Villains

#9 - Seattle 2.0

El vestido negro ajustado de Ava me queda como un guante. No estoy muy acostumbrada a escotes tan pronunciados y una falda tan corta, pero me siento como una súper modelo y según mi amiga, así es como debe ser.

Las únicas citas que he tenido en mi vida fueron con chicos de escuela que me llevaron a clubes nocturnos donde cerraban antes de las 11 pm y todos te trataban como si tuvieras cinco años. Es algo comprensible considerando mi edad en ese entonces, pero ya soy mayor y quiero una cita de verdad. Una con un hombre que sepa tratar a una dama y no le sude la mano cuando sujete la mía.

Salgo a la entrada principal de la academia para encontrar a Puck junto a un BM plateado que parece sacado de un sueño. Lleva traje, con la corbata bien ajustada y la camisa fajada como debe ser. ¿Quién lo diría? En serio se esforzó por verse bien, aunque no es que eso sea realmente difícil.

—Lindo auto— digo mientras me acerco.

—Lindo vestido — responde — ¿Dónde lo tenías escondido?

—Solo diré, en caso de que sea tu intención, que no puedes quitarmelo a tirones o cierta persona va a matarme.

—Y no podemos permitir eso, ¿cierto?

—No si quieres una segunda o tercera cita.

—Nada como las promesas de un vestido desgarrado y una segunda cita para subirle el ego a un hombre.

Como el caballero que es, Puck me abre la puerta del acompañante y me ayudó a entrar. Estos zapatos son hermosos para los ojos y una cámara de tortura para los pies.

Cuando se sube del otro lado, me atrevo a preguntar.

—¿A dónde vamos?

—Eso depende — responde poniendo en marcha el auto— ¿Qué tanto conoces de Seattle?

—Ballard es lo más que he visto de la ciudad. Y el muelle, donde un dibujante muy curioso se cruzó en mi camino.

—Bueno, entonces tenemos pocas horas para ver lo mejor de lo mejor. ¿Confías en mí?

—No me habría subido al auto de no ser así.

La academia está a media hora en auto del departamento de mi tía pero a menos de 20 minutos de la excitante Seattle Center, donde la mayoría de las cosas más destacadas de la ciudad se encuentran al alcance de cualquier turista.

Personalmente no me deslumbra hacer el recorrido común de cualquier extrangero en esta ciudad. Quiero ver los rincones escondidos, las puertas secretas, los lugares que no están en el mapa pero deberían.

Dicho eso, odiaría arruinar los planes que Puck pensó para esta cita. Después de todo, él conoce mejor este lugar que yo. Tal vez me sorprenda.

Estaciona el auto poco tiempo después y me ayuda a bajar. Cuando entramos al edificio frente a nosotros, no me doy cuenta de dónde estamos realmente. Cinco minutos después en el ascensor, las puertas se abren y el restaurante más icónico de la ciudad yase frente a mis ojos.

—Cuando dijiste "lo mejor de lo mejor", no me esperaba el Space Needle — comento mientras una mesera nos acerca a nuestra mesa junto a la ventana.

Procuro que no suene como una queja porque la verdad es que no lo es. Este lugar es precioso y la vista es increíble. Jamás había cenado en un lugar como éste, ni cuando mis padres me llevaron a Roma hace tantos veranos. Será una experiencia nueva ver una perspectiva diferente de la ciudad cada vez que mire hacia ella en este lugar.

—Literalmente es el símbolo de Seattle — afirma — No puedes no visitarlo al menos una vez.

—Lo sé, no me estoy quejando. Solo no creí que una cena tradicional fuera tu estilo de cita.

—Esto solo es el comienzo. Quiero asegurarme de que tengas energía para lo que sigue.

Dios, hasta temo preguntar.

—¿Y qué sigue?

—Bueno, a Emily Dickinson le gustaba la aventura y el riesgo. Voy a darte exactamente eso.

Sabía que un chico como Puck no decepcionaría mi fibra rebelde. Si lo que nos espera es más emocionante que un restaurante giratorio con vistas a todo Seattle, entonces una cena tradicional es un pequeño que puedo apreciar.

—Mientras no acabe presa y me quiten mi visa, el riesgo no me asusta — comento irónicamente con un sesgo de verdad.

—¿Y privarme de tu compañía los próximos cuatro años? Jamás me arriesgaría tanto

Cuando el mesero llega con nuestros pedidos, no puedo evitar pensar que un escultor trabaja en la cocina. Pedí simplemente Salmón Wellington, y tengo delante de mí un rosado pez envuelto en hojaldre crujiente al lado de una duxelles de champiñones. Todo eso acompañado de una salsa cremosa de... ni siquiera voy a intentar adivinar.

Lo admito, no sabía lo que ordenaba cuando vi el menú. Todavía tengo algunas dificultades para entender el nombre de los platillos en este país. A decir verdad, ni en español sé hacer una orden en un restaurante fino.

Pero no soy muy exquisita con la comida, y creo en la filosofía de probar de todo al menos una vez en la vida. Con la comida, principalmente.

—Quisiera hacerte una pregunta — dice Puck mientras me ve degustar el salmón.

—Adelante.

—Siempre hablas de tu tía y lo grandiosa que es, pero jamás mencionas a tus padres. ¿Por qué?



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En el texto hay: misterio, roamnce, dark academia

Editado: 16.05.2026

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