Vincent

El nombre que todos conocen

CAPITULO 2

A la mañana siguiente, Amelia despertó con la sensación de haber olvidado algo.

Tardó unos segundos en recordar dónde estaba.

El techo desconocido, las cajas todavía sin abrir y la lluvia golpeando suavemente contra la ventana le devolvieron la respuesta.

Blackwood Hills.

La fotografía apareció entonces en su memoria.

Amelia se incorporó y buscó sobre la mesa de noche. La había dejado allí antes de dormir.

La tomó entre sus dedos.

La casa Blackwood.

La palabra escrita detrás.

Vincent.

Volvió a darle la vuelta.

No había nada más.

—¿Por qué tienes que hacer todo tan raro? —murmuró para sí.

Guardó la fotografía dentro del cajón y bajó a desayunar.

Su madre ya estaba en la cocina.

—Buenos días.

—Buenos días.

Amelia se sentó frente a ella.

Durante unos minutos solo se escuchó el sonido de los cubiertos.

Hasta que su madre preguntó:

—¿Dormiste bien?

Amelia levantó la mirada.

—Más o menos.

—¿Pasó algo?

Por un instante pensó en contarle lo de la fotografía.

Pero algo la hizo detenerse.

—No. Solo me cuesta acostumbrarme.

Su madre asintió, aunque Amelia notó que parecía estar esperando otra respuesta.

—Hoy iré contigo a la escuela.

—No hace falta.

—Es tu primer día.

—Precisamente por eso.

Su madre sonrió.

—Bien. Entonces te dejaré ir sola.

Amelia terminó su desayuno y subió por su mochila.

Antes de salir, miró por la ventana.

La casa Blackwood seguía allí.

Imponente.

Silenciosa.

Y, por alguna razón, Amelia sintió que aquella mañana era diferente.

—Te dije que no miraras hacia allá.

Sophie apareció a su lado apenas Amelia cruzó la entrada de la escuela.

—Buenos días para ti también.

—Buenos días. Ahora deja de mirar la casa Blackwood.

Amelia volvió la cabeza.

—¿Cómo sabes que estaba mirando?

—Porque llevas treinta segundos haciéndolo.

—Solo estaba viendo la casa.

—Eso es exactamente lo que digo.

Sophie comenzó a caminar.

—Ven. Te enseñaré dónde está todo antes de que termines entrando accidentalmente a algún lugar donde no deberías.

—¿Y existe alguno?

Sophie la miró.

—En Blackwood Hills, sí.

Amelia sonrió.

La escuela no era demasiado grande, pero estaba llena de estudiantes que parecían conocerse desde siempre. Algunas personas miraron a Amelia al pasar.

No tardó en entender lo que Sophie había querido decir.

La gente hablaba.

Mucho.

—¿Siempre son así? —preguntó Amelia.

—Solo cuando alguien es nuevo.

—Perfecto.

—Te acostumbrarás.

Doblaron por uno de los pasillos y Sophie se detuvo de repente.

—Ah.

—¿Qué?

Sophie miró hacia el otro extremo.

Amelia siguió su mirada.

Había varias personas reunidas junto a las ventanas.

Y entre ellas estaba él.

Vincent Blackwood.

Amelia lo reconoció inmediatamente.

No por haberlo visto claramente la noche anterior.

Sino porque había algo en él que hacía difícil confundirlo con alguien más.

Estaba apoyado contra la pared, vestido de negro, conversando con un chico de cabello oscuro que parecía ser su amigo.

Vincent no sonreía.

Tampoco parecía necesitar hacerlo.

Había algo tranquilo en su manera de permanecer allí, como si todo lo que ocurría a su alrededor le resultara perfectamente predecible.

—Ese es —dijo Sophie.

Amelia no respondió.

Vincent levantó la mirada.

Sus ojos recorrieron el pasillo.

Y se detuvieron en ella.

Solo un instante.

Pero fue suficiente.

Amelia apartó la mirada primero.

—¿Qué? —preguntó Sophie.

—Nada.

—No dije nada.

—Precisamente.

Sophie la observó con desconfianza.

—Amelia.

—¿Qué?

—No te metas con él.

Amelia soltó una pequeña risa.

—Ni siquiera lo conozco.

—Mejor así.

Continuaron caminando.

Pero antes de desaparecer por el pasillo, Amelia volvió a mirar.

Vincent ya no estaba allí.

La primera mitad del día pasó más rápido de lo esperado.

Amelia consiguió sobrevivir a las clases, memorizar algunos nombres y descubrir que Sophie tenía razón sobre los rumores.

Para el almuerzo ya había escuchado tres versiones diferentes sobre Vincent.

En una, había sido expulsado de otra escuela.

En otra, había tenido problemas con alguien de una familia importante.

La tercera era tan absurda que Amelia ni siquiera quiso preguntar.

—¿Y tú te crees todo eso? —preguntó mientras caminaban con sus bandejas.

—No.

—Entonces, ¿por qué me lo cuentas?

—Porque es divertido.

Amelia negó con la cabeza.

—Definitivamente eres una mala influencia.

—Gracias.

Se sentaron junto a una ventana.

Sophie comenzó a hablar sobre las clases cuando alguien dejó una bandeja sobre la mesa de al lado.

Amelia levantó la mirada.

Era el chico que había estado con Vincent.

—¿Sophie Bennett?

—Depende de quién pregunte.

El chico sonrió.

—Damien Cross.

—Ya sé quién eres.

—Eso me preocupa.

Sophie cruzó los brazos.

Damien miró a Amelia.

—Tú debes ser la nueva.

—Amelia.

—Bienvenida a Blackwood Hills.

—Gracias.

Damien se sentó sin pedir permiso.

—¿Ya te contaron todo?

—¿Sobre qué?

—Sobre Vincent.

Sophie soltó un suspiro.

—No empieces.

Damien sonrió.

—Solo pregunto.

Amelia lo miró.

—¿Es verdad todo lo que dicen?

Damien guardó silencio durante un segundo.

—No.

—¿Y qué parte es verdad?

—Eso tendrás que descubrirlo tú.

Sophie hizo una mueca.

—Qué misterioso.

—No estoy intentando ser misterioso.



#340 en Thriller
#104 en Suspenso
#78 en Paranormal
#33 en Mística

En el texto hay: #romance, #secretos, #romance #misterios

Editado: 12.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.