Azul, ¿Por qué tome esa decisión. Porque tengo derecho a ser feliz y no voy a remplazarla porque ella era única, mi hijo siempre ha sabido quién es su madre y conoce muy bien la diferencia, y la mujer que es escogido ama a Max y él a ella, lo siento mucho por usted, aunque con esto no crea que le impediré ver a su nieto o le quitaré la posición en donde esta, tiene todo el derecho, aunque sabe que él no es muy apegado a usted y no entiendo por qué. Solo le pido que respete mi decisión por la mujer que he escogido para ser mi compañera. — Mientras cruzaba sus brazos esperando su próximo ataque.

 

—¡Espero que en las noches puedas dormir en paz!, espero que tu consciencia no te pese, mi hija nunca hubiera querido algo como eso, y sea como sea haré respetar su memoria, esa mujercita que estás anteponiendo a los años que mi hija te amo, nunca merecerá ese lugar, nadie es lo suficiente para ocupar esa posición, tarde o temprano te darás cuentas, me imagino que esa tipa habrá usado sus artimañas para lograr su cometido, seguramente no es más que una.

 

No la dejo terminar porque la tomo de la muñeca e hizo una leve presión, la rabia, lo sobre pasa, no quiere que nadie ni ella hable mal de la mujer que se estaba adueñando de su corazón.

 

—A ella ni usted ni nadie la puede ofender, será muy una señora, pero no le voy a tolerar que se refiera a Mary de esa manera, se lo digo mirándola a los ojos para que vea que no miento, voy a hacer a esa mujer mi esposa y ni usted ni nadie se va a meter, no haga que me olvide los lazos familiares que nos une, soy capaz de cualquier cosa por defender de usted y quien quiera, usted conoce mi fama y lo que puede llegar a hacer, así que no se arriesgue. — En este momento, el temor se apoderó de ella, su rostro exhibía un intenso sentimiento de horror y odio. En los tres años, había acostumbrado a un joven de carácter sumiso, quien, por su afecto y afecto, la había tratado con gran respeto. Sin embargo, ahora era consciente del nombre de la señorita que se había atrevido a meterse en su camino afectando todos sus planes, no se iba a quedar de brazos cruzados, no lo iba a permitir.

 

—No tienes por qué usar la fuerza conmigo, ya te entendí, no me meteré tu vida privada Maximiliano, por más que no esté de acuerdo y crea que esa SEÑORITA no lo vale, no diré nada más, con tu permiso — Tomo su bolso decidido a que pronto se le acabaría el idilio a Maximiliano, sabía de alguien que no querría que el fuera feliz y si ya lo uso una vez lo volvería a hacer y se fue del despacho al instante que se marchó entro Edward.

 

—Señor, ¿Todo bien? — Lo pude ver sentado sobre su sofá con el rostro hacia atrás cerrando los ojos, ya le había dicho que se escuchaban gritos dentro del despacho

 

—Todo bien Edward — Con un fuerte suspiro — Ahora necesito tu consejo, ¿Cómo conquistar a mujer difícil?

 

—Si me permite señor y por lo que he visto no necesita nada porque ya la conquisto — Con una sonrisa porque su jefe le pregunte algo como eso, cuando Maximiliano se enamoró de Azul todo fue relativamente fácil, lo de ellos fue amor a primera vista así que no hubo mucho que hacer ahí, pero ahora era gracioso verlo preocupado o nervioso por la atención de una mujer.




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