Villains

#5 - El Taller

Es viernes, finalmente.

Sé que a la mayoría de la gente en todo el mundo le encanta este día porque le siguen 48 horas de descanso y tranquilidad. Cuarenta y ocho horas completas en las que todo el trabajo o estudio de la semana desaparece. Pero yo nunca pienso como los demás.

Después de esta semana tan increíble, lo único que deseo es internarme en uno de los salones y escribir hasta que se quiebren mis manos. Y sé que podría porque cada rincón del ala de Literatura inspira cualquier tipo de historia, desde un romance imposible hasta un thriller de homicidio.

A diferencia de otros (ejem, Puck), yo todavía no encontré a mi musa. La academia en sí misma es el lugar ideal para escribir, y a algunos pueden servirles los rostros del pasado en los retratos o los paisajes que se ven en las ventanas. Pero yo todavía no he encontrado aquello por lo que me pondría a escribir seriamente.

Espero hallarlo antes de perder la motivación y que el cansancio del estudio detenga mis palabras por demasiado tiempo.

—¿Qué harás el fin de semana? — le pregunto a Jonas, mientras ambos nos preparamos para salir del salón del profesor Hudson.

—Nunca voy con mi familia si es lo que preguntas. A ellos les cuesta fingir que aceptan mis elecciones de vida.

—Si te sirve de consuelo, yo no acepto las elecciones de vida de mis padres.

—Nunca hablas de ellos. ¿Son tan malos?

—No son malos solo... — me detengo antes de decir una mentira, o peor, algo real y muy doloroso — Volvamos al fin de semana, ¿si? Si no vas a casa, ¿a dónde?

—Kenji, Oliver y yo planeamos salir de fiesta.

—¿En serio? ¿Sin Ava?

—Ella se queda estudiando en la biblioteca esta noche. Tiene un examen la próxima semana.

Me pregunto qué clase de exámenes se tomarán en las otras carreras. Imagino a Ava cantando en medio de un salón para demostrar su afinación o al infame Burton haciendo expresiones faciales frente a toda el aula para probar su versatilidad.

Los exámenes escritos pueden no ser 100% eficaces o estar igual de actualizados pero son lo que todo el mundo conoce. Entrenamos desde niños para ellos, así que de alguna forma, son sencillos.

—Tal vez la acompañe — digo — Es la primera vez en años que tengo problemas para seguir las clases, aunque me encanten.

La exigencia es buena, me digo a mí misma. Y todavía no llego a mi límite pero creo estar peligrosamente cerca.

—Yo puedo ayudarte cuando quieras — dice Jonas

—Lo sé, gracias. Pero estudiar sola se me da mejor — tal vez porque nunca antes había tenido un amigo con quien comparar notas o hacer resúmenes a la par. Sería bueno experimentar eso alguna vez, solo que no sé si Jonas se la persona para ello.

Es cierto que ya me agrada más que el primer día que lo conocí, pero ahora no solo somos amigos, también es mi rival. Tiene el primer lugar en casi todas las clases y sabe mucho de literatura. Es mi competencia, tengo que aprender de él tanto como reservarme algunos trucos para mí.

Dicho eso, nos hemos vuelto buenos amigos y siento que es muy amable conmigo siempre que Puck no esté cerca. Es extraño tener un amigo hombre, en especial cuando hasta ahora nunca había creído en la amistad hombre-mujer. Obviamente Kenji y Oliver son mis amigos ahora, pero el primero es gay por lo que poco cuenta, y al segundo no lo veo muy seguido. Paso mucho más tiempo con Jonas en las clases como para no notar la cercanía especial que hemos formado.

Nos dirigimos a la puerta cuando alguien me llama.

—Señorita Vegas — me llama el profesor — ¿Unas palabras, por favor?

Me obligo a pensar que debe ser por algo bueno que me pide esta charla, porque si caigo en el pesimismo, difícilmente salga de ahí con vida.

Le indico a Jonas con un suave asentamiento de cabeza que puede irse si quiere, y me acerco al escritorio del profesor.

—Dígame, profesor.

—¿De dónde viene, señorita?

—¿Por qué me pregunta eso?

—Porque mi tiempo vale mucho como para memorizar los expedientes de todos mis estudiantes. Y limítese a responder lo que le pregunto.

Nadie espera que un maestro sepa todo de sus alumnos. Yo no pregunté por eso. Simplemente, siendo una de las muchas extranjeras que hay en esta academia, me resulta extraño que me lo pregunte ahora.

Aunque... claro, soy una de las cuatro extranjeras que toman su clase.

—Argentina, profesor.

—Mis condolencias — responde sarcástico — Debe ser un país sin bibliotecas o editoriales, por lo que veo en su informe de desarrollo.

—¿Por qué piensa que...?

—Relatos cortos, cuentos, historias breves — me interrumpe lanzando frente a mí el informe que había entregado al comienzo de la semana — No ha hecho nada relevante en toda su carrera, jovencita.

—A penas tengo 18 años.

—Eso da igual. Un niño de 10 podría publicar una novela de más de 90.000 palabras.

Solo lo dice para remarcar el hecho de que puede y va a humillarme. Un niño no tiene tanto vocabulario y definitivamente un niño no estaría parado frente a este profesor con la mejor cara de poker de su vida.



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En el texto hay: misterio, roamnce, dark academia

Editado: 16.05.2026

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