Villains

#19 - El diario de los chantajes

Me toma 10 minutos abrir la cerradura del despacho que pertenecía a Hudson. Y hablo en pasado porque quiero creer que un muerto ya no necesita una oficina. En este tiempo muerto en el que nadie la reclama, entrar no debería ser ilegal.

Al ingresar me recibe la oscuridad, así que busco el interruptor de la luz cuando esta se enciende como por arte de magia. Doy media vuelta, y Puck está junto al marco con el dedo en el interruptor.

—No puedo creer que abrieras la cerradura tan fácilmente — dice — Le das mala fama a los latinos haciendo eso.

Me sorprende que siga aquí conmigo. Esperaba que hubiera captado la indirecta de que no quiero hablarle después de lo que pasó con su primo. Me marché sin mirar atrás, decidida a hacer lo que debo hacer para terminar con esta locura de una buena vez.

El hecho de que me esté acechando como un perrito no cambia eso.

Puedo hacerlo sola. Muy distinto es que no quiera hacerlo así, pero las opciones se han limitado bastante. El lado agresivo de Puck puede ser lindo cuando intenta cuidarme o defenderme de idiotas como Jake Burton. Más cuando una víctima como su primo está en el medio, no veo razón para que pierda la cordura como lo hizo. No quiero estar cerca de alguien así, no ahora.

He estado en esta oficina otras veces. Como su ex asistente, me acostumbré a entrar y salir con miles de carpetas en mano, o trabajos de los alumnos, así como almuerzos extremadamente caros que ese viejo nunca se terminaba. La vida de un profesor no debería ser tan glamorosa. Pero ahora que sé que se dedicaba en secreto a extorsionar estudiantes, todo tiene sentido.

Me encamino con naturalidad entre el escritorio y la biblioteca. Había zonas o cajones en ellos que el profesor me prohibió explícitamente tocar. Por lo que son los primeros lugares donde vuscaré. Debe haber algo ahí que sirva.

—¿Y qué hacemos aquí? — Puck me sigue de cerca imitando mis movimientos.

—Arián dijo que Hudson llevaba un registro de las cosas que sabía de los alumnos para sacar provecho de ello — respondo.

—¿No crees que solo era una metáfora?

—Puede ser, pero no nos hará daño investigar.

Me doy cuenta tarde que acabo de dirigirle la palabra. Espero que no lo tome como que lo perdoné y todo está bien, porque no es así. Es solo que se ha convertido en un reflejo tener conversaciones con Puck. Me sale natural y es entretenido a la vez que estimulante.

Sin embargo, debo aferrarme al enojo tanto como pueda. Los idiotas, por más temporales que sean, no merecen mi tiempo y afecto. Y tal vez tardé mucho en entender eso pero ya lo hice.

Busco entre los papeles de arriba, solo en caso de que Hudson hubiera dejado algo sin guardar por error. Algo difícil de creer ya que era sorprendentemente meticuloso, pero nunca está de más confiar en la imperfección humana.

Nada.

Pruebo con los cajones y la gran mayoría están cerrados. Podría intentar abrirlos, si me concentro un poco.

—Bueno, estaba enfermo pero tenía buen gusto literario — el comentario me obliga por fuerza mayor a mirar hacia Puck, quien alza un libro — Don Quijote, un clásico.

Ruedo los ojos con fastidio antes de volver a mi tarea criminal.

Ahora que lo pienso, si no voy presa por homicidio, espero no caer por allanamiento.

En fin, esta cerradura es más sofisticada que la de la puerta. No quiero tardar mucho con ella o podría dejar pasar alguna otra pista útil en el poco tiempo que tenemos.

Y que Puck no deje de hablar tampoco es una ayuda muy grande.

—¿No dirás una frase del autor, o algo así para que sepa que estamos bien y no sigues enojada conmigo?

"Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia." Sussy me enseñó esa frase hace años. No diría que es mi favorita, pero es la primera que me viene a la mente. Tal vez porque intento hacer justicia justo ahora, o porque el mundo en esta academia está a punto de cambiar drásticamente por la decisión de un homicida.

En cualquier caso, no abro la boca.

—Bien, entiendo — murmura Puck lo suficientemente alto para que lo oiga mientras aún intento abrir el cajón.

Presto poca atención a los pasos de él que rodean el escrito para quedar frente a mí. Sé que si alzo la vista, lo veré más alto, y esa posición de desventaja visual me va a desconcentrar todavía más. Así que lo ignoro, o eso pretendo, hasta que dice:

—Sí sé lo que es ser acosado por alguien.

Mis dedos se detienen solos, pero aún no lo veo a los ojos.

—¿Perdona?

—Dijiste que el gran Puck Reynolds no sabe lo que es tener un bully, pero te equivocas.

—Que tu padre sea un imbécil no lo convierte en bully.

El director podrá tener muchos defectos. Tanto como autoridad en una institución como en el área de la paternidad. Sin embargo, no creo que haya sido la clase de hombre que golpea a sus hijos, que los priva de derechos comunes como la libertad de expresión o que los convierte en parias sociales producto del maltrato.

Puck sería verdaderamente diferente de haber crecido con un hombre así en casa.



#589 en Thriller
#266 en Misterio
#287 en Joven Adulto

En el texto hay: misterio, roamnce, dark academia

Editado: 16.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.