Vientos de Pasión – Una Verdad Oculta L2

Episodio 2

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El cochero detuvo el carruaje frente a la entrada. Saltó del asiento y abrió la puerta. El duque de Cavendish descendió primero, seguido por Gabriel. Ninguno de los dos se apresuró a hablar, absortos en sus propios pensamientos, conscientes del peso de las decisiones que acababan de tomar.

El duque se dirigió a la escalinata, justo cuando el mayordomo abría la puerta.

— ¿Lady Penélope ya ha regresado? —preguntó al cruzar el umbral.
— Sí, milord. Se encuentra en el salón —informó el mayordomo, recibiendo el abrigo y los guantes que el duque le entregó sin siquiera desviar la mirada.

El duque dudó un momento antes de hacer otra pregunta:

— ¿Y Clara?

El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza.

— Lady Clara salió hace poco, acompañada de Lady Ashford.

El duque asintió lentamente, pero no comentó nada más.
Sin perder más tiempo, atravesó el vestíbulo rumbo al salón. Penélope debía conocer toda la verdad: por qué Damien se había alejado de Clara y cómo afrontarían la inminente revelación sobre la identidad de la joven.

Mientras tanto, Gabriel subía las escaleras con paso firme. Lilian necesitaba ser informada del escándalo que estaba a punto de sacudir a toda la alta sociedad.

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En el salón de Lady Howard, un grupo de damas se encontraba reunido para la hora del té, sus voces femeninas mezclándose con el delicado tintinear de la porcelana. Lady Evangeline estaba en el centro de aquella pequeña asamblea, como siempre. Vestía un vestido verde botella, realzado por finos bordados plateados que destacaban la blancura de su piel.

El sombrero, adornado con plumas de pavo real, se inclinaba ligeramente, dándole un aire sofisticado. Con una sonrisa calculada en los labios, observaba a sus compañeras con la paciencia de una jugadora experta.

— Dicen que el baile de la duquesa de Suffolk será uno de los eventos más grandiosos de la temporada. ¿Qué creen que podemos esperar esta vez? —comentó Lady Whitmore, posando la taza sobre el platillo con elegancia.

— Escándalo, sin duda —murmuró Lady Fairburn, girando suavemente la cucharilla en su taza antes de dar un pequeño sorbo—. Siempre hay sorpresas.

Lady Evangeline alzó levemente el mentón, con un brillo triunfal en los ojos.

— Oh, queridas mías, creo que la mayor sorpresa de la temporada aún está por llegar.

Todas se giraron hacia ella, con miradas agudas y curiosas. Lady Whitmore, siempre alerta ante cualquier indicio de drama, arqueó una ceja.

— Vamos, querida, ahora tienes que compartirlo con nosotras. ¿Qué puede ser tan extraordinario?

Lady Evangeline dejó suavemente la cucharilla sobre el platillo antes de sonreír.

— Damien está preparándose para pedirme matrimonio.

El murmullo fue inmediato. Algunas damas abrieron los ojos con asombro, otras intercambiaron miradas cómplices, y Lady Whitmore, la más experimentada, esbozó una sonrisa ladeada.

— Pero qué noticia tan inesperada —dijo, con un tono neutro que no revelaba ni incredulidad ni apoyo—. ¿Y ya ha habido un anuncio formal?

Lady Evangeline se mantuvo serena, sus dedos deslizándose suavemente por el borde de la taza.

— Aún no, por supuesto. Pero eso es solo una formalidad. Todos saben que Damien y yo tenemos una historia... en común. No me propuso matrimonio antes porque sabía que estaría fuera por mucho tiempo. Pero ahora que ha vuelto, entiende que esta es la única opción posible.

Lady Fairburn se inclinó levemente, con los ojos brillando de picardía.

— ¿De veras? ¿Él lo dijo con esas palabras?

Lady Evangeline no vaciló, aunque un escalofrío le recorrió la espalda.

— Ya lo ha demostrado de todas las formas posibles. Después de todo lo que compartimos, comprende que no hay otra opción viable. Nuestro vínculo es innegable.

Lady Whitmore mantuvo la sonrisa, pero sus ojos agudos no pasaron por alto el fugaz endurecimiento en la mirada de Evangeline.

— Damien Wesley nunca fue conocido por dejarse atrapar, querida. ¿Estás segura de que él comparte ese deseo?

Ella le sostuvo la mirada sin mostrar duda alguna.

— Los hombres pueden ser tercos, pero hasta los más obstinados entienden cuando el único camino que les queda es el que tienen justo delante.

Las damas siguieron murmurando entre sí: algunas ya consideraban los beneficios de tal unión, otras eran visiblemente escépticas. Pero a Evangeline no le importaban sus dudas. Lo importante era que la semilla ya había sido plantada. Pronto, la sociedad aceptaría aquella idea como una verdad indiscutible. Y cuando todos esperaran el anuncio, Damien no tendría más remedio que seguir el rumbo que ella había trazado para ambos.

Llevó la taza a los labios con elegancia, saboreando el té y la certeza de su propio triunfo. Porque en el juego de la alta sociedad, la verdad no necesitaba ser real. Solo debía repetirse las veces suficientes.

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En el texto hay: humor, intriga, amor

Editado: 14.01.2026

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