Aunque me parecía una locura, la iniciativa de Puck no era una mala idea. Entrevistarnos mutuamente para dejar las cosas claras y descartarnos como los asesinos. Obviamente dejamos de lado aspectos importantes como la objetividad o la distancia emocional. Incluso después de solo una cita, la cercanía que compartimos es notable.
Pero no podemos pedirle a nadie más que nos haga las preguntas, y yo tampoco querría revelar los detalles de nuestra noche a un desconocido, por más que eso es exactamente lo que haré cuando me llamen a declarar los policías (si es que lo hacen).
Elegimos el taller de Puck como un espacio aislado y seguro. De esta forma, los oídos curiosos no nos molestarán por más que la puerta esté abierta para mutua seguridad.
No podría decir que es precisamente neutral, ya que es su espacio personal de trabajo, pero también es donde casi nos besamos por primera vez y donde están todas sus piezas, de las cuales la mayoría me representan a mí. Si, me siento bastante cómoda en este lugar.
Para llegar, tuvimos que pasar por la plaza central de la academia, donde todavía estaban las cintas de seguridad impidiendo el paso a los pocos que quedamos encerrados en esta pesadilla. Hay sangre que no pudo ser limpiada por completo en el adoquín, y una figura de tiza donde estaba el cuerpo.
¿Me pregunto qué dirá el reporte de la autopsia?
¿Lo tiraron de alguna ventana? ¿Lo apuñalaron? ¿Le dieron en la cabeza con una piedra? Cualquiera fuera la causa de la muerte, espero no ser tan mala persona pensando que no fue suficiente para esa escoria de profesor.
Una vez solos, ambos acordamos hacer cada interrogatorio por turno hasta que ambos estemos tranquilos o menos preocupados de que el otro haya podido ser el perpetrador del crimen. En mi caso, podía llevarnos un buen rato, pero Puck ya me ha dicho que no me considera sospechosa. Solo hace esto por mí y para que pasemos el mayor tiempo posible juntos.
Aún me debato si sentirme aliviada o preocupada por ello. No debería confiar tanto en mí si apenas nos conocemos.
De nuevo, no sé qué tanto vaya a ser de utilidad todo ésto sin un árbitro neutral, pero peor es nada y ahora mismo no puedo volverme loca en la nada.
—¿Quién empieza? — pregunto tomando lugar en el mismo sillón de la esquina que había ocupado la primera vez. Es realmente cómodo y con la pared de espaldas al menos estoy segura mirando todo el alrededor.
—Las damas primero — Puck no es tan estratégico tomando un lugar.
Coloca una silla frente a mí dándole la espalda a todo el taller. Cualquiera podría entrar y dispararle directamente sin que lo viera venir. Aunque la teoría del arma pierde fuerza cada vez que la considero. Un tiro se habría escuchado en toda la academia, por lo que el homicida lo debió hacer de otra forma.
—Muy bien — comienzo — Ya sé dónde estuviste anoche entre las 8 pm y la 1 am. Así que quiero saber ¿a dónde fuiste después de eso?
Sabemos que la hora de la muerte ronda las 2 am, así que esta es una pregunta base muy apropiada. ¿Resultará que Puck tiene una coartada sólida?
—A mi habitación — responde — Tenía mucho en qué pensar.
—¿Eso incluye el homicidio de un docente que claramente te odiaba?
—Primero, no hay un solo alumno en esta academia al que el profesor Hudson no odiara — no puedo negar esa lógica — Y segundo, no. La muerte de ese desgraciado estaba muy lejos de mis pensamientos esa noche.
Finjo que no entiendo la indirecta de que yo era quién ocupaba su mente después de nuestra cita, pero el cuerpo me traiciona. Me ruborizo, mis piernas están inquietas y el contacto visual es cada vez más difícil.
—¿En algún momento saliste de tu cuarto durante la noche?
—Lo hice.
Interesante...
—¿A dónde fuiste?
—A mi taller a trabajar un poco. Digamos que tenía mucha inspiración que volcar en el papel.
—¿Tienes alguna prueba de eso?
—Pensando como toda una detective, Dickinson — Puck saca su celular del bolsillo y me enseña una foto de él, tomada la hora que correpondería al homicidio — La hice para tí y pensaba enviarla cuando me percaté que estarías durmiendo. No quise que el ruido de la notificación te molestara.
La imagen muestra a Puck en el centro de su taller con una pintura a sus espaldas que ahora mismo puedo ver en un rincón del taller en persona. Efectivamente, la foto fue tomada a las 2.30 am. Dudo mucho que un homicidio pueda cometerse tan eficazmente en solo 30 minutos.
Omito el hecho de que se ve extremadamente guapo en la foto. El estado post-cita puede ser mi nuevo afrodisíaco personal.
—¿Qué pasó después? — continúo.
—Trabajé hasta las 4 am, supongo. No miro la hora cuando tengo tanto que pintar y las ideas no me dejan detener mis manos.
—Puck, solo responde.
—Bien... terminé la pieza que vez en la foto y otras dos. Luego volví a mi cuatro, dormí como un bebé solo para despertar y descubrir que ese maldito estaba muerto.
Tecnicamente hablando, cuando se determina la hora de la muerte se habla de un estimado. Así que si Puck trabajó tantas horas, podría haber sido el responsable.