Vidas Secretas

PARTE CINCUENTA Y UNO

 

 

Es hoy, es hoy gritaba su corazón, mientras caminaba de la mano de Maximiliano, rumbo al ascensor, una vez dentro él la abrazó por la espalda posando su mentón sobre su hombro derecho, dejando que esa imagen se reflejara delante de ellos.

 

—¿A qué me veo guapo desde aquí? — Tratando de jugarle una broma Mary.

 

—Guapa, me veo yo, solo mira mis ojos, mi mentón, mis facciones, sabes la vez pasada y si no te has dado cuenta, atraigo muchas miradas, incluso vi como el recepcionista del edificio me quedó viendo cuando me agache a atarme las zapatillas — Sabía que diría    el celoso de su novio.

 

—Me estás jodiendo Mary, ¿qué mierda te estaba viendo? ¿Sabe lo que hizo y con quién? Espera que bajemos le voy a dejar la cara que ni su madre lo va a reconocer, nadie se atreve a mirar a mi mujer y está como si nada el muy cabrón me sonrió ayer que entre — Se estaba alterando y jalándose los cabellos producto de la rabia, Mary se dio cuenta de que la bromita, se le estaba saliendo de las manos, aunque pareciera un energúmeno e irracional lo amaba no podía evitarlo, ella también tenía su carácter al final siempre llegaban a un acuerdo él con su carácter irracional y ella con su carácter conciliador, pero si era necesario ponerlo en su lugar lo haría sin temor alguno, pero en este momento era una simple broma, eso no quería decir que no podía   sacarlo de quicio de vez en cuando, como en este momento, pero para Maximiliano el que alguien se atreviera a poner los ojos sobre su mujer no era una broma, por como él formaba puños con la suya y luego empezó a golpear la pared del ascensor, lo tomo del rostro y lo miro de frente a los ojos.

 

—Tranquilo cariño, mírame es solo una broma, ese señor puede ser hasta mi abuelo, nunca me miro nada, amor es una broma solo eso — Mientras murmuraba que es tan viejo que no se le levantaba ni con    lámpara maravillosa.

 

—¿No lo haces por salvarle la vida a ese viejo imbécil? — Endureciendo sus facciones y cruzando sus brazos, haciendo que sus músculos   sé lo más llamativo de esa acción, haciendo a Mary se le hiciera un nudo en la parte baja de su vientre, lo extrañaba y se veía tan sexy recién despertado y con la barba que   le hizo recordar las veces que la devoraba y esa barba raspaba su piel haciéndola explotar del placer.

 

—No hagas eso Maximiliano — Tratando de distraer la mirada hacia otro lado, causándole gracia como lo esquivaba, podía reconocer la excitación en ella y pensaba llevarle al límite, de la nada la pego con el espejo del ascensor poniendo ambos brazos al lado de ella.

 

—¿Esto tampoco quieres que haga? — Pegando su rostro al de ella, ella solo veía sus ojos a sus labios y viceversa una y otra vez, pasaba saliva por su garganta tratando de calmar como latía esa parte de su cuerpo que no era su corazón, como si tuviera vida propia y gritaba “Maximiliano, Maximiliano” A cada latido, no podía flaquear era su idea, su propuesta, pero como negarse a lo que su cuerpo gritaba, a esa mirada de león a punto de comerse la presa, a esos dedos que poco a poco y de manera que era como una agonía para su cuerpo, pasaba sus manos por su cintura, metiéndose dentro de su blusa y acariciando su piel, haciéndola temblar, agotando la poca cordura que quedaba en ella, su boca temblaba tratando de articular la palabra NO, pero no encontraba esas fuerzas necesarias y si no fuera por el ruido del ascensor al abrirse otra hubiera sido la historia, Maximiliano maldijo al inoportuno ascensor.

 

—Agradece al ascensor porque este león quería comerse a la corderita — Guiñándole un ojo para luego casi ladrarle al pobre don Gilberto, recepcionista del edificio, quien no entendía nada mientras leía su diario de las mañanas.

 

—Tanda de locos, ya ni le digo a la señorita que andaban preguntando por ella y les dije que hoy se casaba.

 

De regreso a la mansión de DEL MONTE, Max corrió a abrazarla, dejando a un sorprendido padre quien se sentía desplazado haciendo un puchero e inclinándose para que su hijo lo viera mejor.

 

—Papi a ti también te extrañé — Poniendo los ojos en blanco

 

—Ayer esperé a mi mam— Para soltarse de los brazos de Mary e ir donde su padre, no estaba seguro si estaba bien lo que le acababa de decir, quedó callado temeroso que ella se enojara por cómo casi le decía Maximiliano miro a Mary lo cual ella acento y se inclinó quedando los tres a la misma altura.

 

—Si me quieres decir mamá, mami, miss linda o Mary no tengo ningún problema campeón yo te amo igual sin importar de qué forma me quieras llamar, eso no cambia el enorme amor que te tengo, solo haz lo que te nazca en tu gigante corazón, porque digas lo que digas no quita que tu mamá está en el cielo orgulloso de ti y se debe sentir feliz si tú   estás feliz — Max soltó a su papá y alzo sus pequeños brazos abrazando a Mary empezando a llorar de la felicidad que sentía de poder decirle mamá, su corazón se sentía hinchando de tanta alegría

 

—Papi, ¿si le puedo decir mami entonces? — Buscando por último la aprobación de su papá.




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