Vínculo de Sangre

Ep1~ La Niebla sobre Beacon Hill

Beacon Hill no era el tipo de pueblo que aparecía en los folletos turísticos. Era un lugar de inviernos largos, bosques cerrados y una niebla perpetua que parecía lamer las paredes de la Universidad Estatal como si tuviera hambre.

Alba ajustó la correa de su mochila mientras caminaba por el campus hacia la biblioteca. A sus veintiún años, su vida era una línea recta de tranquilidad: clases de literatura, café con Owen y esquivar las miradas melancólicas de su ex, Farrell. Pero esa tarde, el aire se sentía distinto. Pesado. Como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por electricidad estática.

—¡Alba! ¡Espera! —la voz de Oriena resonó por el pasillo de piedra.

Oriena caminaba como si la acera fuera una pasarela de moda, moviendo su melena perfecta a pesar de la humedad. A su lado, Owen caminaba con ese paso pesado y seguro que siempre lo caracterizaba.

—¿Vieron quiénes llegaron a la facultad de Historia? —preguntó Oriena, bajando el tono de voz con una chispa de malicia en los ojos—. Son primos. De algún lugar de Europa, supongo. Tienen ese aire de "somos demasiado ricos para este pueblo mugriento".

—Solo son tipos nuevos, Oriena. No te emociones —dijo Owen, aunque Alba notó que su mejor amigo olfateó el aire con una expresión de incomodidad, como si algo le molestara en el ambiente.

—No son "solo tipos" —insistió Oriena—. El mayor, Steve, parece un príncipe de película antigua. El otro... Enzo... tiene una cara de que va a romperte el corazón y luego se va a reír mientras limpia los pedazos.

Alba no tuvo tiempo de responder. Al doblar la esquina hacia la plaza central, el tiempo pareció detenerse.

Allí, bajo la sombra de un roble centenario, estaba él.

Steve era una visión de elegancia anacrónica. Vestía un abrigo oscuro de corte impecable. Su piel era pálida, casi marmórea, y sus ojos poseían una profundidad que Alba no supo descifrar; era como mirar un pozo de historia de quinientos años. Sus miradas se cruzaron y Alba sintió un vuelco en el estómago, una conexión eléctrica que la dejó sin aliento. Steve le sostuvo la mirada con una intensidad que bordeaba la devoción, pero también el miedo.

—Vaya, la pequeña universitaria tiene buen gusto —una voz cargada de veneno y sarcasmo rompió el hechizo.

A pocos metros, apoyado contra una columna con una manzana en la mano, estaba Enzo. A diferencia de la serenidad de su primo, Enzo irradiaba una energía salvaje. Tenía el cabello revuelto, una chaqueta de cuero desgastada y una sonrisa que prometía problemas. Sus ojos recorrieron a Alba de arriba abajo, deteniéndose un segundo más de lo necesario en el pulso que latía con fuerza en su cuello.

—Cuidado, Steve —dijo Enzo, lanzando la manzana al aire y atrapándola con una rapidez inhumana—. Si la sigues mirando así, vas a asustarla... o vas a hacer que yo quiera probarla primero.

—Cállate, Enzo —respondió Steve, su voz era un barítono suave pero con el filo de una espada.

Alba sintió un escalofrío. Antes de que pudiera decir nada, Farrell apareció detrás de ella, colocando una mano protectora en su hombro.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó Farrell, mirando con desconfianza a los desconocidos. Aunque era el chico amable de siempre, su postura era tensa. Detrás de él, su amigo Rick observaba la escena con una extraña concentración, como si pudiera ver algo más que simples personas.

—Todo bien, Farrell —murmuró Alba, aunque nada se sentía "bien".

A lo lejos, cerca de la entrada de los dormitorios, Alba vio a su hermano adoptivo, Aleck, discutiendo de nuevo con Mara. Mara se veía pálida, con ojeras profundas, mirando a Rick con una mezcla de obsesión y desesperación. Aleck, en su inmadurez, trataba de llamar su atención, pero Mara parecía hipnotizada por la presencia de los recién llegados.

—Vámonos —dijo Owen de repente, con un gruñido bajo que casi no parecía humano. Sus ojos estaban fijos en Steve y Enzo.

Alba se dejó arrastrar por sus amigos, pero no pudo evitar mirar hacia atrás una última vez. Steve seguía allí, estático, como una estatua grabada en el tiempo.

Enzo, por el contrario, le guiñó un ojo antes de morder la manzana con una ferocidad que hizo que a Alba se le erizara la piel.

Ella no lo sabía, pero en ese momento, la vida tranquila de Beacon Hill había muerto.



#1501 en Fantasía
#741 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: misterio, origen, romance

Editado: 30.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.