Einstein definía la locura como hacer lo mismo todo el tiempo y esperar un resultado diferente.
Empiezo a pensar que ese hombre despeinado y loco en realidad sí podría haber sido un genio. Porque ya perdí el número de entrevistas que llevamos, y podría parecer que avanzamos algo pero no. Desde el maldito Jake Burton y su video drogado hasta Henry y su diario super organizado, todos han tenido una coartada para la hora de la muerte.
El único descubrimiento real ha sido que Hudson si fue asesinado, con veneno primero y una caída inconsciente después. ¿Quién lo hizo? Sospecho que la semana empezará sin respuestas para esa pregunta.
Se hacen casi las 12 de la noche cuando llegamos a la habitación de Owen Becket. Sí, él es Dedeo Mágicos y no sé cómo pude olvidarlo ya que era obvio. Él pinta con las manos y si es tan bueno como presume con las mujeres, pues... dejaré el tema ahí antes de decir una tontería.
Puck se ve menos tenso que cuando abordamos a Emma. Y definitivamente menos enojado que cuando fue el turno de Henry. Tal vez ya se ha acostumbrado al hecho de que alguien cercano puede ser un asesino, lo cual yo no he podido hacer desde que empezamos con Kenji.
Siento que cada rechazo es como una puñalada a mi libertad. Así como también es un nombre menos en la lista. Se hace cada vez más pequeña, cada vez más cercana a la verdad. Una espada de doble filo.
Puck me advirtió que Owen es inofensivo. Sus palabras y actos de galán sin esfuerzo solo son un mecanismo de defensa que adquirió desde la infancia gracias a una madre que lo obligaba a reprimir sus emociones.
Honestamente, todo aquello me interesaría más si Owen fuera el asesino. ¿Quién no quiere saber cómo un homicidio odia y culpa a su madre por todos sus demonios? Sería, como siempre, un buen documental.
Pero la verdad es que dudo mucho de la culpabilidad de Owen. Tiene los rasgos conductuales, la fuerza física y después de lo que descubrimos, el motivo también. Más no parece la clase de hombre que toma la venganza por su mano. Le pagaría a alguien, sin duda.
Por sobre todo está el hecho de que ha pasado un año. ¿Por qué habría esperado tanto? Si acaso pasó algo que desatara la ira incontenible de Owen como asesino, Hudson no dejó evidencia de ello.
Puck toca a la puerta. Escucho algunas cosas moverse, o cayendo, antes de que Owen aparezca con la camisa desabotonada y marcas en el cuello que no parecen pintura en absoluto. Aunque la pregunta más grande es ¿por qué demonios lleva las gafas de sol?
—Vaya vaya — no saluda con una sonrisa — Al fin es mi turno.
—¿Nos esperabas? — pregunto confusa.
—Llevan horas interrogando a todos los presentes como dos detectives amantes. Soy artista, no ermitaño.
Asumo que Henry o Emma le habrán escrito un mensaje contándole en qué estamos Puck y yo. No es lo que más me agrada, pero incluso en esta situación de encierro, no puedo evitar que la gente use su celular.
—¿Podemos pasar? — la pregunta de Puck es cortés pero la hace cuando ya pasó el umbral.
—Amigo, tú siempre eres bienvenido.
Cuando intento seguir sus pasos, el brazo de Owen me detiene al apoyar la mano sobre el marco.
—Pero las mujeres deben pagar peaje o decirle adiós a sus prendas de vestir.
—¿Disculpa? — me cruzo de brazos indignada porque no creo que bromee.
—Un beso o tu ropa, cariño.
¿Qué tal una patada donde no le da el sol?
Por suerte, Puck interviene antes de que dé esa respuesta. Ya tenía preparado el pie.
—No te pases de listo, Owen. Si te rompo los dedos, tu arte muere con ellos.
—No seas tan serio, Pucky. Solo me divierto.
Owen se mueve de la puerta y yo paso. Aunque lo dudo por un segundo. A diferencia de Emma que siempre fue linda conmigo, o Henry que en realidad nunca me habló pero tampoco fue un idiota, esta es la primera vez que entablo un contacto con Owen Becket.
Y lo estoy odiando.
Los chicos engreídos que piensan que por ser ricos son superiores ya son bastante insoportables en el día a día como para tener que agregar "super guapo y amado" a su resumen de vida.
Porque sí, Owen será el idiota que todos esperan de él, presumiendo de sus hazañas y conquistas. Pero el maldito no presume de la nada, tiene con qué respaldarse con ese rostro de modelo y cuerpo escultural.
Su estudio, por otra parte, es un desastre que espantaría a cualquier mujer cuerda. Más que pintura, lo que tiñe la alfombra del piso parece sangre con colorante. ¿Quién pone una alfombra en un lugar de arte?
Los lienzos están tirados por el suelo. El estante de las pinturas tiene todas las latas abiertas. Hay ropa sucia en cada rincón formando montañas que apostaría que apestan a mil rayos. Y casi resbalo con un pincel tamaña industrial que ni siquiera sé para qué tiene si usa siempre los dedos.
Conclusión, me alegra haber tenido mi flechazo con un artista como Puck, y no este simio con sonrisa cautivadora.
—¿Ves algo que te guste, muñeca?
No me había dado cuenta que a la par que inspeccionaba el estudio, había posado mi vista demasiado tiempo en Owen.