La academia es grande.
Varias alas. Miles de salones. E incontables habitaciones.
¿Y cómo es que una chica simple como yo pudo encontrar a una persona como Hiela Jackson en un lugar así?
Dos palabras. Redes Sociales.
A pesar de no ser su seguidora, era obvio que la cuenta pública de Hiela diría lo que está haciendo en todo momento para que todo el mundo que ella cree que la idolatra, sepa que desayunó su muffin de arándanos y su latte de soya hace 5 minutos en el jardín principal.
Nota mental: Preguntarle cómo es que le dieron permiso de estar ahí si es parte de la escena del crimen.
Puck y yo nos dirigimos hacia ahí. Ha estado muy callado desde que dejamos a Jake. Sospecho que la duda sobre su padre puede ser la causante de ello, pero puede ser cualquier cosa. Desde la culpa carcomiendo por dentro, hasta la angustia de tener que hacerle frente a una ex que lleva tiempo evitando. No prefiero ninguna opción, realmente.
Quizás pueda cambiar el hilo de sus pensamientos.
—Hablame del incidente de Hiela — le pido.
—¿No quieres te que agarre con la guardia baja?
—Claro que no. Esa mujer me clavaría una estaca en el corazón si me permitiera algo así.
Lo veo claramente. El rostro pálido, los labios carmesí y unos filosos colmillos de vampiro inmortalizando el momento justo en que Hiela irónicamente me apuñala en el corazón. Nació para el papel de una chupasangre sin alma.
—Nunca la dejaría — me asegura Puck.
Y por primera vez desde que todo ese problema comenzó, me da la mano sin miedo a que se la aparte. No es que vaya a hacerlo en realidad. El contacto con su piel es adictivo desde el primer día. Pero las cosas no están tranquilas como para que yo me distraiga con gestos así.
Dicho eso, acaba de tener que defender al padre que odia de una acusación de homicidio. Supongo que puedo permitirle una muestra de afecto.
—Por eso te mataría a tí primero — digo — Tú le rompiste el corazón y yo me quedé con el premio.
—Ahora me siento un objeto sexual.
—Ni siquiera nos hemos besado.
—No por falta de intentos.
Sino por falta de suerte. Ahora me pregunto si llegará el día en que pueda besarme con Puck sin pensar que puede ser un asesino a sangre fría. O el hijo de un asesino a sangre fría. O el amigo de un asesino a sangre fría.
¡Ay por Dios!
¿Y si yo soy la amiga de un asesino a sangre fría? Okay, dejaré de decir "asesino a sangre fría" antes de que sea lo único en que pueda pensar.
Jake, y esto me duele en el alma decirlo, puede tener algo de razón al decir que Kenji, Oliver, Ava o Jonas son parte de este embrollo. Alguno podría ser el homicida. Alguno podría ser el responsable de que una espada cuelgue sobre mi cabeza.
Ya lo sabía pero ahora pienso que la teoría está pronta a convertirse en realidad. Tarde o temprano, puede que les llegue el turno de ser interrogados, si es que Hiela no resulta ser la mente maestra detrás de todo.
—Ya dime — insisto — ¿Qué pasó hace un año?
—Pues, Hiela y otro alumno de Teatro estaban en la biblioteca cuando ésta se incendió. Siempre se ha sospechado que ellos lo iniciaron, pero como imaginarás, la falta de pruebas tuvo mucho que ver en su absolución.
¿Por qué no había escuchado de este hecho antes?
¿Y cuántas bibliotecas tiene este lugar? Definitivamente no recuerdo que haya una sección en reparación en la que yo he ido a estudiar.
—¿Quién era el otro alumno? — pregunto. Tal vez Hiela sea la sospechosa principal, pero no trabaje sola.
—No tengo idea, pero poco importa.
—¿Por qué?
—Está muerto.
Bien, adiós a la teoría del doble asesino. ¿Acaso las cosas se retorcerán así el resto de la trama o solo es mi mala suerte jugando de vez en cuando?
—Algunos creen que fue por el humo del incendio — continúa Puck — Otros piensan que Hiela lo mató y quiso cubrir sus huellas del cadáver.
Esa teoría me gusta, aunque solo sea por el hecho de que Hiela es la responsable y eso me facilita las cosas.
Sin embargo, no creo que se sostenga por varios lados. Si ella lo mató, quemar el cuerpo es una buena forma de cubrir sus huellas tanto como una patética forma de ser descubierta igualmente. Había muchos indicios de que ella quemó el cuerpo, y sería juzgada por dos crímenes.
Bueno, debería ser juzgada por dos crímenes. Algo me dice que la fortuna a espaldas de la reina del hielo la salvaría hasta de la Suprema Corte de Justicia. E irónicamente, no es nada justo.
—¿En qué grupo estás tú? — pregunto.
—Solo te diré que no había humo en los pulmones de ese chico. Pero conozco a Hiela y sé que preferiría aspirar vidrio molido antes que arruinar sus uñas matando brutalmente a alguien.
¿Qué odio más? ¿Que tenga un punto válido o que haya dicho "conozco a Hiela"? Los celos no me gustan, mucho menos cuando no tengo derecho a ellos. Así que los ignoraré y seguiré mi camino.
—Entonces eres de esos — digo.
—¿Esos?
—Los que creen conocer a las personas.
—Solo a las malas y a las aburridas. Son fáciles de predecir.
Siempre se puede confiar en que una mala persona tomará la decisión egoísta. Y una aburrida, la decisión simple. Las buenas personas que toman la difícil porque suele ser la correcta, ¿son valientes o idiotas? Tiendo responderme a mísmia diciendo que son ambas, porque me reúso a pensar que no hay que ser un poco idiota para tener la valentía de hacer algo.
Con esto en mente, llegamos al patio. La cinta amarilla que rodea la escena del crimen sigue intacta en la mayoría de los sectores. No es de extrañar que justo donde está Hiela, no sea así.
Ella está sentada junto a la fuente, con su comida casi sin tocar y su celular frente a los ojos. Ahora podríamos apostar a ver si está en sus perfiles sociales o solo viéndose a sí misma con la cámara frontal.
Nos acercamos a ella con cautela. Tal vez Hiela tenga el dinero para sobornar a los policías, pero claramente ese no es mi caso. Y me gusta mi libertad, muchas gracias.