Vínculo de Sangre

Ep12~ El Último Amanecer

El aire en el jardín de la mansión Miller se volvió espeso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello se erizara. Enzo, atrapado en el círculo de fuego blanco de Cecil, rugía con una voz que ya no era humana, mientras las sombras de los Cosechadores intentaban desesperadamente romper la barrera.

—¡Ahora, Alba! —gritó Cecil, su cuerpo parpadeando como una llama a punto de extinguirse—. ¡Une los hilos!

Alba se puso de pie con esfuerzo. A su izquierda, Owen se incorporó, su mirada de lobo llena de una lealtad inquebrantable y un dolor sordo. A su derecha, Steve se liberó de sus cadenas de sombra, su elegancia vampírica rota pero su determinación intacta.

Alba extendió sus manos. Owen tomó la izquierda; su piel quemaba como el sol. Steve tomó la derecha; su tacto era frío como el mármol antiguo. En ese momento, Alba no fue solo una bruja o una humana; se convirtió en el puente entre dos mundos enemigos. Una luz dorada, roja y púrpura estalló desde su pecho, envolviendo a los tres en un torbellino de energía pura.

—Por Beacon Hill —susurró Alba.

La explosión de luz golpeó a Enzo de lleno. El antiguo vampiro gritó mientras la esencia de los Cosechadores era arrancada de su cuerpo y succionada de vuelta a la grieta de la luna. Con un estruendo final, la luna roja se fragmentó, volviéndose blanca y serena una vez más. El silencio que siguió fue absoluto. Enzo desapareció, dejando tras de sí solo un puñado de cenizas que el viento se llevó hacia el bosque.

***

Dos días después, el sol de la mañana iluminaba las ruinas del jardín. La paz había regresado a Beacon Hill, aunque era una paz frágil. Aleck y Bia estaban en la veranda, recuperándose; ella le vendaba las heridas mientras compartían un raro momento de tranquilidad.

Cerca del lago, Cecil observaba el agua, sintiéndose extraña en su propia piel. La magia Aethelgard seguía vibrando en sus venas, amenazando con alejarla de la realidad.

—Oye —la voz de Rick la trajo de vuelta. Él se acercó con cuidado, cargando dos tazas de café—. No sabía si preferías té de hierbas místicas o algo más... terrenal.

Cecil sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos volvieron a su color verde natural.

—Café está bien, Rick. Gracias por... bueno, por no dejar que me desvaneciera en esa torre.

Rick dejó las tazas en una piedra y se paró frente a ella. El chico que siempre buscaba explicaciones lógicas ahora aceptaba lo imposible.

—Te dije que sería tu ancla, Cecil. Y hablo en serio. No me importa si eres una hechicera interdimensional o la chica que lee las cartas. Solo sé que no quiero que vuelvas a hacer eso sola.

Cecil sintió un calor en el pecho que no era mágico. Se puso de puntillas y le dio un beso corto pero cargado de promesa en la mejilla. Rick se sonrojó, pero no retrocedió; en su lugar, tomó su mano, entrelazando sus dedos.

—Supongo que esto significa que nuestra "investigación" acaba de volverse mucho más personal —dijo Rick con una sonrisa.

***

En el balcón superior de la mansión, Alba miraba el horizonte. Owen estaba allí, apoyado contra la barandilla. El silencio entre ellos era pesado.

—Lo sé, Alba —dijo Owen suavemente, sin mirarla—. Lo supe en el momento en que nuestras energías se unieron. El vínculo del lobo es eterno, pero tu corazón... tu corazón late a otro ritmo.

Alba suspiró, con los ojos empañados.

—Owen, siempre serás parte de mí. Me salvaste de la oscuridad más veces de las que puedo contar. Pero no puedo darte lo que buscas. Mi camino está ligado a algo diferente.

Owen asintió, le dio un apretón afectuoso en el hombro y, con un salto ágil, saltó del balcón para perderse en el bosque, regresando a su manada. Él siempre sería su protector, pero ya no su dueño.

Alba se giró al sentir una presencia detrás de ella. Steve estaba allí, impecablemente vestido a pesar de los recientes eventos, con esa mirada melancólica que solo siglos de existencia pueden otorgar.

—Se ha ido —observó Steve.

—Sí —respondió Alba, acercándose a él—. Steve, lo que pasó... cuando te elegí para el vínculo... no fue solo por el poder.

Steve la miró intensamente, rompiendo su máscara de frialdad.

—Soy una criatura de la noche, Alba. Mi mundo es eterno y, a menudo, solitario.

—Entonces deja de estar solo —dijo ella con firmeza.

Alba acortó la distancia y lo besó. Fue un beso que sabía a sombras y a eternidad, a peligro y a una pasión que desafiaba la muerte. Steve la rodeó con sus brazos, aceptando finalmente que, después de tantos siglos, había encontrado una razón para quedarse en un solo lugar.

Abajo, en la entrada de la mansión, una carta negra sin remitente apareció en el buzón. En el sello, una figura de un cuervo con tres ojos sugería que, aunque Enzo se había ido, otros secretos de Beacon Hill estaban despertando…

...continuará



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En el texto hay: misterio, origen, romance

Editado: 05.03.2026

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