—Señor Vitali, aquí están los planos del centro comercial —dice Gabriel, el nuevo arquitecto.
—Veámoslos.
Hemos estado dos horas mirando los planos. Al final, me he decidido por el plano 3, que tiene cuatro plantas, tal y como me dijo el cliente que quería.
Muchas veces es agotador, pero sientes satisfacción cuando el trabajo queda perfecto.
La próxima semana comenzaremos la construcción y, en dos meses, estará listo.
Volviendo al tema de compartir las cosas buenas y malas, este viernes voy a conocer a mi futura prometida, Patricia DiLaurantis.
No sé por qué, pero cuando vi sus fotos, me recordó a alguien.
—Señor Vitali, su cita de las doce ya llegó —dice mi secretario al abrir la puerta.
—Diles que pasen.
Los señores Lombardi son una pareja de ancianos de lo más agradable. Quieren construir un colegio para su nieto. Los padres del niño han tenido problemas con otros colegios y quieren tener uno acorde con las necesidades de su hijo. Me enteré de que, con el último, fueron a dos colegios y la directora lo único que quería era meterse con el padre.
Yo no entiendo por qué en esta hermosa ciudad hay colegios tan malos.
—Buenos días, Ana y Martín —los saludo con un beso en la mejilla a ella y con un apretón de manos a él.
—Buenos días a ti también, hijo.
—¿Cómo van los planos del colegio? Estamos haciendo entrevistas para los profesores.
—Van muy bien. Es más, aquí tengo los planos. Será un colegio de dos plantas, de dos mil doscientos metros cuadrados cada una. Además, en el jardín habrá una piscina grande, con una profundidad máxima de un metro veinte para los niños. Todo esto estará cubierto.
—Me parece espectacular.
—Estamos totalmente de acuerdo.
—Lo comenzaremos el lunes.
—¿No puede ser desde este viernes? Queremos comenzarlo lo antes posible.
—Lo entiendo, pero el viernes voy a conocer a mi prometida.
—¿Te vas a casar? Jonathan no nos ha dicho nada.
Jonathan es su hijo y mi mejor amigo.
—Es algo muy reciente.
Mucho, de hecho.
—Me alegro mucho. Tu padre estaría orgulloso. Siempre dijo que quería verte feliz y con una familia.
—Sí. Desde la muerte de mi padre, he pensado mucho en la familia que quiero tener.
Ana me sonríe con ternura y Martín asiente lentamente. Ambos conocieron a mi padre durante muchos años; saben cuánto significaba para mí y lo difícil que ha sido ocupar su lugar en la empresa.
—Tu padre siempre decía que eras demasiado serio —comenta Ana—. Se alegraría de saber que por fin estás pensando en algo más que en el trabajo.
—No soy tan serio.
Martín suelta una carcajada.
—Lorenzo, la última vez que te vimos sonreír fue cuando rompiste una de tus corbatas favoritas.
—La corbata era horrible.
Los tres nos reímos.