Vincent

Lo que no deberia de saber

CAPITULO 3

La fotografía seguía sobre mi escritorio cuando amaneció.

No había podido guardarla.

Cada vez que intentaba hacerlo, terminaba sacándola otra vez del cajón, como si mirar aquella imagen pudiera explicarme algo que las palabras de mi madre y las advertencias de Sophie no habían conseguido.

La casa Blackwood aparecía en el centro de la fotografía, mucho más joven, pero igual de imponente. Las ventanas, la entrada, los árboles que rodeaban la propiedad... todo coincidía.

Lo único que no coincidía era la mujer.

La había visto en aquella fotografía la noche anterior, pero cuanto más la observaba, más incómoda me resultaba su presencia. Estaba de pie junto a los Blackwood, sonriendo hacia la cámara como si perteneciera a aquella familia.

Y yo no sabía quién era.

—Vas a terminar memorizándola —dijo Sophie desde la puerta.

Levanté la mirada de golpe.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

—Lo suficiente para saber que esa cara no pertenece a alguien que debería aparecer en tus mañanas.

Guardé la fotografía entre las páginas de mi cuaderno.

—No sé quién es.

Sophie entró y dejó su mochila sobre una silla.

—Entonces déjala ahí.

—¿Por qué?

—Porque en este pueblo las cosas que parecen pequeñas casi nunca lo son.

La miré unos segundos.

—Eso suena exactamente como algo que diría alguien que sabe más de lo que está contando.

Sophie sonrió apenas.

—Tal vez estoy aprendiendo a hablar como la gente de aquí.

No insistí.

Todavía.

En el instituto intenté concentrarme en las clases, pero fue imposible.

La fotografía seguía dando vueltas en mi cabeza y, para empeorar las cosas, había una pregunta que no dejaba de repetirse.

¿Por qué Vincent Blackwood había reaccionado de aquella manera cuando mencioné su apellido?

No había sido sorpresa.

Había sido otra cosa.

Como si estuviera acostumbrado a que la gente hiciera preguntas y supiera exactamente cómo conseguir que dejaran de hacerlas.

Lo vi al final del pasillo.

Estaba junto a Damien, apoyado contra los casilleros mientras hablaban de algo que no alcancé a escuchar. No parecía estar buscándome.

Y eso, por alguna razón, me tranquilizó.

Hasta que levantó la mirada.

Nuestros ojos se encontraron apenas unos segundos.

Vincent no sonrió.

Tampoco apartó la mirada.

Simplemente me observó con esa expresión tranquila que empezaba a resultarme difícil de interpretar.

Fui yo quien terminó caminando primero.

—No lo mires tanto —murmuró Sophie a mi lado.

—No lo estaba mirando.

—Claro.

—Sophie.

—Amelia.

La ignoré.

Pero mientras seguíamos caminando, tuve la sensación de que alguien continuaba observándonos desde el otro lado del pasillo.

Después de clases fui a la biblioteca.

Necesitaba respuestas y, por primera vez desde que había llegado a Blackwood Hills, decidí dejar de depender de lo que la gente quisiera contarme.

Busqué libros antiguos sobre la ciudad.

Historia de Blackwood Hills.

Familias fundadoras.

Propiedades antiguas.

Blackwood.

Encontré varios resultados.

La mayoría hablaba de negocios, donaciones, eventos importantes y fotografías de la familia.

Nada extraño.

Hasta que encontré un libro mucho más viejo, cubierto de polvo, escondido en uno de los estantes inferiores.

Lo abrí.

Pasé algunas páginas.

Y entonces apareció.

Una fotografía.

Sentí un escalofrío.

Era la misma casa.

Pero esta vez había varias personas frente a ella.

Entre ellas estaba la mujer de mi fotografía.

Me acerqué un poco más.

A su lado había un hombre que reconocí inmediatamente como el padre de Vincent, aunque mucho más joven.

Y unos pasos detrás de ellos había un niño.

Vincent.

Me quedé mirando la imagen.

No sabía por qué, pero aquella fotografía me produjo una sensación extraña.

No porque él estuviera allí.

Sino porque la mujer estaba demasiado cerca de su familia para ser una simple invitada.

Tomé el libro y lo acerqué hacia la luz.

Había una fecha debajo.

2004.

Y entonces escuché una voz detrás de mí.

—No deberías estar viendo eso.

Me quedé inmóvil.

No necesitaba girarme para saber quién era.

Aun así, lo hice.

Vincent estaba detrás de mí.

Por primera vez desde que lo había conocido, no parecía divertido.

Miró el libro.

Después me miró a mí.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

—Buscando información.

—Sobre Blackwood Hills.

—Entre otras cosas.

Sus ojos volvieron a la fotografía.

—Cierra el libro.

—¿Por qué?

—Porque te lo estoy diciendo.

—Eso no es una razón.

Vincent soltó una pequeña risa, pero no había humor en ella.

—Tienes razón.

Se acercó un poco y señaló la fotografía.

—Entonces te daré una razón.

Lo miré en silencio.

—Esa fotografía no debería interesarte.

—¿Quién es ella?

Vincent dejó de sonreír.

Durante unos segundos pareció debatirse entre responderme o marcharse.

Finalmente dijo:

—No importa.

—Si no importara, no estarías aquí.

Su mirada cambió.

Había algo en sus ojos que no había visto antes.

No era enojo.

Era preocupación.

—¿Dónde viste esta fotografía?

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Amelia.

Fue la primera vez que dijo mi nombre sin ironía.

—¿Dónde la viste?

No respondí.

Vincent esperó.

Yo también.

Hasta que finalmente cerró el libro frente a mí.

—Déjalo.

—No.

—No sabes en qué te estás metiendo.

—Entonces explícame.

Me sostuvo la mirada durante unos segundos.

—No puedo.

—¿No puedes o no quieres?



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Editado: 12.09.2026

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