CAPITULO 4
No dormí bien aquella noche.
La fotografía permaneció sobre mi escritorio hasta que el cansancio terminó venciéndome, pero incluso cuando cerré los ojos seguía viendo el mismo rostro, la misma casa y, sobre todo, la expresión de Vincent cuando había descubierto que yo estaba investigando.
Había algo que no entendía.
Si aquella mujer pertenecía al pasado de su familia, ¿por qué le molestaba tanto que yo la hubiera encontrado?
A la mañana siguiente guardé la fotografía dentro de mi mochila.
No pensaba olvidarla.
No después de todo lo ocurrido.
—¿Sigues con eso? —preguntó Sophie cuando me encontró en la entrada del instituto.
—Sí.
—Amelia...
—No voy a hacer nada peligroso.
—Eso no es lo que me preocupa.
La miré.
Sophie bajó la voz.
—Te estás metiendo en algo que ni siquiera entiendes.
—Precisamente por eso quiero entenderlo.
Ella suspiró.
—Entonces al menos dime qué encontraste.
Antes de que pudiera responder, alguien pasó junto a nosotras.
Damien.
Se detuvo unos pasos más adelante y nos miró.
—¿Qué encontraron?
Sophie cruzó los brazos.
—Nada que te interese.
Damien sonrió.
—Eso significa que definitivamente me interesa.
Lo observé.
—¿Conoces a una mujer que aparecía en una fotografía antigua de los Blackwood?
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.
Y esa reacción fue suficiente.
—¿Qué mujer?
—Eso es lo que quiero saber.
Damien miró hacia el otro extremo del pasillo.
Vincent estaba allí.
Solo.
Y, por primera vez, tuve la sensación de que Damien no quería que él escuchara nuestra conversación.
—Después hablamos —dijo.
Se marchó antes de que pudiera detenerlo.
Sophie me miró.
—¿Viste eso?
Asentí.
Sí.
Lo había visto perfectamente.
Y ahora tenía una certeza.
Damien también sabía algo.
Pero ninguno de los dos parecía dispuesto a contármelo.
Todavía.
Y yo empezaba a sospechar que la fotografía no era el verdadero secreto.
Era solamente la primera pieza.