Vidas Secretas

PARTE CUARENTA Y CUATRO

 

—Nunca de los nunca pienses eso mi cielo, yo te adoro como no tienes idea, si alguien se atreviera a alejarte de mi lado o mandarte lejos yo no sé qué haría, me volvería loca seguramente, desde antes de conocer a tu papá ya te quería y tú lo sabes mi ángel bello, en cuanto a tu mami, siento mucho que no esté a tu lado y no hayas crecido con todo el amor que ella tenía para ti, pero jamás quería robar su lugar y jamás te alejaría de aquí, quiero mucho a tu papi si es verdad, pero a ti también y tú eres mucho más especial porque inclusive te conocí mucho antes, no pienses ni por un instante que mi propósito es alejarte de tu padre o que él ya no te quiera, al contrario, si tienes algún problema o quieres contarle a alguien algo que te da pena con papá, puedes venir conmigo que yo siempre voy a estar para ti, tú estás en mi corazón Maxito, no eres mi hijo, pero te quiero casi como si lo fueras y sé que tu mamá desde el cielo lo sabe.

 

—¿Y van a tener bebés? — Aquella pregunta, la hizo entrar en una realidad por un instante, una en la que no había querido pensar o imaginar ¿Hijos con el hombre que amaba? No concebía la idea de hijos, no con el tipo de sangre que corría por sus venas, porque ser una Rinaldi esa como una maldición y nadie en su sano juicio quería algo así para un ser que salga de sus entrañas.

 

—La verdad por ahora no, pero igual, tú eres como mi bebé, uno muy guapo y con un corazón enorme — Haciendo una señal con las manos haciéndolo reír — Tan grande, pero tan grande que caben todos los superhéroes de Marvel juntos, te quiero mucho no lo olvides y que nadie te haga dudarlo, promesa— Para luego cruzar sus dedos meñiques y jurar que siempre sería así.

 

—Voy a ver a mi papi, me porté mal como un bebé y yo no soy un bebé — Pero Mary lo detuvo.

 

—Espera un ratito te lavas la carita, las manos, te cambias y luego bajas yo voy a hablar con tu papi unas cositas en un rato regreso — Max solo sonrió y obedeció feliz porque de verdad ella si lo quería y no lo iba a alejar de su papi, ella se fue del cuarto y cerró las puertas de manera que no se escuchará nada, pero cuando bajo sentía que la sangre le hervía, sentía que alguien pagaría por haberle metido ideas tan llenas de saña y maldad, se habían metido con algo sagrado para ella y no lo iba a dejar pasa. Cuando Máximo la vio bajar varios minutos después de haber subido, no sabía qué pensar, su rostro mostraba molestia, enojo y hasta furia. Era su rostro, era la tensión que su cuerpo destilaba.

 

—¿Dónde vive la abuela de Max? —Presionaba los labios para no hacer un escándalo, no quería mostrar su carácter frente a Maximiliano, porque esto se arreglaba entre mujeres, pensaba ella.

 

—¿A qué viene tu pregunta? No entiendo, ¿Qué tiene que ver la abuela de Max en esto? Siento como si algo pasara y no me dices —Se sentía extrañado por la actitud de Mary y más que involucre a alguien que no conoce.

 

—Solo te diré algo Maximiliano Del Monte, esa vieja cacatúa tiene que ver con el cambio de humor de Max, pero yo me voy a encargar de ella, te lo aseguro, ahora si necesito la dirección de ese dizque, señora.

 

Maximiliano no sabía cómo reaccionar, le parecía inverosímil que Doña Elena será capaz de hacer algo como eso, por más molesta que este, se supone Max es el único recuerdo que tiene de su propia hija y hacerle daño con alevosía y ventaja era algo inconcebible.

 

—Eso que dices no puede ser verdad, Max ¿Te dijo algo sobre eso? —Se negaba a ver la realidad, no tomaba en cuenta la maldad que había en las entrañas de esa mujer que siempre venía como una cándida mujer de casi sesenta años a ver a su nieto como lo había hecho en las últimas semanas, pero lo que era es un lobo vestido de oveja, expectante de la primera oportunidad para meter veneno en ese pequeño, hondo en sus temores más profundos y lo trajo hacia una realidad que no lo era, hacia un panorama que nunca sería posible, pero un alma negra y podrida como la de ella era solo un medio para un fin, nunca dejar que Maximiliano se vuelva a casar con nadie y le siga dando la vida de lujos a la que ella estaba acostumbrada.

 

—Mira Maximiliano, me das esa dirección o yo recorro toda la ciudad buscando a esa vieja infeliz, si me crees bien y si no me tiene sin cuidado, si a ti no te importa que envenenen el alma de tu hijo con temores infundados sobre que yo lo quiero alejar de ti o que tú lo vas a dejar de querer es tu problema, pero no voy a dejar que le hagan daño a ese pequeño que no tiene la culpa de ser nieto de esa vieja loca.

 

La rabia en él empezó a crecer, no dudaría de Mary jama lo haría y si ella lo decía entonces era verdad, el mismo apretaría el cuello de esa mujer hasta que le pida disculpas de rodillas a su hijo, nadie tocaba a su cachorro y menos ella.

 

—Entonces lo haré yo, —Sujetándola del brazo.

 

—No Maximiliano, no te vas a ensuciar las manos con ella, esto es un asunto de mujeres y entre mujeres lo resolveremos, adoro a Max y no dejaré que quien le haga daño se salga con la suya, voy a poner a esa mujer en su lugar y no quiero que intervengas porque sea tu hijo, esa mujer me va a oír ¡Te lo juro!




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