VIKTOR
Por
WingzemonX & Denisse-chan
Capítulo 12.
El Cráneo de Rojo
Cedric seguía de pie en la terraza, mirando atentamente en la dirección en la que Klauss había corrido, intentando captar lo mejor posible lo que pasaba a lo lejos. Sin embargo, incluso con su visión nocturna, apenas lograba captar el movimiento entre los árboles, como un borroso teatro de sombras. De vez en cuando llegaban a sus oídos algunos de los disparos propinados, pero era difícil saber quién había disparado, y si había dado en su objetivo.
Pero mientras hubiera disparos, era una buena señal. Quería decir que el combate continuaba. Era en los momentos en los que todo se quedaba en silencio en donde comenzaba a que preocuparse.
—¿Alcanzas a ver algo? —le cuestionó Suzane desde la parte de abajo. La detective de primer grado seguía en su forma de lobo, con su pata vendada en donde le habían disparado. Luke, con sus armas desenfundadas, observaba hacia el campo, atento.
—No mucho, me temo —respondió Cedric con pesar en su voz—. Quizás debería ir a apoyarlo.
—Tienes tus órdenes —le corrigió Suzane, cortante—. En una misión es importante que escuches y obedezcas a tu oficial al mando.
—Pero…
—Pero nada —le cortó la Lycanis con severidad. Posó entonces su mirada de lobo a lo lejos; el fuego del granero seguía ardiendo. De momento no se había propagado demasiado, pero toda esa maleza seca no tardaría en jugarles en su contra—. Ese fuego puede llegar hasta la casa en cualquier momento. No me sorprendería que esa haya sido su intención desde el inicio. Será mejor que saquen a todos de aquí, y se movilicen en los vehículos hacia la jefatura del Distrito Cuatro.
—No podemos dejar al Det. Romani —exclamó Cedric, alarmado.
—No lo haremos. Yo me quedaré para apoyarlo, en cuanto pueda moverme mejor. Pero ustedes deben darse prisa, ¡muévanse!
Luke no dudó. Al instante asintió, guardó de nuevo sus armas, y se encaminó hacia el frente de la casa para ingresar por la puerta. Cedric, sin embargo, se quedó unos momentos dubitativo en su sitio, mirando hacia los árboles. Era cierto que la prioridad era la seguridad de Melissa, pero… ¿en verdad era correcto dejar así a su compañero? ¿Qué clase de oficial de policía sería si lo hiciera?
Pero la Det. Constantine tenía razón: en una misión, debía obedecer a su oficial al mando, sin importar qué. Así lo decía el manual.
Un poco a regañadientes, Cedric se dispuso a ingresar también a la casa e ir por Melissa, la oficial Williams y la Srta. Corleone. Sin embargo, no avanzó mucho, antes de tener que detenerse de nuevo.
Un sonido agudo cruzó el silencio nocturno, captando de inmediato la atención de los tres oficiales. Los tres se quedaron quietos de golpe, Luke ya a unos pasos de la parte frontal de la casa. Al principio creyeron que aquel sonido era el ulular de un búho, pero no tardaron en darse cuenta de que era un silbido; un silbido al son de una melodía alegre entonado, por supuesto, por una persona…
Y venía del frente de la casa.
Suzane se apresuró a alcanzar a Luke, parándose a su lado para poder mirar en dicha dirección. Cedric se subió al barandal, y luego se deslizó hacia el tejado, para así echar un vistazo también. Luke sacó sus armas y las preparó. Los tres miraron hacia la fuente de aquel silbido que atravesaba la noche, y se hacía poco a poco más notorio.
El primero en notarlo fue Cedric, por su puesto. Alguien se aproximaba desde la carretera, tomando el camino principal que llevaba desde el portón de la propiedad hacia la casa, avanzando por éste con paso tranquilo al tiempo que silbaba aquella melodía.
Cedric tomó de inmediato su rifle y lo apuntó al frente, sosteniéndolo con firmeza.
—¡Alguien viene! —gritó en alto como advertencia, aunque en cuanto unas cuantas nubes se movieron y dejaron espacio a la luna, ésta alumbró al extraño, y sus compañeros también alcanzaron a verlo.
Sus pasos se escuchaban pesados contra la gravilla del sendero, y su larga sombra proyectada por la luna se extendía en éste. Era una persona alta, vestida con una larga gabardina color carmesí como la sangre, que ondeaba con cada uno de sus pasos. Era de complexión mediana, de hombros anchos. Debajo de la gabardina usaba atuendo negro, un chaleco rojo a juego con el abrigo, botas negras altas, y guantes también negros en sus manos. En una mano tenía un objeto alargado con el que jugaba mientras avanzaba, lanzándolo al aire y volviéndolo a atrapar en cuanto caía; ¿un cuchillo, tal vez? Su otra mano permanecía oculta en el interior de uno de los bolsillos de su gabardina.
Y su rostro… permanecía totalmente oculto tras una máscara en forma de cráneo, de la cual sólo sobresalían por detrás unos cabellos rubios dorados que brillaban con la luz de la luna al tocarlo.
Los tres oficiales se quedaron paralizados y atónitos al contemplar aquella figura, casi espectral, aproximándose calmado hacia ellos. Ni siquiera se esforzaba un poco en ocultarse, como si fuera el dueño del lugar. O como si fuera un mero espejismo que los tres podían ver al mismo tiempo…
—¿Det. Constantine? —susurró Luke en voz baja, volteando a ver de reojo a su compañera—. ¿Acaso es…?
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Editado: 15.03.2025