Al voltear y ver a Arián ingresando al jardín como todo un asesino saliendo de entre las sombras, algo se me revuelve en el estómago.
Desde que llegué a este lugar, Arián no ha sido más que la sombra de Jake y a veces de Hiela. Está con ellos en cada paso, asegurándose de que brillen con su silencio y su mirada baja.
Tampoco puedo evitar recordar su pequeña aventura con Kenji en el baño durante aquella noche clandestina. Estaba avergonzado, asustado y salió corriendo como alma que lleva el Diablo. Una versión muy poco elegante de él, si puedo decirlo.
¿A qué versión de Arián tenemos delante? ¿El fiel seguidor, callado y obtuso? ¿O el avergonzado gay de closet que es capaz de mirar con rabia a una pobre chica que le interrumpió la noche de libertinaje?
Yo elijo pensar que esta es una nueva cara.
Una más sombría, ciertamente, pero también más honesta y directa. Solo resta saber si esta versión fue la asesina del profesor Hudson o no.
—Yo estaba con ella y Samy cuando todo pasó — dice sin más.
—La verdad, me sorprendes, Arián — confiesa Puck descaradamente — Pensé que solo perseguías el trasero de Jake a todas partes. O el de Kenji, en su defecto, pero por motivos diferentes, creo.
Miro a Puck con algo muy parecido a la ira. No sabemos cómo podría reaccionar Arián ante una provocación, ya que en realidad no lo he visto reaccionar a nada en absoluto. ¿Será violento? ¿Despectivo? ¿Tendrá un ataque psicótico o algo así?
—Yo no estaba participando en "eso", si es lo que insinúas, Reynolds — responde con un tono rojizo apareciendo en sus mejillas.
—Porque hacer un trío sería pecado, ¿cierto? O eso es lo que te dice tu amigo psicópata.
Puck no detiene sus palabras. Me deja inquieta que sea tan agresivo con Arián, cuando se portó tan bien ante Jake y Hiela. Tal vez sea porque no se lo pedí, aunque eso sería estúpido.
De cualquier forma, no voy a esperar a que la tapa salte de la olla para averiguar cuánto soporta Arián. Mucho menos si posible que sea nuestro asesino.
—¿Qué hacías ahí entonces, Arián? — pregunto amablemente.
Arián se mueve nervioso. Desvía la mirada hacia el suelo.
No había notado antes que sus rizos color cobre son más oscuros de lo que aparentan. Ni que tiene pecas hasta en las orejas. Es increíble que acabo de darme cuenta lo pequeños que son sus hombros y pies.
Al lado de sus "amigos", Arián parece otra hiena del montón. Intimidante, peligrosa, salvaje. Estando solo con su verdad a punto de ser contada, no es más que un chico normal, con miedos normales, que hasta podría agradarme si no fuera un presunto homicida.
—Yo solo... escuché a Hiela besarse con alguien — dice — Pensaba ignorarla hasta que dijo que necesitaba "algo" para seguir.
—¿Y tú querías de eso?
Asiente despacio.
—Estaba teniendo una noche muy de mierda. Solo quería perderme un buen rato.
—Creeme, perderte en tu propia cabeza es algo que nadie necesita — le asegura Puck, como si tuviera más experiencias con drogas de la que me haya revelado.
—Como sea, me acerqué a ellos para que compartieran. Siguieron con lo suyo por unos 20 minutos hasta que Samy tuvo el ataque. Hiela estaba tan asustada que no me atreví a dejarala sola, aunque tampoco estaba en mis mejores capacidades para pensar con claridad.
—Yo lo simplifico: fue un torpe — dice fríamente Hiela — Lo único que hizo bien esa noche fue provocar el incendio para que culparan a Samy.
—No recuerdo que tú hayas tenido mejores ideas.
No puedo creer, aunque lo haya escuchado hace solo un segundo, que Hiela tenga el corazón tan frío como para hablar así de su compañero. En especial después de que le salvó el cuello hace un año.
Lo sé, lo sé.
No se hacen amigos en esta academia si se quiere sobrevivir. Pero, por favor, un poco de humanidad no hiere a nadie.
Y por más empatía que pueda sentir por su disfuncional amistad, Arián traspasó límites morales y legales por ella. Jamás lo justificaría, menos con un joven muerto de por medio.
—No puedo creer que hicieran todo eso solo para que sus padres no los castigaran o lo que sea que haga la gente rica para disciplinar a sus hijos idiotas — digo en voz alta, aunque en realidad es más un recordatorio para mi.
—Mis padres no hubieran hecho nada — murmura Arián — Si apenas saben que sigo vivo.
Lo cual, vuelve sus acciones todavía menos coherentes.
—¿Entonces por qué encubrir la sobredosis de Samy? — pregunta Puck, casi tan confundido como yo.
—Tal vez soy invisible para mis padres. Pero para el tuyo, Reynolds, soy un apellido en su registro de alumnos. Me habría echado de aquí de haber sabido la verdad. Y no pienso irme de esta academia.
—Dejame adivinar: tu querido bailarín es la razón de ello — dice Hiela como si nada.
Arián cierra la boca de inmediato. Es claro que Kenji significa más para él de lo que quiere admitir en voz alta.