Vitali: Un acuerdo para amarnos

CAPÍTULO 2: AURORA

Sábado 27 de mayo de 2028

So she said, what's the problem, baby?

What's the problem?

I don't know.

Well, maybe I'm in love.

Es un buen día para hacer un pie de limón.

Hace un calor agradable.

La limonada está ni muy dulce ni muy agria.

Alexia está a mi lado, leyendo su cuento.

Alexia es mi vecina y yo soy su niñera. Tiene diez años y es muy dulce.

Su mamá trabaja en una oficina como gerente, por lo que no está en casa. Y como yo puedo trabajar donde quiera, me ofrecí a cuidarla.

Trabajo como repostera. No tengo un local; por ahora, solo hago pedidos a domicilio. Mi página web es la mejor inversión que he hecho, después del curso de ocho meses de repostería.

Estoy muy tranquila. Los pedidos de esta semana ya están entregados y solo me queda relajarme.

—Aurora, te está sonando el móvil —dice Alexia, sin quitar la vista del libro.

Miro mi teléfono.

Es mi novio.

No, mi futuro ex. Es un idiota.

El muy perro me engaña con mi dizque amiga. Su ex.

Los descubrí hace un mes.

Y ahí me di cuenta de que nunca lo amé. Me duele más por ella que por él.

Le he escrito una carta para dejarlo, junto con las llaves de su casa, para que no moleste.

Tardé un poco porque tenía que mudar mis cosas a mi casa y sus cosas a su casa, para que no volviera a pisar esta casa. Y llamé a un cerrajero para que cambiara la cerradura.

Mensaje del innombrable:

—¿Qué es esta porquería, Aurora?

Y una foto de la carta.

Le escribí:

—Te dejo. Bye.

Bloqueado.

Guardo mi teléfono.

Volteo hacia Alexia.

—Ale, vamos adentro a comer pie.

—De acuerdo.

¡Qué buen día!

Una semana después

El muy imbécil viene a buscar problemas.

—Ay, ya, Carlos. Olvídame.

Estoy supremamente harta de este hombre.

—Auro, nos íbamos a casar.

Y dale con la cantaleta.

—Ya te dejé. Lárgate.

—O vuelves conmigo o me suicido.

Sí, claro. Este es más soberbio. No lo veo capaz.

—¿Sabes qué? Me voy.

Me agarra de la manga del suéter y hace un ademán de querer darme una cachetada.

Una mano lo agarra. Es una mujer muy bonita.

Oh, por Dios, se parece a mí.

Y no solo yo lo veo; Carlos también parece asustado.

—¿Tienes una hermana gemela?

—Retírate, escoria, si no quieres que mis guardaespaldas te den una golpiza.

Unos hombres de traje negro, muy musculosos, miran a Carlos con mucha seriedad. Este huevón se pone rojo y se larga.

A buena hora.

—Gracias.

—No hay de qué. Espero que no sea tu novio.

—Ya lo dejé; por eso vino. ¿Quieres tomar algo?

—Sí, dale. Conversamos un buen rato.

Me contó muchas cosas. Está comprometida con Lorenzo Vitali, alguien a quien nunca ha visto.

Se me queda mirando un buen rato.

—¿Podrías casarte tú con él?

—¿Qué? Perdón, ¿qué?

—Sí, lo siento. Es que estoy enamorada de otra persona. Como tú estás soltera, solo tendrías que estar casada durante un año.

—De acuerdo, pero ¿él no se va a dar cuenta? ¿O tus padres, cuando él quiera ir a visitarlos?

—No. Mis padres fallecieron hace años.

—Lo lamento. Los míos también.

—Por favor, hazme este favor.

—Está bien. Yo me casaré con Lorenzo Vitali.




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