CAPITULO 6
Después de lo que Damien me había dicho, intenté convencerme de que debía dejar el asunto.
No funcionó.
Durante toda la tarde tuve la sensación de que estaba caminando alrededor de una puerta cerrada, sabiendo que detrás había algo que necesitaba descubrir, pero sin encontrar todavía la forma de abrirla.
Cuando llegué a casa, mi madre estaba en la cocina.
—¿Cómo estuvo tu día?
—Bien.
Demasiado rápido.
Ella levantó la mirada.
—¿Solo bien?
—Sí.
Me quedé unos segundos en la entrada.
Había algo que quería preguntarle desde que había encontrado aquella fotografía, pero no sabía cómo hacerlo sin revelar que estaba investigando.
—Mamá...
—¿Sí?
—¿Conoces a los Blackwood?
Su expresión cambió.
Fue mínimo.
Tan mínimo que, si no hubiera estado observándola con tanta atención, probablemente no lo habría notado.
Dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo curiosidad.
—Amelia.
—Todo el mundo los conoce.
—Eso no significa que debas acercarte a ellos.
—¿Por qué?
Mi madre guardó silencio.
Y entonces dijo algo que hizo que mi estómago se contrajera.
—Porque algunas familias tienen problemas que es mejor no convertir en propios.
No pregunté nada más.
Pero esa noche, cuando subí a mi habitación, encontré algo debajo de la puerta.
Un sobre.
Sin nombre.
Sin dirección.
Solo una pequeña palabra escrita en el frente.
Amelia.
Lo recogí.
Miré hacia el pasillo.
Nada.
Volví a cerrar la puerta y abrí el sobre.
Dentro había una sola hoja.
No tenía una carta.
Solo una frase.
Deja de buscar a la mujer de la fotografía.
Me quedé inmóvil.
Nadie sabía que tenía esa fotografía.
O eso creía.
Volví a mirar el papel.
Y entonces encontré algo más.
Una segunda fotografía.
Esta vez no aparecía la casa Blackwood.
Aparecía mi madre.
Mucho más joven.
Y junto a ella estaba la misma mujer que llevaba días intentando identificar.
Se me cortó la respiración.
Porque acababa de descubrir que el secreto de los Blackwood no comenzaba con Vincent.
Comenzaba con mi propia familia.